Sociedad
02-05-2018
El machismo que termina en la cárcel
Nueve años de acoso y hostigamiento a su ex pareja lo llevaron a la cárcel. En una primera etapa aceptó un acuerdo abreviado por veintidós denuncias, pero la reiteración de hechos violentos lo llevaron a un juicio oral. Ahora deberá cumplir cuatro años y medio de prisión.
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Carina Ortiz | Cruz del Sur

 

Reconoció en un procedimiento abreviado haber quebrantado veintidós veces una orden de prohibición de acercamiento a su ex pareja. Fue condenado a tres años de prisión en suspenso, pero en 2016 volvió a aparecer en la vida de la víctima. Sabía de la existencia de una orden de prohibición de acercamiento y cese de hostigamiento pero no lo detuvo. Acosos, amenazas, daños a las pertenencias de la víctima y su familia se transformaron en denuncias penales. El caso fue llevado a un juicio oral y un tribunal lo condenó a un año y medio de cárcel por los delitos de daños, amenazas y desobediencia judicial en el marco de un contexto de violencia de género. La condena condicional previa cayó y ahora deberá purgar 4 años y 6 meses en la cárcel. La decisión fue tomada por un tribunal unipersonal a cargo del juez Gustavo Pérez de Urrechu.

 

Débora y Gustavo Alberto Franco comenzaron una relación sentimental y en diciembre de 2010 alquilaron un departamento y se fueron a vivir juntos. Pero la convivencia no fue todo lo que esperaban. Hubo altas y bajas que generaron idas y vueltas en la pareja. Por distintas circunstancias no pudieron continuar alquilando y se fueron a vivir a la casa de la madre de Franco por unos 8 meses y allí todo empeoró. La suegra de Débora terminó denunciándola y solicitando una orden de restricción de acercamiento. Para la víctima, eso solo buscaba sacarla de la casa.

 

Débora contó que al desgastarse la relación Franco comenzó a hostigarla y las situaciones de acoso se multiplicaron. Le sacaba fotos y las subía a las redes sociales, la llamaba y acosaba constantemente. La violencia fue creciendo, insultos, descalificaciones. Incluso llegó romper pertenencias de Débora y su familia.

 

En 2013 la mujer logró una orden de prohibición de acercamiento a 200 metros y el cese de hostigamiento en todas sus modalidades. La resolución fue dictada por el Tribunal de Familia de la 7° Nominación pero ello no bastó para poner un límite a la situación. El hombre fue denunciado en reiteradas oportunidades. Las presentaciones sumaron veintidós y la familia tenía custodia policial.

 

Aun así, se las ingeniaba para continuar con el acoso y la violencia. Hasta que finalmente se llegó a una solución alternativa y el acusado consintió, a instancia de su defensor, un procedimiento abreviado. Allí Franco reconoció su responsabilidad en los hechos y fue condenado a tres años de prisión condicional.

 

Pero lejos de terminar con el problema, la condena no impidió que el agresor continuara con sus apariciones violentas. Finalmente fue llevado a juicio oral y público por la fiscal María Teresa Granato.

 

Los hechos

 

El 12 de agosto de 2016 el auto Chevrolet Corsa de la madre de Débora fue blanco del enojo de Franco. La familia de la chica vive en un complejo de monoblock. Ese mediodía el hombre pasó en moto y al ver el auto de su ex suegra estacionado bajo la torre le dio una patada al espejo retrovisor. La mujer lo vio y el muchacho la insultó. Ella acomodó el espejo como pudo pero a la tarde Franco volvió a pasar. Esta vez lo arrancó de un golpe y aprovechó para insultar y amenazar a la mujer.


Dos días después, su ex suegra llegó a su casa e hizo una cuadra más para guardar el auto en una cochera. Ya no lo dejaba afuera. Estaba acompañada por otra de sus hijas. Cuando esperaba que le abrieran el portón apareció Franco en moto y con una piedra le rompió la luneta del auto.

 

Un día más tarde se apareció en la puerta de la casa de Débora. Un amigo la había llevado hasta el supermercado y la traía de vuelta. Cuando se bajó, apareció el agresor y la insultó: “Hija de puta ya te voy a dar a vos y a tu amigo gay, ya lo voy a matar”. El amigo de Débora decidió continuar la marcha y lo siguió en moto hasta un puesto policial ubicado en la entrada a Granadero Baigorria. En todas estas ocasiones, además, quebrantó la orden judicial que le impedía acercarse a la víctima y su familia.

 

El juicio

 

Finalmente fue llevado a juicio por dos hechos de daño, amenazas y violación a una orden judicial. La Fiscalía focalizó su acusación en encuadrar estos hechos en un contexto de violencia de género. Mientras que la defensa oficial de Franco, a cargo de Francisco Broglia, tomó el caso poco antes del juicio e hizo hincapié en las denuncias cruzadas de las familias de uno y otro lado y sustentó su teoría en los dichos del acusado. El hombre aseguraba que todo comenzó cuando el novio de su ex suegra le robó el auto.

 

Para el juez Pérez de Urrechu, en la multiplicidad de episodios se reitera como eje la relación entre Franco y Débora, a lo que se suma el entorno familiar de ambos. Evaluó la normativa nacional e internacional en materia de género. Concluyó que los hechos se produjeron por un prolongado lapso que abarca al menos 9 años. Dónde hay un conflicto que evidencian una situación de violencia, tanto doméstica (durante el transcurso de la relación) como de género y con la desigualdad en las relaciones de poder que existen entre sus protagonistas. En el caso esa violencia habría trascendido también a los familiares.

 

Los testimonios de familiares de la víctima y de algunos policías son reveladores de una serie de comportamientos reiterados y persistentes de hostigamiento de Franco hacia su ex pareja para asegurar sus designios de aleccionamiento en la sumisión y el control, dice el fallo.

 

Y agregó que del propio relato del acusado y su familia surgen indicadores de violencia en razón del género contra la mujer y desigualdad de poder que se desprenden de frases como “era buena y sumisa”, la “tenía” como una reina. “Frases que si bien pueden ser bien intencionadas esconden sometimiento, cosificación, posesión y, cuando la mujer se apartaba de esos parámetros, aparecía la corrección”, explicó. A modo de ejemplo citó el testimonio de la madre de la víctima, quien aseguró que cada vez que se enojaba con su hija le rompía su auto.

 

En cuanto al acuerdo abreviado que consintió el acusado con la Fiscalía, el juez entendió que el argumento que firmó coaccionado tiene como fin mejorar su situación procesal. En cuanto a la cantidad de denuncias que el acusado dijo haber presentado contra la víctima y su familia, el juez valoró que fueron desestimadas por la Fiscalía sin que conste un planteo de disconformidad en cuanto a la decisión fiscal.

 

Urrechu concluyó que este caso debe ser juzgado a la luz de las obligaciones que representa para el Estado argentino la ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, por lo que entendió que el caso debe juzgarse con perspectiva de género y así lo hizo.

 

Finalmente resolvió condenar a Franco a la pena de un año y medio de prisión, sanción que se unificó con la condena anterior en cuatro años y seis meses de cárcel. A su vez, Pérez de Urrechu recomendó “la intensificación de los esfuerzos para que se le ofrezca a Franco un tratamiento psicológico integral y adecuado al ámbito de violencia de género intrafamiliar en que se desenvolvieron los hechos juzgados, y para la atención de las adicciones que pudiere manifestar”, según se explica en el fallo.

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