Sociedad
02-05-2018
Clanes en pugna, economías ilegales y ristra de venganzas

El crimen de Tubi Segovia en la cárcel de Coronda, su réplica con un doble crimen en barrio Municipal y los allanamientos destinados a poner fin a la operatoria de narcomenudeo y otros delitos del grupo que integran los Ungaro y los Funes, sacudió los últimos días la disputa en zona sur, que según el conteo oficial dejó al menos 27 homicidios en dos años.

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Alberto Carpintero | Cruz del Sur

 

En agosto de 2012 dos hechos encadenados desequilibraron el mercado de narcomenudeo en Rosario: mientras en un intento por blanquearse el ex convicto por robo calificado Luis Medina abría en Rosario la disco Esperanto (experimento que resultó fallido), su sindicado socio en las zonas oeste y norte, Esteban Alvarado, caía preso en un operativo de Gendarmería ordenado por la Justicia bonaerense, que investigaba a este último por robar autos en ese territorio para cortarlos en Rosario. Ese inicial desequilibrio en el territorio, provocado por un jugador externo al mercado local, sumado al crimen un mes después de Martín “Fantasma” Paz, fue el inicio de una saga de muertes por todos conocida, que acabó con un golpe de la Justicia provincial a la banda de Los Monos.

 

Tres años y medio más tarde, la Justicia federal local, en operativo de la Policía Federal, generó un desequilibrio parecido: en marzo de 2016 fue detenida Rosa Caminos, hermana del asesinado ex líder de la barra de Newell’s, Roberto “Pimpi” Caminos, acusada de regentear seis bocas de expendio de drogas en la zona sur.

 

Días más tarde, el crimen de Mariela Miranda, madre de los hermanos Funes, fue el inicio de una disputa con medio centenar de muertos (para la Fiscalía son 27) en una batalla que para entonces ya llevaba nueve años: la del clan Caminos asentado en barrio Municipal, ahora liderado por el hijo de Pimpi, Alexis Caminos, contra el clan Ungaro, histórico del lindero barrio Grandoli, bajo la batuta de René Ungaro, alias Brujo, preso y condenado por el asesinato de Pimpi. En el medio, los Funes, que habían mantenido buenas relaciones con ambas familias hasta 2013, cuando los Caminos los corrieron a tiros del barrio Municipal.

 

La pelea inicial entre bandos ubicados en dos barrios, por venganzas, por afirmación de identidad, por la barra de Newell’s y por el territorio para el narcomenudeo, sumó complejidad al extenderse a otros sectores del sur, como Tablada, La Siberia, el Fonavi de Lola Mora e Hipócrates, hasta coletazos en Villa Moreno, Villa Itatí y otros barrios donde la influencia de la banda de Los Monos fue casi siempre omnipresente.

 

Es así que los Caminos se aliaron con Rubén “Tubi” Segovia, un histórico de Tablada vinculado con Los Monos, que incluso lo ubicaron transitoriamente como capo de la barra leprosa tras los crímenes de Matías “Cuatrerito” Franchetti y Maximiliano “Cabezón” La Rocca, en junio de  2016. Tubi sería baleado en octubre del mismo año y marcharía preso acusado por tres homicidios, aunque continuó liderando su grupo desde la cárcel. Su hermana Marcela Díaz fue asesinada (incluso la barra la recordó con una bandera) este año, luego de que saliera ilesa de un ataque que terminó con su hijo Milton Romero parapléjico, en ataques achacados a la banda de los Funes.

 

Tubi Segovia

 

En enero pasado, por alguna razón no explicitada, Tubi decidió dejar la cárcel de Piñero, a donde habían llegado desde Coronda los principales integrantes de Los Monos en octubre último. Pidió ir al pabellón 8 de Coronda, donde están detenidos los integrantes del clan Caminos.

 

Consiguió salir del buzón en marzo, cuarenta días antes de que cuatro compañeros de pabellón ingresaran a su celda, lo inmovilizaran con un cable alrededor del cuello y le asestaran puntazos fatales con una faca el martes de la semana pasada. Aunque la investigación es incipiente, tiene a los cuatro homicidas identificados.

 

Tres días más tarde del crimen de Tubi, un ataque en Grandoli y Esteban de Luca, en barrio Municipal, dejó a la vista de dónde pudo haber venido la decisión de matarlo:  tres muchachos que estaban sentados tomando una gaseosa a las seis de la tarde fueron acribillados, no está claro si desde un auto o por un hombre que bajó de una moto con una ametralladora: en el acto murió Ricardo “Chicho” Gómez, con un hermano preso en Coronda, y horas más tarde Lucas “Picachu” Vieyra.

