Sociedad
23-05-2018
El Panadero, un capo en problemas
La Cámara Penal acaba de confirmar 11 años de cárcel contra Diego Ochoa por instigar el crimen de su antecesor en el paravalanchas leproso, Roberto “Pimpi” Caminos. Un mes atrás amplió la indagatoria por los ataques contra su ex ladero Maximiliano “Quemadito” Rodríguez y arrimó evidencia que, a su entender, ubican el móvil de estas agresiones como narco. Para la Justicia, todo fue una pelea en el seno de la barra brava
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Alberto Carpintero

La batalla legal que el ex capo del paravalanchas de Newell’s Diego “Panadero” Ochoa sostiene desde agosto de 2013, cuando fue detenido por cuatro ataques armados, acaba de depararle una nueva derrota: la Cámara Penal le confirmó 11 años de cárcel por instigar el crimen de su antecesor, Roberto “Pimpi” Caminos, ultimado en marzo de 2010 en la zona oeste, poco más de un año después de haber perdido la conducción de la barra a manos del hombre de barrio Alvear. Las comunicaciones con el tirador y los dichos de algunos de sus ex laderos determinaron su suerte. El expediente que lo involucra en los ataques contra Maximiliano “Quemadito” Rodríguez, quien terminó asesinado en febrero de 2013, está a punto de elevarse a juicio. Un mes atrás, en una ampliación de indagatoria, Ochoa presentó evidencia que a su entender lo desliga al ubicar que estas últimas agresiones tuvieron un móvil narco y no, como sostiene la Justicia, la pelea por el control de la pesada rojinegra.

La historia de traiciones y venganzas en el seno de la barra que mantiene al Panadero tras las rejas comenzó a gestarse en las mesas de la disco Costello, en Rivadavia al 2400. Allí, el jefe de la pesada leprosa solía reunirse con Carlos Godoy, alias Betito, y René Ungaro, apodado Rana, ambos luego condenados como autores materiales del homicidio de Roberto Caminos, el Pimpi, quien había perdido a manos del Panadero el control de la barra con la caída en las elecciones de Newell’s de Eduardo J. López en diciembre de 2008. Y también con Cachorra, Jonatan Creciente, quien fue condenado por el ataque a balazos contra Matías Pera. Por entonces, a la hora de la conspiración, tanto Pera como Maxiliano Rodríguez, el Quemadito, aún eran algunos de los principales laderos de Ochoa en la barra, lo que se rompió con el famoso episodio de la entangada en septiembre de 2010.

El crimen de Ezeiza

Según quedó en evidencia en el juicio por el crimen de Caminos, asesinado de cinco balazos el 19 de marzo de 2010 en la puerta del bar Ezeiza, en Servando Bayo al 1400, René mantenía viejos pleitos barriales con Pimpi, que habían incluido ataques a tiros e incluso muertes, como la de Marcelo Coria, alias Vampirín, un pibe del barrio Municipal que era casi un ahijado de Caminos y que fue ultimado en septiembre de 2007. Tiempo después, en julio de 2009, Alexander Acosta, un adolescente conocido como Triple Seis y cercano al ex líder de la barra corrió la misma suerte. Antes del homicidio de Coria, a mediados de 2007, se había producido un cruce entre Pimpi y Rana –hoy sindicado como el líder de una asociación ilícita en asociación con el clan Funes– en el céntrico cantobar Tokio, tras el cual Caminos terminó con dos tiros en el abdomen, una herida que lo tuvo a maltraer hasta su muerte.

Por el crimen de Caminos fueron condenados Betito y Rana, ambos con 11 años de prisión. El nombre del Panadero sobrevoló la pesquisa, durante la cual le tomaron declaración informativa: existieron varios contactos telefónicos entre Betito y el Panadero momentos después del crimen. Además, se comprobó que el teléfono de Betito estaba a nombre de Ochoa, quien dijo habérselo dado a Marisol, hermana de Godoy, ya que había mantenido una relación con ella. Tras ese juicio, el Panadero continuó manteniendo contacto con Godoy, al que incluso le pagaba una especie de sueldo, lo que quedó en evidencia cuando el propio Ochoa fue juzgado como instigador del crimen de Pimpi.

