Provincia
18-04-2018
Creatividad para salvar empleos
En diálogo con Cruz del Sur, el director de Relaciones Laborales del ministerio de Trabajo provincia, Mario Gaggioli, trazó un panorama de la realidad laboral en la provincia y enumeró algunos de los conflictos que más esfuerzos vienen demandando. Dijo que la premisa es anticiparse para actuar a tiempo y evitar el peor de los desenlaces: la pérdida de puestos de trabajo. “Para la resolución de los conflictos, nuestra salida siempre es apelar a la creatividad, sacar algo de la galera", afirmó.
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Sebastián Stampella | Cruz del Sur

 

El director de Relaciones Laborales del ministerio de Trabajo provincia, Mario Gaggioli, asegura que la premisa de esa cartera es anticiparse a los conflictos para actuar a tiempo con el objetivo de evitar el peor de los desenlaces: la pérdida de puestos de trabajo. Con más de cuatro décadas de trayectoria en el área, el funcionario dice haberlo visto todo, al punto de comentar que la mayoría de las audiencias que allí se celebran parecen estar guionadas, con cada parte desempeñando su rol y repitiendo mecanismos predecibles en defensa de sus intereses.

 

“Para la resolución de los conflictos, nuestra salida siempre es apelar a la creatividad, sacar algo de la galera. Ganar tiempo para seguir dialogando, contener todo en el ámbito ministerial y acercando posiciones para encontrar una solución”, explica. En esta charla que mantuvo con Cruz del Sur, Gaggioli trazó un panorama de la realidad laboral de la provincia y enumeró algunos de los conflictos que más esfuerzos vienen demandando.

 

—El año pasado terminó con cerca de 200 procedimientos preventivos de crisis (PPC) dictados por la cartera de Trabajo. ¿Cuál es la tendencia en este primer trimestre y cómo definirías al mapa actual de conflictos laborales?

 

—Esa tendencia de PPC se mantiene. A este paso terminaremos el año con un número similar. Esta herramienta aparece como una alternativa al cierre de empresas y que por lo tanto garantiza la preservación de los puestos de trabajo, que es en lo que ponemos nuestros mayores esfuerzos. Hoy los conflictos en la provincia, más que por sectores están focalizados en empresas. El más resonante es el caso de Cargill, aunque se originó el año pasado. Tanto nuestro ministerio como el de la Nación ya agotaron las instancias de conciliación obligatoria y a esta altura no vemos ningún tipo de avances para los 33 trabajadores que perdieron su empleo. Venimos trabajando mucho en forma articulada con el ministerio de la Producción de la provincia. En el caso Vassalli, por ejemplo, el mismo secretario de Industria fue a la empresa para evaluar la situación y tuvo un rol activo. En ese caso la venimos peleando pero se hace muy complicado porque se trata de un conflicto de larga data y que tiene sus particularidades, como el caso de Sancor. Algunos problemas se van paliando pero subsisten situaciones de fondo que nos exceden. Después tenemos casos de establecimientos industriales que en los últimos dos años sufrieron momentos críticos, en gran parte por el impacto de la apertura de la importación. Un ejemplo es la industria del calzado, son empresas de 300 o 400 empleados que están radicadas en localidades chicas y con mucha incidencia en el empleo local.

 

—El gran Rosario, sobre todo el cordón industrial, funciona como un termómetro de las crisis económicas. ¿Cómo evalúan la situación en esa zona y que escenario imaginan?

 

—Sí, acá tenemos un polo industrial y agro-exportador muy importante donde repercuten fuerte los problemas económicos. Comparado con otras zonas del país acá es importante haber sostenido los niveles de empleo. Actualmente estamos previendo que el sector aceitero puede ser foco de conflictos por la sequía, que generará una falta de granos para procesar. Esto puede impactar mucho en nuestra región, donde hay un consumo muy grande ya que por aquí pasa el 80 por ciento de la producción del país. Por ahora no tenemos datos concretos pero estamos atentos para prevenir cualquier inconveniente.

