Economía
04-05-2018
El rosarino que volvió del Banco Mundial
Jorge Murillo trabajó diez años en el organismo multilateral, recorrió el mundo y varias veces Latinoamérica. Observa "la letra chica" de la política y la economía nacional y ve cómo se repiten fórmulas (engendradas en el extranjero) para endeudar y dominar. Argentina no recurrió aún al fondo –dice–, y hacerlo traerá un alto costo político.
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Pablo Makovsky | Cruz del Sur

 

En 1976 Jorge Murillo se convirtió en funcionario del Banco Mundial (BM). Había trabajado en una asesoría para el ministerio de Economía de Santa Fe, que entonces gobernaba Carlos Sylvestre Begnis, en la que impulsaba el desarrollo de parques industriales. Lo cuenta así: “Había hecho un proyecto para la Asociación de Industriales Metalúrgicos de Rosario, que le presentaron entonces al gobernador Sylvestre Begnis (1973-1976) para hacer un parque industrial en Alvear. Y el gobernador, cuya filosofía política era el desarrollismo, se mostró muy interesado, pero después surgió que no podía ayudar a Rosario si a su vez no ayudaba a Santa Fe, Reconquista, Rafaela y Venado Tuerto, que eran los cinco polos industriales de la provincia. Después de eso me designaron asesor de la gobernación sobre parques industriales, porque había que conseguir financiamiento. Y comencé a viajar por América latina, México y Estados Unidos, para ver las experiencias y la figura de tipo administrativo que se necesitaban para llevar a cabo esos proyectos. Eso terminó con un curso para complejos industriales en Washington. Al final del curso volví, hicimos el proyecto de inversión con un equipo de acuerdo a la guía del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), lo presentamos y fue avanzando hasta que llegó al directorio. Yo estaba ese día en Washington, el embajador era Alejandro Orfila y el ministro de Economía, que estaba en ese momento en Washington por los préstamos, era (Alfredo) Gómez Morales. Y una de las carpetas que estaba por ser tratada en esa reunión era la de los parques industriales de Santa Fe. Ya estaba en un extremo de la mesa y en un momento veo que Gómez Morales retira la carpeta nuestra sigilosamente y se la entrega a un ayudante para que la guarde en su portafolios. ¿Qué había sucedido? Mientras se desarrollaba esa reunión en Washington, en los télex (en esa época no había internet) del BM salía que el vicegobernador de Santa Fe, Félix Cuello, estaba pidiendo la intervención a la provincia. Con semejante descalabro institucional Gómez Morales no consideró prudente presentar el proyecto.


Era fines del año 1975. En el 76 viene el golpe militar y entonces el ministro de Economía pasó a ser Alfredo Martínez de Hoz y todo lo que eran proyectos industriales los eliminó y los cambió por proyectos agrícolas. Y me fui a mi casa. Me retiré del gobierno de la provincia. Y a los quince días recibo un llamado de Washington del BM. Quien era representante del banco para proyectos argentinos, un señor alemán, me preguntó si no estaba más en el ministerio de Economía de Santa Fe. Le dije que no y le conté lo del golpe militar. Me preguntó si entonces no tenía compromisos con el gobierno de la provincia. ‘Ninguno’, le dije. Y me preguntó si estaba disponible para trabajar para el BM. Me quedé paralizado. Y le contesté que tendría que pensarlo un poco. Y me dijo: ‘¿Cuánto tiempo necesita para decidirlo?’ Y le contesté: “Como dos minutos”. Y él se largó una gran carcajada. A los 15 días viajé en la empresa Braniff a Estados Unidos y firmé mi primer contrato con el BM que iba a ser por dos años y terminó siendo por diecinueve años y cinco meses”.

 

Murillo, más conocido como el Dr Murillo en el programa de radio El ruido de las nueces (lunes a jueves de 19 a 20.30 en FM 107.5, conducido por Francisco Bessone), donde es columnista, es desde entonces un lector de “la letra chica” de lo que podríamos llamar “contrato de realidad”: el teatro que despliega el discurso del poder. Conocedor de las negociaciones y las finanzas internacionales, cuando Murillo observa el juego que el gobierno de Cambiemos hace público se detiene en la deuda, ese inmenso fuera de campo donde aún duerme la cíclica crisis argentina.

A través de su trabajo en el BM, Murillo –quien se recibió de arquitecto en el UNR y, en EEUU, hizo tres extensos cursos sobre "Project Investment", recorrió una siete u ocho veces América latina y dos o tres veces el mundo.

 

Al comienzo de esta conversación Murillo habla de los orígenes del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) en Bretton Woods, Estados Unidos, en 1944 (donde la figura principal fue John Maynard Keynes), formado originalmente por 19 países que luego se extendieron a los actuales 190, después de la Segunda Guerra. Entonces EEUU era el único país que tenía  una cantidad importante de oro y dólares. Con el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (Birf), que con los años devino Banco Mundial y el FMI surgieron “esas instituciones que estuvieron rigiendo los destinos de la humanidad y allí se toma que el valor reserva que iba a tomar el mundo para sus negociaciones internacionales financieras iban a estar basada en el dólar y en el oro”.