En febrero de 2017, al final del debate oral, el Panadero fue condenado por unanimidad por un tribunal a 11 años de prisión. Ahora, este lunes, la Cámara Penal, integrada por Alfredo Ivaldi Artacho, Carolina Hernández y Bibiana Alonso, rechazó la apelación de la sentencia y ratificó el fallo por un monto que acumuló una pena previa por tenencia ilegal de arma de guerra y se unificó en 13 años y cuatro meses.

"En este tipo de organizaciones, cada miembro o integrante cumple un rol. Existía un líder y luego distintos estamentos dentro de la organización jerárquica (grupo de choque y de fuego), todos bajo el innegable liderazgo y jefatura del acusado, que aparecía como ineludible referente en la relación con la dirigencia. No resulta forzado sostener la directa influencia que proyectaba sobre sus integrantes al grado de poder determinar acciones y conductas como la aquí juzgada, respecto de los miembros de la organización, en especial, aquellos más jóvenes y más fácilmente influenciables; en el caso en tratamiento fue lo ocurrido con Beto Godoy”, fundamentó el tribunal.

La ejecución del Quemadito


Además de acusarlo como instigador del crimen de Pimpi, el juez Javier Beltramone procesó al Panadero como determinador de otros tres ataques: el que mandó al hospital en noviembre de 2010 a Pera –quien por estos días sigue preso como autor de una agresión armada contra el frente de un boliche–, y dos balaceras en una semana sobre el Quemadito, la segunda fatal, en febrero de 2013.

Pera y el Quemadito habían consumado dentro del estadio y durante un partido un ataque sobre su ex jefe que los conocedores del mundo del hampa describieron como instigado por el clan Cantero, que lidera la banda de los Monos y que entonces pretendía desalojar al Panadero del paravalanchas. La humillación del desalojo, sumado a que Ochoa quedó en paños menores y la imagen fue registrada en las cámaras de seguridad del estadio, son el móvil de las imputaciones por la balacera que hirió a Rodríguez una semana antes de su asesinato, y el crimen propiamente dicho de Maxi. Y también del ataque a balazos sobre Pera, cuyo testimonio en el juicio por el crimen de Pimpi incriminó a Ochoa.

En octubre de 2016 la jueza de Sentencia María Isabel Más Varela condenó a Héctor David "Porteño" Rodríguez a 16 años y medio de cárcel como autor del disparo que mató a Rodríguez; a Sergio "Chuno" Acosta a 14 años y 6 meses como cómplice primario (por conducir la moto en la que huyeron); a Marcelo Romano a 13 años (acusado de entregar a la víctima), y a Walter "Walo" Acosta a 6 años y medio por distraer a la víctima y a su novia, Sofía Lafattigue, al momento del disparo, en la esquina de Pellegrini y Corrientes, a pocos metros de donde vivía la pareja. El fallo fue luego confirmado por la Cámara.

El mes pasado el Panadero hizo un pedido de ampliación de indagatoria por los ataques al Quemadito y habló de una maniobra para acusarlo, fogoneada por la banda de Los Monos, y que el propio padre de la víctima, Sergio “Quemado” Rodríguez –condenado por el triple crimen de Villa Moreno y quien sostuvo que Ochoa había dicho tras el asesinato de Pimpi que se había sacado un fantasma de encima– decidió apuntar contra él cuando sabía que el móvil de las agresiones sobre su hijo había sido narco, y no la pelea por la barra, tal como establece la hipótesis oficial. La semana pasada, el Quemado volvió a declarar en el expediente, aunque no trascendió cuál fue el tenor de sus dichos.


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