Economía
16-05-2018
Miradas sobre una crisis política
Economistas y analistas políticos de Rosario y Buenos Aires coinciden en que la crisis que llevó al gobierno nacional a volver a negociar con el FMI es en última instancia política. Las opiniones de Ricardo Rouvier, Diego Añaños, Lucio Guberman, el sindicalista Carlos Ghioldi, Juan Pascual y Federico Fiscella.
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Redacción | Cruz del Sur


Dos domingos atrás, antes de que se supiera que el gobierno argentino recurriría una vez más al FMI después de una corrida bancaria que se llevó el 10 por ciento de las reservas del Banco Central –que, como expresó en una entrevista publicada en este medio Jorge Murillo, no son de libre disponibilidad, ya que en gran parte son prestadas–, el politólogo argentino Andrés Malamud decía a los periodistas del programa “El Círculo Rojo” (que emite una radio porteña) que esta “es lejos la peor crisis de este gobierno y aún no está resuelta. Es una manifestación más de una enfermedad crónica de la Argentina: gastar más de lo que se produce, sale más plata de la que entra. Hay un contexto internacional que es fundamental, pero hay causas domésticas que son más políticas que económicas, como el ‘ruido’: tiene que ver con la incapacidad que tiene el gobierno para mostrarle a los inversores que puede pasar leyes. Los inversores saben que una democracia se maneja con congresos, y ahí se manejan con mayorías o con acuerdos. Este gobierno no tiene mayorías, necesita lograr acuerdos. Hay dos maneras: un acuerdo amplio, tipo pacto de la Moncloa, o acuerdos puntuales, que requieren muñeca. En Argentina el gobierno decidió no hacer un acuerdo grande, decidió muñequear y en este momento está maltratando a sus negociadores, a Emilio Monzó (presidente de la cámara de Diputados). Ese fue un elemento que generó desconfianza”.

 

Desde Cruz del Sur consultamos a algunos especialistas con tres preguntas sobre la crisis actual que llevó a una devaluación de un 25% (los sueldos que en 2015 equivalían a 1.500 dólares hoy no llegan a los 900): ¿Cree que la crisis que llevó a la corrida del dólar y, luego al FMI, es económica antes que política o al revés? ¿Cómo cree que impactarán en la provincia las exigencias que hará el FMI al gobierno nacional?, y ¿Cómo evalúa la reacción del gobernador Lifschitz ante la repercusión que tuvo esta crisis?

 


Ricardo Rouvier, consultor político, Buenos Aires:

 

—Considero que la composición de la crisis que estamos atravesando tiene un componente económico y uno político. No se puede negar que no es una crisis artificial, sino una de mercado, en términos reales. La Argentina vuelve a repetir una vez más el problema de la escasez de dólares. Ahora, sin dudas que la crisis es en última instancia política que requiere de una respuesta política y no meramente técnica. Pero están los dos elementos en la crisis.

 

—El impacto de la crisis va a ser negativo para todos, también para las provincias, donde habrá recortes de obras destinados a bajar el gasto público. Es indudable que parte de la crisis se va a trasladar a todas las provincias y, sobre todos, a los sectores de menores recursos que se van a ver afectados por el impacto de la inflación. Los más pobres y la clase media, una vez más, van a tener que hacerse cargo de esta crisis.

 

—Creo que hace unos días (Miguel) Lifschitz hizo declaraciones que comparto totalmente, dijo que esta es una crisis de carácter económico-financiero y sin duda requiere no sólo de una respuesta técnica sino política, que es lo que está faltando. Lo que falta todavía, con respecto al gobierno, en un país presidencialista, donde el poder ejecutivo es una sola persona, es una respuesta más política de la que hubo hasta ahora. En ese sentido se siente un vacío, una falta de conducción y dirección del estado nacional. Hoy han salido varias figuras importantes, como el presidente de la Fiat (Cristiano Rattazzi, quien fuera fiscal de Cambiemos en las últimas elecciones), el mismo FMI, tirando cifras de a cuánto debe estar el dólar. 26, dice uno, 27, el otro. Bueno, eso es un caos. Esas opiniones del presidente de Fiat, entre otros, van a incidir sobre los mercados.