 

—Aunque recién en los 70 el dólar deja de tener el patrón oro como respaldo.

 

—Allí ocurre una situación muy particular: en el 70 Charles De Gaulle publicó lo que se llamó “el libro blanco de las finanzas internacionales” y denunció a Estados Unidos porque todas las operaciones entre los países del mundo se realizaban en dólares, entonces EEUU recibía comisiones cuando se compraban los dólares, al iniciar por ejemplo una importación, y después también había que conseguir los dólares para pagar el compromiso de importación, quiere decir que hay una doble comisión. Lo que denunció De Gaulle es que en esa época EEUU estaba financiando 5 mil millones de dólares del comercio exterior de los que no tenía reservas. Frente a esta situación de jaque mate hecha por De Gaulle, el presidente Richard Nixon, en 1971, declaró que a partir de esa fecha el dólar no se iba a referenciar más con una contrapartida en oro depositada en Fort Knox, el dólar directamente era la nueva divisa internacional y el respaldo era la divisa en sí misma. En realidad, esta es una jugada de chantaje, porque la reserva de EEUU pasó a ser lo que yo llamo la ferretería: la maquinaria bélica. Hoy día la reserva de las divisas de EEUU está dada por el poderío militar.

 

—¿Y cómo funcionó eso en América latina?

 

—En realidad América latina para los EEUU siempre fue un jugador de tercera clase. EEUU siempre privilegió su relación con Europa y con Japón. A Europa le dio plan de reconstrucción y fomento, y a Japón le dio el plan Marshall al terminar la Segunda Guerra mundial. En ese momento, del 47 al 50, EEUU llegó a tener el 78 % de las operaciones de comercio internacionales. Mientras que ahora está en la cuarta parte de las relaciones internacionales.

 

—¿Quién lidera hoy esas operaciones, China?

 

—China vino avanzando y ya superó a EEUU. Pero hay un aspecto más, en la década del 60 el presidente John F. Kennedy anunció en la reunión de Punta del Este lo que iba a ser el financiamiento para el progreso de América latina. Entonces, América latina nunca fue un jugador importante para EEUU, ni lo es. Pero una diferencia importante que se estableció ahora es que a través del peso de los años el consumismo ha ido terminando con sus reservas económicas, por eso EEUU está debiendo al mundo desarrollado 14 billones de dólares, de los cuales el 50% se los debe a China. Lo que lo ha dejado sin reservas para hacer financiamiento para proyectos de inversión en América latina. Ya no existe más el dinero que había en épocas de Alsogaray o de Krieger Vasena, que iba a EEUU a conseguir fondos. Entonces, el jugador que ha venido reemplazando a EEUU ha sido China, que sí está prestando a los países dinero para proyectos de inversión, para canales, puentes, usinas. Y a la saga viene Rusia. No con la misma potencia pero trabajando en esa línea estratégica de inversión para el desarrollo.

 

—Lo vimos en Argentina.

 

—Claro, porque EEUU no tiene divisas para financiar. Tiene deudas.

 

—Debe haber conocido muchas fórmulas que se aplican en estos países.

 

—Hay una fórmula de manejo de uso y costumbre de los sajones que llaman de tres por cuatro. Saben que las administraciones duran cuatro años. A los gobiernos nuevos les dan tres etapas. En la primera etapa le dan todo el dinero que necesitan, como en el año 76. En la segunda etapa le dicen cuáles son las condicionalidades que debe cumplir el país para seguir recibiendo préstamos: privatizaciones, sacar empleados de la administración públicas, hacer licitaciones internacionales que sean iguales para todas las empresas del mundo (sin ninguna preferencia por Argentina), y si el país que recibe los préstamos en ese tercer año no termina de ejecutar la etapa de privatizaciones y demás, se aplica la cláusula Griesa (por el juez neoyorkino Thomas Griesa que definió el juicio de los fondos buitre). Se terminaron los préstamos y nos tienen que devolver la plata. Son tres tramos de negociaciones para una administración de cuatro años.

 

—¿Puede decirse que esa fórmula se aplica hoy en día? 

 

—Es de aplicación permanente. Al país ahora se le va a poner más difícil conseguir préstamos del exterior. Y a las grandes empresas argentinas se les va a poner difícil conseguir préstamos de los grandes bancos de EEUU.

 

—¿El signo ideológico de este gobierno tiene algún peso en este tipo de negociaciones?

 

—Eso tiene peso a nivel de lo que es la administración del gobierno americano, una ideología de tipo liberal. Pero el BM se maneja con números. Entonces, si un proyecto da rentabilidad y está bien diseñado y es necesario para la economía el BM lo aprueba, porque están los países europeos y EEUU pero también está Rusia, China, India. Hay 190 países.

