Economía
16-05-2018
Tiempo de invertir en cosas y no especular
El analista económico y de mercados Salvador Distefano analiza la crisis actual, vaticina un escenario inflacionario y aconseja a los empresarios y comerciantes que inviertan en mercadería para cubrirse de los aumentos que vienen. “De esta crisis, como de tantas otras, vamos a salir. Hay que ser optimista y darle para adelante”, asegura.

 

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Sebastián Stampella | Cruz del Sur

 

Cuando el analista económico y de mercados Salvador Distefano dialoga con Cruz del Sur, el dólar volvía a dispararse y marcaba un nuevo récord pese a la inyección de dinero del Banco Central a 24 horas del vencimiento de las Lebac. “De esta crisis, como de tantas otras, vamos a salir. Hay que ser optimista y darle para adelante”, dice con una confianza que contrasta con el clima de tensión que domina la calle. Vaticina un escenario inflacionario y aconseja a los empresarios y comerciantes que inviertan en mercadería para cubrirse de los futuros aumentos. Distefano asegura que había advertido a sus clientes sobre esta crisis y reconoce que la esperaba para julio. “Esta es una crisis grande porque va a tener implicancias muy severas de cara a los próximos seis meses”, afirma.

 

—¿Cómo es aconsejar a inversores con un escenario económico tan cambiante como el de estos días?

 

—Trabajamos como siempre pero de repente estamos informando más en el día a día por los cambios que se van dando en el mercado. Nuestros clientes ya estaban advertidos de que esto podía llegar a ocurrir, sabíamos que esta crisis iba a llegar. Lo esperábamos para julio pero se adelantó y ahora estamos tratando de ver qué pasa. Creemos que el gobierno lo va a terminar resolviendo porque tiene herramientas. Lo que nos preocupa es que éste es un tema que se ha transformado en político y ahí el gobierno no está dando en la tecla. Tiene un origen político porque el Gobierno gana las elecciones y tiene un máximo poder, y luego entró en un relajamiento que le costó aprobar la ley previsional en diciembre, hizo un  cambio en la meta de inflación dejando muy desautorizado ante el mercado al presidente del Banco Central, durante tres meses cerró el Congreso, haciendo que la oposición se uniera, tuvo un enfrentamiento dentro de la coalición Cambiemos con los radicales, y por encima de todo esto sacó un impuesto a la renta financiera que invitó a los inversores extranjeros que se fueran de Argentina. Por lo tanto, la mayor parte se trata de errores propios. Se especuló en un momento con que el contexto internacional era desfavorable, pero hoy el contexto internacional básicamente no le está jugando una mala pasada. Los mercados de los países vecinos no se derrumbaron.

 

—¿Y cómo llegaste a prever este presente? ¿Qué datos tomaste en cuenta?

 

—Nuestro diagnóstico –y eso se puede ver en las charlas que damos a los empresarios–, es que este es un gobierno de transición, y que por lo tanto, toda transición, tiene mini-crisis. Tuvo una antes de las elecciones del año pasado, otra en el verano. Se repite cada 6 meses. El gobierno pasa por esto porque tiene un gran déficit fiscal, tiene un gran déficit de cuenta corriente (el flujo de dólares que sale es muy grande), y fundamentalmente no hay inversión. Esta es una crisis grande porque va a tener implicancias muy severas de cara a los próximos seis meses.

 

—¿Y qué pronostico hacés a corto y mediano plazo? ¿Qué estás aconsejando a los inversores y a los empresarios?

 

—Yo veo un escenario muy inflacionario. En nuestros artículos consta que siempre ubicamos a la inflación en el 24 por ciento anual. Si pronosticábamos eso antes de la crisis, hoy estamos con un pronóstico más alto. Antes de especular sobre a cuánto va a estar el dólar, le diría a la gente que si en los próximos seis meses hay un escenario inflacionario, que se llene de mercadería si es comerciante; que si es asalariado y tiene plata, no piense en dólares sino en comprar una moto, un auto, o cambiar las cubiertas, porque cuando las quiera renovar le van a salir más caras. La Argentina es el país de las cosas. Siempre que compraste alguna cosa la inflación te la revalorizó y ganaste dinero. Siempre recomiendo que traten de hacer cosas. Yo estoy por el hacer y no por el especular, por el producir y no por financiar a otros. En la época de Cristina nosotros aconsejábamos que saquen créditos y compren mercadería. Y a la gente que nos siguió le fue bárbaro. Hoy seguimos diciendo lo mismo. A los empresarios les recomendaría que no se dejen robar el largo plazo, que piensen en su empresa y que le pongan pasión. De esta crisis, como de tantas otras, vamos a salir. Hay que ser optimista, darle para adelante y producir más.