 

 

Diego Añaños, politólogo, especializado en Economía (UNR):

 

—La crisis, como cualquier fenómeno social, colectivo, tiene un conjunto de posibles causas. Tiene causas externas (los cambios con respecto a la tasa de referencia de la Reserva Federal de EEUU, la reversión de flujos globales hacia esa economía, lo que se llamaba el flight to quality, la búsqueda de seguridad de las colocaciones financieras en momentos de turbulencias, etcétera), algunas causas internas, que uno podría vincular a la percepción de algunos agentes económicos de que la cosa se complicaba, con información calificada, la imposición sobre la renta financiera de los tenedores de Lebacs extranjeros, en fin hay varias razones que se nombran como lo que podríamos llamar razones de corto plazo. Hay algunas razones de mediano plazo que tienen que ver con las políticas que se viene llevando adelante el gobierno que, entre otras cosas ofreció la posibilidad de comprar dólares de manera discrecional por parte de cualquier agente sin ningún tipo de explicación, porque le garantizó tanto a los exportadores como a las empresas no liquidar reservas en el país y poder mantener sus ahorros en el exterior. Estas son razones de mediano plazo que tienen dos años y medio y están vinculadas con el gobierno de Mauricio Macri que también explican el fenómeno porque la razón de largo plazo dice que la Argentina no genera los dólares que se necesitan para desarrollarse. Por lo cual, sistemáticamente, si esa fábrica de dólares que tenemos que es nuestro comercio exterior, nuestra balanza comercial, se transforma en deficitaria y no generamos un mecanismo de respuesta (el mecanismo es claramente limitar la venta de dólares para uso indiscriminado), vamos a tener siempre problemas porque los dólares tienden a faltar en la economía argentina. Son razones de corto, mediano y largo plazo.

 

—Eso depende de cómo sea el modo en que el FMI haga la estimación del déficit que le va a reclamar bajar al estado nacional. Si sólo va a incluir el déficit primario, el resultado sobre las provincias va a ser básicamente sobre el nivel de actividad: como va a haber acciones que van a tender a ralentizar el crecimiento de la economía o a frenarlo, las provincias lo van a sentir dentro de su recaudación impositiva, por otro lado uno supone que el pago de la deuda histórica se va a frenar o se va a hacer a través de mecanismos más complicados y extendidos en el tiempo y ese puede ser el efecto indirecto. Ahora, si dentro de la estimación del déficit a bajar se agrega el financiero, que es el primario más el derivado del pago de los servicios de la deuda, y se le agrega el déficit de las provincias, ahí seguramente las complicaciones van a ser muy grandes porque se van a exigir recortes en el gasto del estado a las provincias, lo que va a complicar a cada uno de los gobernadores.

 

—La reacción, por ahora, de Lifschitz, sólo se limita a algunas declaraciones, que en todo caso uno podría analizar que llegan tarde, porque esto mismo que dice hoy Lifschitz podría haberlo dicho hace dos años y medio. Estoy convencido de que el gobernador es un atento e inteligente lector de la realidad nacional y un buen conocedor de la historia económica y política argentina y sabía perfectamente desde el día que Macri tomó las primeras medidas hacia dónde avanzaba. También reconozco que la posición de los que hacemos análisis sentados en el living de casa es distinta de la del gobernador, quien se tiene que sentar todos los días a negociar con el gabinete de ministros y el presidente. Ahí Lifschitz tiene algún grado de restricción con respecto a las declaraciones que hace. Pero creo que llegan tarde porque hay algunas cosas que uno le escuchó decir a su ex ministro de Producción (Luis Contigiani, hoy diputado nacional) hace mucho tiempo.

 


Lucio Guberman, consultor político, Rosario:


—Es una crisis que comienza por una apuesta económica del gobierno que no tiene resultado positivo, es decir, lo que el gobierno supuso que eran las condiciones para que vengan los capitales, pero sin ningún tipo de restricción ni solicitud de inversión en la economía real, lo cual les da la misma facilidad de entrada que de salida y esa mala apuesta de política económica termina poniendo al gobierno en una crisis política.

 

—El impacto en la provincia va a tener mucho que ver con el impacto que tengan estas medidas en la nación. En particular la provincia y Rosario y su región han sido siempre muy susceptibles a los vaivenes del modelo económico nacional, es un sector complejo, porque tiene industria, sector exportador, logística, tiene mucho que ver con las altas y las bajas de la economía nacional. El impacto va a estar directamente relacionado con la marcha de la economía nacional.

