Economía
09-05-2018
El déficit político
"Este gobierno nos quiere insertar en un mundo que dejó de existir hace años", dijo el economista Sergio Arelovich, docente de la UNR y un destacado asesor en temas económicos, aun antes de que el presidente Mauricio Macri anunciara que la Argentina volvería al Fondo Monetario Internacional (FMI).
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Pablo Makovsky

El martes a la mañana, cuando conversamos con el economista Sergio Arelovich, docente de la UNR y un destacado asesor en temas económicos, el presidente Mauricio Macri no había anunciado aún que la Argentina volvería al Fondo Monetario Internacional (FMI), que fue el acto final de una semana que, aunque corta, mostró el eterno retorno a políticas que nunca llevaron a buen puerto a ningún país.

—Decías que planes como el del gobierno actual resultaron con anterioridad porque hubo dónde insertarse en el mundo y ese no sería el caso esta vez.

—Si uno mira retrospectivamente en el mediano plazo, desde la dictadura a la fecha, hubo tres momentos en especial en los que lo que ocurrió en la economía fue un proceso de transferencia gigantesco –en la actualidad esa transferencia tiene dimensiones más complejas que en otras épocas–; las transferencias son del trabajo al capital, han sido del estado nacional a los exportadores (reduciéndoles los derechos de exportación), del capital productivo al especulativo, de todas las provincias argentinas a la ciudad y la provincia de Buenos Aires, la primera, por la modificación de porcentajes de coparticipación en diciembre del 2015 y la segunda como consecuencia de la reforma previsional, que le afana a los jubilados y le transfiere a provincia de Buenos Aires; después hay una transferencia de la mayoría de los hogares y las empresas a todas las empresas que están en el sector energético, y del capital local al extranjero. Este complejo de transferencia no es novedoso en Argentina, lo novedoso en esta ocasión es la magnitud y la multidiminesionalidad de la transferencia. En general lo que hubo en el pasado –y acá uno presume que podría ocurrir igual– es que este proceso de transferencia fue como un proceso de acumulación originaria del capital –cito a Marx– para después asentar un proceso de relativa estabilidad en función de la economía: pasó en el primer año de la dictadura y a partir de junio del 77 empezó el plan económico que duró hasta 1981 cuando estalló la tablita; pasó durante el menemismo los dos primeros años (con hiperinflación, plan Bonex) y arrancó en el 91 con la ley de Convertibilidad. Señalo que en el caso de la dictadura, nos insertó, o nos ensartó en una división internacional de trabajo que estaba asociada con el auge de la financiarización. En los 90, nos insertaron en otro estilo de división de trabajo que fue la apertura, privatización, desregulación, el Consenso de Washington de la mano de lo que fue la Caída del Muro de Berlín en el 89 y la implosión soviética a partir del 91. Y ese modelo se sostuvo con cierta estabilidad hasta el 98 y recién estalló en el 2001. Pero en esta ocasión lo que no queda claro es hacia dónde nos llevan, porque la promesa discursiva es que nos quieren insertar, o ensartar, en un mundo que dejó de existir hace muchos años, y esto no me parece menor, porque la pregunta es cuál es el plan que tiene este gobierno, y mucho más allá de la transferencia no se ve: no mido el plan por lo que dicen, sino por los efectos. Y para qué es esa enorme transferencia de riquezas, porque en algún punto tiene que empezar la estabilidad, pero no la veo de ninguna manera, que es una estabilidad que necesita el gobierno para poder gobernar.

—¿Y qué significa el aumento de las tasas? ¿Cómo afectan por ejemplo a quienes usan la tarjeta de crédito?

—En realidad, como la desregulación que practicó el gobierno de Macri con respecto de las tasas máximas es una novedad que antes no existía, cada entidad cobra lo que se le canta. Si vos financiás tu consumo con tarjeta de crédito pagás una tasa que está muy por encima de la inflación, muy por encima de las tasas que se pagan por préstamos y ninguna tarjeta bajó del 38, 39% y llegó a haber tasas de financiación del 74% anual. Entonces, si financiás a una tasa superior a la que se ajusta tu ingreso, y encima consumís cosas que no son diferibles ni pagables en cuotas, porque son consumos que se repiten mes a mes está claro que en algún momento no vas a poder pagar. Hay algo que surge de los balances consolidados que publica el banco Central en los que se nota un incremento de los saldos de los préstamos personales, sobre todo en tarjetas de crédito: el incremento como consecuencia de los saldos impagos, hay un crecimiento de los saldos a cobrar del sistema financiero que es una muestra clara de la mora, aunque sea una mora debida a que pagás una parte y la otra la tirás para adelante. El día que no puedas pagar la mora se va a cristalizar.

—Esta cantinela del déficit fiscal, ¿es uno de las leyendas del neoliberalismo o es realmente un problema?