 

—En el conflicto de Oil Combustibles, previo a que se declarara el salvataje se especuló con la posibilidad de que los trabajadores se hagan cargo de la empresa bajo la forma de una cooperativa. ¿Ves viable esa salida?

 

—Es muy complicado eso porque se trata de una empresa que tiene una actividad compleja. Hablamos de un establecimiento que necesita millones de dólares para funcionar. Las cooperativas de trabajadores pueden prosperar en casos de una actividad simple, de producción de bajo costo en cuanto a materia prima o productos, con poco movimiento económico. Caso contrario, la administración se vuelve complicada. Más allá de la buena intención, para un caso como el de Oil Combustibles es muy difícil conseguir los capitales, que son cifras millonarias. En este momento las expectativas están puestas en que aparezca un comprador, algún interesado. No es nada fácil eso.

 

—¿Cuál es la clave para evitar mayores conflictos laborales en un contexto crítico como el actual?

 

—Nuestra política es adelantarnos a las situaciones conflictivas. Cuando vemos que existe alguna posibilidad de conflicto, aún sin la presentación del gremio, de los trabajadores o de la empresa, convocamos a las partes para ver como es la situación y qué medidas se pueden adoptar. En la resolución de los conflictos nuestra salida siempre es la creatividad, sacar algo de la galera. Estirar la norma más allá de lo que está establecido, ganar tiempo para seguir dialogando. Por supuesto que siempre hay intereses distintos, pero siempre hay que buscar la alternativa para encontrar un punto de encuentro entre esos intereses. Las audiencias se ponen ásperas a veces, porque los  momentos tensos existen. El tema siempre pasa por contener todo en los carriles ministeriales, haciendo que prevalezca el diálogo.

 

—De todas las negociaciones de conflictos laborales en los que participaste ¿Cuál te generó satisfacción por el resultado conseguido y, por el contrario, cuál recordás como decepcionante?

 

—Un conflicto que me marcó mucho fue el General Motors, cuando se estaba encaminando a más de 400 despidos y los pudimos contener y aguantar hasta que salió la producción de un nuevo vehículo que requirió que tomen más gente aún. Eso fue entre 2008 y 2009 y lo recuerdo con satisfacción porque no es poco lo que se consiguió. Y llegó tras conciliaciones obligatorias y prórrogas en el marco de una situación complicada que demandó mucho esfuerzo. Y un caso diametralmente opuesto fue el de Ar Zinc, que después de mucho empujar y buscar todas las alternativas posibles no se pudo revertir lo que era una muerte anunciada.

 

—¿Cómo está la relación entre la cartera de Trabajo provincial y la de Nación? ¿Desaparecieron los Repro?

 

—Venimos trabajando sin problemas últimamente. Cuando se ha pedido colaboración por algún caso nos la han dado. En algunos conflictos ha habido una intervención mixta y en otros fuimos alternándola, pero sin inconvenientes. Con respecto al programa Repro, nosotros ya no tenemos incidencia porque se manejan directamente a nivel nacional. Por lo tanto ya no los solicitamos. De todas formas en los últimos años desaparecieron prácticamente, casi no se vienen asignando. Son muy pocos los casos que sabemos que han dado Repro y, los que venían cobrándolos han dejado de hacerlo. A su vez, sabemos que quienes los han solicitado no tuvieron respuesta favorable.

 

—¿Notás que con este gobierno nacional el empresariado, la patronal, se siente con viento a favor para encarar una negociación salarial o dirimir conflictos laborales?

 

— No tengo ninguna duda de que es así. Hoy el sector empresario percibe una impronta más receptiva por parte de las políticas nacionales. Pero eso en nuestro ámbito no cala porque tenemos una política independiente que sigue firme en la decisión de buscar siempre una nivelación, de establecer un diálogo en un plano de igualdad.  

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