 

Sigue internado grave Tomás E., mientras que un vecino que pasaba caminando recibió un tiro en la pierna. De inmediato los vecinos apuntaron al clan Segovia buscando venganza contra el clan Caminos por la muerte a traición de su jefe. Al día siguiente, en el partido de Newell’s contra Independiente en el Coloso, la barra que domina el clan Cantero no desplegó bandera alguna en homenaje  a Tubi.

 

Pero el crimen de Tubi y el doble asesinato posterior apenas fueron parte de una saga de doce en el último mes, todos encadenados: ya no sólo la disputa entre los bandos enfrentados sino un reacomodamiento de actores internos de los grupos que, mientras se conocía el fallo que mandó tras las rejas por varias décadas a los principales capos del clan Cantero, buscaron abrirse por su  cuenta o pegar al salto al bando de los enemigos.

 

Uno de ellos fue el de Alan Pedraza, un chico de 20 años apodado Garrafa, a quien ubicaban como un soldadito de René que se pasó a las filas de Tubi, secuestrado y asesinado antes de un partido de Rosario Central el 12 de abril. El lunes 16 terminaron acribillados en Granadero Baigorria un hombre de Los Monos, Ezequiel “Parásito” Fernández, junto con su hermano José, apodado Grasa y con prontuario de asaltante de bancos, y Gerardo “Abuelo” Abregú, vecino de los anteriores en barrio Emaús y a quien hasta el año pasado habían ubicado como un hombre de Alvarado.

 

Hay quienes ven un vínculo entre estos últimos dos episodios y de estos con otro, el jueves 19 en barrio Saladillo: Javier “Moco” Reynoso, el mejor amigo del capo de Los Monos ultimado en 2013 Claudio “Pájaro” Cantero, terminó asesinado frente a su casa de Dinamarca al 500 bis, vivienda donde cumple arresto domiciliario por el caso Los Patrones, la causa federal que golpeó a Los Monos en 2015, una tía de la esposa del hermano del Pájaro, Ariel “Guille” Cantero.

 

Ungaro-Funes

 

Fue en ese contexto que fiscales de los fueros federal y provincial impulsaron el jueves pasado un megaoperativo contra el otro bando, la mayoría de cuyos cabecillas está en prisión. Así se conoció una causa federal contra los Funes y los Ungaro, ya bajo investigación por asociación ilícita en la Justicia santafesina y con muchos de sus integrantes presos también por homicidios. Fue detenida Daniela Ungaro, una mujer de 50 años que fue pareja de Luis Medina e incluso juntos armaron sociedades, como la que produjo el desembarco de Esperanto, por la cual está bajo la lupa por lavado de activos.

 

Ahora está acusada de liderar la logística para la venta de drogas que conducía su hermano René desde prisión, mientras que según la Procunar también fueron buscados el jueves pasado, pero no los encontraron, otros familiares: Lelio Ungaro, alias Chapita, hermano de los anteriores y con prontuario de asaltante, y sus padres, José Daniel Ungaro, alias Bola y con pedigrí de pirata del asfalto, y Gladys Ripari, alias Chiche. El yerno de Daniela, Carlos “Pelo Duro” Fernández, había sido detenido en diciembre en la misma casa de la ciudad de Funes donde el jueves pasado marcharon presas Daniela y su hija, Solange Correale.

 

En cuanto al clan aliado de los Ungaro, fue detenido Jorge “Gordo” Funes, ex socio de Chapita en distintos negocios, viudo de Mariela Miranda, padre de Jonatan y Ulises, asesinados este año, y también de Alan y Lautaro, alias Lamparita, ambos detenidos en la cárcel de Piñero bajo acusación de homicidio y asociación ilícita.

 

También fue detenida (igual que Daniela, está a disposición de ambos fueros) Brisa Amaral, una chica de 18 años acusada de ser la encargada de la logística tras recibir órdenes de Lamparita, no sólo para la venta de drogas sino para la comisión de otros delitos de competencia provincial, como ataques armados, usurpaciones y provisión de armas. La joven estaba en un programa de protección de testigos, ya que era quien acompañaba a Jonatan Funes cuando éste fue ultimado al salir de la prisión de Piñero, pero declinó luego la custodia. Ahora está presa.

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