 

—Con el nivel de endeudamiento que tiene hoy Argentina, ¿se espera que el FMI banque más deuda?

 

—Argentina todavía no concurrió al FMI. Ha dado lugar a lo que se llama el artículo cuarto de la carta de los reglamentos del FMI que dice que los países miembro deben abrir los libros contables y financieros para una auditoría. Argentina cumplió con la cláusula de abrir los libros en esta administración, que no había ocurrido en los 12 años anteriores. Pero no recurrió en forma oficial al FMI, porque esa va a ser una decisión que va a tener un costo político. Porque en la interna del país va a haber un sacudimiento político importante, entre los sindicatos, los empresario. Calcule lo siguiente: en este momento estamos pagando 103 millones de dólares del servicio de la deuda cada día, son intereses, no capital. En este momento el aporte que se debe hacer por este servicio de la deuda está afectando la tercera parte del presupuesto nacional, y como se sigue aumentando el endeudamiento las bujías se empiezan a empastar. El gobierno dice que están tranquilos por una supuesta corrida porque tienen reservas suficientes. Pero las reservas que tiene el gobierno argentino no son de libre disponibilidad. El gobierno argentino emitió letras del Banco Central (Lebacs) por un billón 300 mil millones de pesos, equivalen a 65 mil millones de dólares, y las reservas argentinas son de 60 mil millones de dólares. Entonces, esta reserva es todo endeudamiento. Y a esto hay que sumarle las Letes (letras del tesoro), los pases pasivos de los bancos privados (que son préstamos de coyuntura al Central), y están todos los préstamos que se vinieron contrayendo en estos 28 meses que superan los 130 mil millones de dólares. Así que no son divisas de libre disponibilidad. Para eso Argentina tendría que haber tenido esos 60 mil millones de dólares en la cuenta del Central como resultado de una balanza comercial positiva.

 

—Que no es el caso, porque es más lo que se importa que lo que se exporta.

 

—Claro, no es el caso, porque este año se cierra con  nueve mil millones de dólares negativos, y lo mismo sucede con el turismo, que está costando diez mil millones de dólares. No hay divisas de libre disponibilidad.

 

—Lo que no significa que esto esté al borde del colapso.

 

—No, supuestamente no. Pero se le van a ir endureciendo a Argentina las condiciones de las finanzas internacionales. Y uno ve las señales del mercado. Cuando el Central la semana pasada invirtió 4 mil millones de dólares de sus divisas para que no se dispare el dólar, quiere decir que el sistema está empezando a dar señales de alarma.

 

—Muchos intelectuales y dirigentes hacen la cronología y los altibajos del proceso industrializador de Argentina que nunca termina de desarrollarse, ¿cómo lo evalúa?

 

—Es así, cuando hay gobiernos de tipo liberal se termina la industria. Con Martínez de Hoz, con Krieger Vasena, con Alsogaray, con Cavallo, con Machinea, con Dujovne hay que trabajar la Argentina agroexportadora. Otros gobiernos, la primera etapa del gobierno justicialista, la de Illia, la de Néstro Kirchner, han sido revitalizadoras del aparato industrial. Pero estamos siempre en un zigzag y nunca podemos consolidar un desarrollo industrial efectivo y maduro.

 

—¿Esta cuestión cíclica es una tradición? Recuerdo haberlo escuchado hablar sobre lo tarde que se desarrollaron en el país las carreras de Economía.

 

—Claro, a los ingleses, que eran los únicos que invertían en el siglo XIX y la primera mitad del XX, lo que les interesaba era tener abogados argentinos para sus compañías que interpretasen la jurisprudencia argentina. Necesitaban ingenieros para sus ferrocarriles y puertos; y necesitaban médicos para que la gente tuviera mayor productividad. Pero lo que era contaduría y economía no se daba nada, como se dice “No hay que avivar giles”. Recién hacia los 60 del siglo anterior tuvimos los primeros egresados de Economía de la Universidad del Litoral.

 

—El historiador Bruno Nápoli dice que la oligarquía argentina es casi única en el mundo, que en ningún otro país existe una clase parasitaria semejante, que los estancieros de ayer son los que hoy tienen firmas offshore. ¿Coincide con ese diagnóstico?

 

—Sí, es así, uno va a Holanda, Alemania, Bélgica y los mismos dueños de las tierras son los que tiene sus 50, 80, 100 parcelas trabajando. No existe la oligarquía parasitaria: un tipo que vive en Buenos Aires y arrenda su tierra en Santa Fe, Córdoba o Mendoza y le tiene que pagar un porcentaje de quintales en soja, avena, trigo o maíz. Hay que pensar que el primer presidente que tuvo la Sociedad Rural, creada entre 1860 y 1870, fue un Martínez de Hoz.

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