—Habría que separar planos, por un lado están las cuentas del estado –el nacional, los provinciales y municipales–, ¿por qué el reclamo del neoliberalismo? El déficit es cubierto con emisión de moneda por parte del Central, no se trata sólo de emitir billetes, tiene distintas formas, tomar deuda es lo mismo porque te genera compromisos a futuro. Ahora, en sentido contrario a lo que plantea el pensamiento neoliberal, en caso de tener superávit, cuando se recauda más de lo que se gasta, ¿ a dónde va a parar ese exceso? Al sistema bancario, con lo cual estarías imponiendo un ahorro forzoso al conjunto de la sociedad que dispone el sistema financiero, y éste termina colocándolo donde se le canta. Así, la noción de superávit es una estupidez en relación a las cuentas públicas. No quiere decir que tengamos que aplaudir el déficit, no se trata de una cuestión cuantitativa sino cualitativa. Si tenés déficit porque gastás en cenas caras para recibir a Christine Lagarde es una cosa, ahora, si lo destinás a financiar la obra pública, a crear empleo, a proteger a los sectores vulnerables está claro que es diferente. No se puede analizar desde un punto de vista sólo cuantitativo. Si generás déficit porque te jugás a construir viviendas o solucionás la generación de energía hidráulica, bienvenido el déficit. El déficit no existe, lo que existe es que a partir de desequilibrios entre ingresos y egresos el estado decide cubrirlo de alguna manera.

—O sea que al fin y al cabo es una cuestión política.


—Totalmente. Mirá, EEUU desde 1973 ininterrumpidamente tiene en el plano externo, no en el fiscal, déficit. Significa que compra más de lo que vende al mundo. Gasta más de lo que recauda. Lo resuelve de una manera muy sencilla porque es el país que emite no sólo su moneda, sino la moneda mundial. Ahora, ¿qué es lo que generó como virtud este déficit que es doble: exterior y fiscal?: no sólo sostener la economía estadounidense, sino que a EEUU le sea posible comprar y, por tanto, reactivar un conjunto de economías del mundo que le pueden vender porque EEUU tiene el poder de dar vuelta la maquinita. China no hubiese podido exportarle si EEUU no hubiera podido cubrirlo. No es un problema en sí mismo el déficit, en todo caso tenés que discutir para qué, objetivos, etcétera.

—A propósito, escuchaba al politólogo Andrés Malamud que decía que la corrida de la semana pasada se debió a una falta de confianza en la política y ponía en el ojo de la tormenta el retiro de Emilio Monzó (legislador de Cambiemos al frente de la presidencia de Diputados), que es quien llevaba adelante las negociaciones de la gobernabilidad y ahora se aleja del cargo que tiene en el Congreso.


—Puede ser, me parece que alguna gente ya está tomando distancia porque tiene miedo a recibir un rebote cuando esto se pudra, si es que se pudre, aunque todo marcha en esos términos. Entonces no descarto que haya un desgranamiento importante en algunos apoyos. Incluso ya lo hay desde el punto de vista de la conducta de empresas. No importa lo que digan, sino lo que hacen: si aumentan los precios hay una toma de distancia de lo que pide el gobierno.

—Al fin y al cabo muchos problemas de la economía se reducen a la psicología: si hay o no confianza.

—No sé. Hay sí una cuestión cultural, pero es una cuestión política. Estamos así porque estos tipos nos han conducido a un callejón sin salida. Esto era evitable. Todo lo que estamos viviendo es sobre las acciones que encaró el propio gobierno. Esta teoría de libertad total no lo tendría que asociar con una cuestión filosófica solamente, sino porque estos tipos están furetemente asociados a la necesidad de negocios de corto plazo de los grupos que los rodean. Pienso: ¿por qué no hacen las cosas diferentes? Y, porque le deben pleitesía a su círculo íntimo de contacto. Nicolás Dujovne: ¿con quién se reúne, con quién cena, por qué ámbitos anda? Lo mismo Luis Caputo. ¿Los imaginás haciendo las cosas diferentes? Perderían el lugar que ocupan y además no podrían volver a esos lugares que ocuparon en lo privado si ahora rompen con esa ortodoxia que los condujo hasta ahora.

—Leía que desde 2016, sólo en intereses de la deuda, gastaron 377 mil millones de pesos, lo que equivale al presupuesto de la ciudad de Santa Fe durante 65 años.

—En 2016 la suma de intereses que pagó el estado nacional, sin contar el Banco Central, fue algo así como 220 mil millones de pesos. En el 2017 se duplicó y la proyección para 2018 señala unos 550-580 mil millones de pesos sólo de intereses de la deuda. Ahora, eso no incluye Banco Central, que coloca letras a corto plazo, las Lebacs. ¿Cuántos intereses hay repartidos desde que estos tipos manejan ese instrumento? No es que el gobierno anterior no haya manejado lebacs, pero hay una diferencia de magnitud. Si antes las lebacs ocupaban el 25% del dinero en circulación, el stock es entre el 35 y el 40% más del dinero en circulación, hay un problema ahí. Si mirás los intereses devengados por el conjunto de letras que se han emitido desde diciembre de 2015 en adelante llegamos a algo así como unos 500 mil millones de pesos que hay que sumar a lo otro: el dispendio y la remuneración gratuita que hay hacia el capital especulativo es gigantesco, provocado por las acciones de gobierno.

—De todos modos, todos coinciden en que lo que viene no es un estallido al modo del 2001.

—No, la situación en el mundo y la Argentina es otra. Ahora, la insustentabilidad de esto hace pensar algunas soluciones heterodoxas que el gobierno puede llegar a utilizar para zafar del lío que han generado. No descarto nada, no sería el corralito como lo vimos, sino una esterilización de parte de todos estos negocios que construyeron para que no jueguen en contra especulando contra el peso y el mercado cambiario. Algunas cosas ya hicieron, aunque sin mucho ruido. Por ejemplo, a las compañías de seguros se les prohibió comprar letras del Central para sacarlos como jugador y hay otro tipo de títulos a los que sólo pueden suscribir los bancos, entonces contralan la circulación de la especulación a determinados ámbitos.
 

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Viernes 19 de Octubre de 2018
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