 

—¿Cómo definirías el perfil del inversor rosarino?

 

—No diría que exista un perfil rosarino específico sino un tipo de inversor que es el mismo en todo el país. Lamentablemente los argentinos transcurren su vida con pesos para poder andar por el país pero terminan ahorrando en dólares. El que tiene ingresos escasos y ahorra algo, lo hace en dólares en su casa. Si tiene altos ingresos los lleva afuera. Pero en ningún caso la gente quiere ahorrar en pesos, no lo hacen por más que se lo pidan. Ese es un patrón de comportamiento que tiene que ver con un historial que fue generando eso de buscar un refugio en esa moneda. El que acumula muchos dólares ya piensa en comprar una propiedad, porque eso le genera tranquilidad. Al rosarino lo deja dormir tranquilo el invertir en dólares y en propiedades. Son las dos cosas que más buscan los inversores. Después, en menor medida, pueden tener un bono en dólares, una Lebac, o un fondo común de inversión en un banco. También están los que, por su actividad, guardan mucha mercadería, se stockean. Cuando se estigmatiza al hombre de campo como amarrete que acumula y guarda soja, hay que tener en cuenta que el que trabaja con madera guarda madera y que el que lo hace con alimento guarda alimento. Son patrones de comportamiento que se repiten en todos los sectores. Otro rasgo es que la gente siempre está mal y siempre se queja de que le faltan cosas. Es raro encontrarse con gente que dice “voy a invertir para ir para adelante”, lo más común es decir “vamos a estar mal”. Los argentinos tenemos que  repensar nuestro patrón de comportamiento y decir cómo nos va. A mí personalmente me va bien, cada vez tengo más clientes y doy más charlas. Trabajo mucho muy ligado a las actividades productivas y financieras, y a todos doy una mano para que inviertan y agranden  su negocio, y no para que especulen.

 

—¿Y la producción? Este modelo no alienta a invertir en producción, lo que aparece como un obstáculo para generar más empleo. Muchas pymes están cerrando o despidiendo trabajadores…

 

—Todo depende de la capacidad de gestión y la plata que se tenga. Todo debe ser a escala. Nuestra consultora ahora tuvo que ir a escala nacional porque si nos hubiéramos quedado sólo con Rosario estaríamos fundidos. Nosotros estamos yendo a Córdoba, a Santa fe, a Paraná, a Tucumán o a Buenos Aires. Poner restaurant con 10 mesas no será exitoso. Por eso hay que hacerlo con 100. Y si no te da la plata para hacerlo, hay que buscar alternativas. Por ejemplo, vender fiestas los fines de semana, viandas los mediodías, algo para sostener ese negocio. Creo que todo negocio es viable, pero tenemos que poner mucho tiempo, mucha gestión, mucha administración y mucha plata para llevarlo a escala. En cada trabajo hay que poner permanentemente la cabeza. Si no podés solo, asociate o sacá un crédito. Y sino, trabajá la mayor parte del día sin descanso, como hago yo. De otra forma es muy difícil mantener un negocio.

 

—¿Por qué te desvinculaste de la Fundación Libertad? ¿Te diferenciás del pensamiento ultra liberal que tiene ellos?

 

—Yo trabajé muchos años ahí y guardo el mejor de los recuerdos. Hace diez años ellos siguieron por un camino y yo por el otro. Cada uno por su lado. Evidentemente, a mí me va bien porque aprendí cosas de ahí, pero ahora otro punto de vista en la economía real. Yo hoy escribo tres editoriales semanales gratis por semana donde la gente puede acceder a la página y me puede consultar sin que yo le cobre nada. Fijo posición tres veces por semana. Me puedo equivocar, como todos. Los domingos escribo para La Capital. No soy una persona que mezquino opinión, yo la pongo. El que lea esas cosas sabrá discernir si pensamos igual o no. Que cualquiera haga la comparación sobre qué hace uno, que hace otro, como sanos competidores.  Al pasado no se vuelve, mejor hablemos del futuro.

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