 

—La reacción de Lifschitz es tibia, y hasta ahora la tibieza, con el gobierno nacional, ha llevado a que le bicicleteen la deuda histórica a la provincia, por más que tiene fallo favorable de la Corte Suprema, los 50 mil millones de pesos no aparecen, se negoció la firma del pacto fiscal y esto no se arregla, el pacto fiscal se va cumpliendo de hecho y,a l final de cuentas, la idea esta de que si son flexibles con el FMI pueden ser flexibles con Santa Fe es una contradicción en sus propios términos. Parece que el gobernador todavía está pensando si le conviene apretar al gobierno o, si lo hace, se va a quedar sin nada porque el gobierno no está en la mejor situación para cumplir con nadie que se lo reclame con urgencia. Me parece que cuando sale a hacer declaraciones deja en claro la indefinición estratégica con respecto a qué hacer con esta vuelta al FMI. Fue duro cuando dijo que cuando escuchamos hablar del FMI se nos eriza la piel pero enseguida bajó un cambio.

 


Carlos Ghioldi dirigente gremial mercantil, Rosario:

 

—Más que una crisis, esto es producto de una desaforada acumulación y transferencia de ingresos en los bolsillos de un puñado de capitalistas especuladores que genera, a su vez, una situación incómoda en el elenco gobernante. Pero esto no quiere decir que no estén articulando una política con la cual hemos sido robados la mayoría de los trabajadores y los sectores populares para beneficiar a un grupo de especuladores financieros y un puñado de empresarios amigos del elenco gobernante. En la negociación con el FMI los intermediarios tendrán enormes comisiones, lo que llama a la sospecha de que esta situación puede haber sido generada para beneficio de estos intermediarios. Es decir, esta es una vuelta de tuerca para un plan económico que desde el primer momento se configuró con una enorme concentración de riqueza y capitales en los sectores más concentrados de la economía y un enorme robo y saqueo a los sectores populares.

 

—Las exigencias del FMI no son nuevas, son de público conocimiento. En la provincia se sentirán las consecuencias con un ajuste en caja de jubilaciones, despido de trabajadores públicos, achique en lo que ellos llaman gasto en educación y salud pública. Y también se achicarán los montos de coparticipación y las partidas de obras públicas. Las consecuencias que hace el FMI serán, como siempre, nocivas para el pueblo trabajador y para todas las provincias del país.

 

—Es cierto eso que dijo el gobernador, de que “se nos eriza la piel” porque nada bueno puede venir en relación a las políticas del FMI. Eso es realmente así. Sería importante que todos los sectores que vemos la gravedad de este asunto coordinemos acciones, movilizaciones y diversas medidas para impedir este nuevo despojo que se está por consumar.

 


Juan Pascual, periodista económico (Pausa.com.ar, Santa Fe):


—Toda crisis económica en el fondo es la expresión de una crisis política o de una serie de decisiones políticas que tomó el gobierno. Si bien esto lleva a la población a una suerte de zozobra, todos los pasos que dio el gobierno llevaban a una situación de crisis terminal en términos financieros o a la salida del FMI. Desde que asumió el gobierno (nacional) transformó un modelo incipiente de desarrollo industrial diversificado, que se refleja en las estadísticas más duras por una ampliación del poder del capital financiero. Ahora todos se asombran porque las Lebacs tienen el mismo tamaño que la base monetaria y que las reservas. Desde mediados del año pasado que es así, eso quiere decir que las reservas son un humo. Esto descontando todo el dinero que ya se pagó en intereses de Lebacs que son 400 mil millones de pesos, que no sirvió de nada. No es difícil evaluar que al final de la gestión de Cambiemos el peso se haya devaluado tanto como en toda la gestión kirchnerista: en esa gestión, en 12 años, el dólar pasó de 3 a 9 pesos, es decir que se multiplicó por 3. Y desde el inicio de la gestión de Cambiemos hasta ahora fue de 9 a 25 pesos; en cuatro años vamos a tener una devaluación equivalente a la de doce.

 

—La provincia se tiene que olvidar de que va a cobrar durante los próximos dos años la deuda que tiene por coparticipación. Ya desde antes del acuerdo con el FMI es patente el recorte de la obra pública. Y parte de los puntos de acuerdo para que el FMI otorgue un crédito, aparte de facilitar despidos masivos y recortes del estado nacional –tal como sucedió en la segunda mitad de la década del 90–, solicita a los gritos el recorte de gastos en las provincias, y como éstas tienen un fuerte financiamiento del estado nacional, si se resiste a eso la Nación va a recortar.

 

—Creo que las dos reacciones de Lifschitz fueron positivas ante el anuncio de volver al FMI. Hay que recordar que el gobierno provincial ya acudió al pacto fiscal, dio una muestra de buena voluntad y aún así la Nación está en deuda. Ahora fue a la mesa de diálogo y la posición del gobernador fue correcta: volver al FMI es una muy mala noticia que va a agravar las desigualdades y generar mayores dificultades con los empleos y los salarios públicos, que son grandes dinamizadores de la economía.

 


Federico Fiscella, economista especializado en Finanzas:

 

—La crisis no es un fenómeno económico puro, no es una sequía, algo cuyo origen genera un efecto positivo o negativo y no se puede adjudicar a nadie. Lo que está pasando es un error de política económica, del dibujo previo que se plantea y cuando se lleva a cabo no se logran los objetivos y entonces hay que correr a buscar la asistencia de alguien, en este caso el FMI. Lo primero fue la liberación del mercado cambiario sin ningún tipo de restricciones para compra de moneda: turismo, gira de remesas, incluso el blanqueo de capitales, que permitía blanquear sin ingresar los dólares o permitir a los productores de soja que pueden dejar esos dólares afuera. Bajo ese criterio el gobierno no tiene el más mínimo control del mercado de dólares, no puede controlar montos de venta ni adquirir dólares genuinos del campo porque si quiere, el campo no se los liquida nunca y tiene que recurrir a la deuda y cuando se acaba la de los bancos queda el FMI. Si tenían el poder político, ¿cuál es el apuro en liberar el mercado cambiario como si fuera algo religioso? Evidentemente es medio así. Lo segundo es la conferencia de prensa del 28 de diciembre donde hubo una interna política entre funcionarios: unos que querían dinamizar la economía y otros que advertían: ojo con la inflación y con el dólar, ese era Sturzenegger y, por otro lado, Marcos Peña, que terminó prosperando: bajar la tasa de interés del 26 al 20 y, a la vez, empezar a subir tarifas brutalmente como hicieron sin que eso suponga que la inflación se dispare. No sucedió eso. Ni bien empezaron a bajar la tasa se empezó a disparar la inflación, junto con el tarifazo, el dólar quedó quieto un rato y de pronto empezó a dispararse. Hubo un error de política económica, lo que se planteó de fondo, liberar el mercado cambiario a los importadores, a las empresas para que giren utilidades, a los turistas, hasta los que blanqueaban o los sojeros, todo eso forma la vulnerabilidad de marco que tiene Argentina. Y explotó en las últimas semanas forzada por la decisión de Marcos Peña, es una decisión de política económica. Es lo que plantearon algunas calificadoras de riesgo sobre la Argentina y su vulnerabilidad a los episodios internacionales.

 

—La relación de provincia y Nación en torno a lo presupuestario ha sido de mala a peor. No sólo Nación no le liquida la deuda, tampoco grandes obras ni le permite endeudarse. La relación, en lo económico financiero ha sido perjudicial para Santa Fe en todo sentido. Lo que se terminó develando es que Argentina accedió a un préstamo (del FMI) del tipo Stand By, el mismo que el de los 90, que nos va a someter a auditorías trimestrales, a un ajuste más auditado por el Fondo, que va a tener que cumplirse sí o sí, porque los desembolsos de plata van a estar latentes en tanto Argentina cumpla una planilla de cálculo que hay que mostrar cada tres meses. Para Santa Fe va a traer una situación más incómoda, porque la orden directa del FMI es ir sobre el gasto, fundamentalmente sobre jubilaciones y el intento de una reforma laboral. El Fondo es eso.

 

—La reacción de Lifschitz: lo vi muy cambiado, lo amistoso que había sido en el reclamo político para obtener tan pocos beneficios en términos económicos me parece que llegó a un límite. Creo que podría haber llegado antes, me parece que ya era motivo suficiente el no pago de la deuda de coparticipación. Escuché un Lifschitz mucho más encendido, más cercano a (Luis) Contigiani, más críticos del modelo nacional, un giro de 180 grados; tarde pero creo que se da cuenta que la posición amistosa con el gobierno nacional termina perjudicándolo a él y su provincia.

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