Cultura
14-03-2018
“Somos Simona y nos creemos Merlí”
Un twitt disparó la charla. Pablo Franza es productor televisivo, siempre es un creativo. Un agudo analista de los consumos culturales y de los consumidores que ofrece una propuesta artística a lo que produce. 
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Alejandro Mangiaterra
| Cruz del Sur


–El chiste no tiene sentido si hay que explicarlo pero ¿Qué hay detrás de esa frase: “Somos Simona y nos creemos Merlí”?

–Alguien inventó  un verso que nos creímos. Argentina es un gran verso. Nosotros vivimos en las ruinas de algo que no sabemos muy bien que fue pero lo suponemos genial. Entonces después uno ve un programa de TV del montón de la televisión catalana –ni siquiera de la Televisión Nacional– por lo que podríamos emparentarlo con un programa rosarino o cordobés, que va en el Prime Time, y en el que ves que usan como excusa la filosofía para contar una historia. Eso me lleva a mí a pensar que nosotros hacemos “Simona”  pero nos creemos Merlí. Nosotros producimos un bodrio de adolescentes estereotipados. Una vez, me encontré en un avión con un español que había estado en Argentina de vacaciones y le pregunté si le había gustado. Me contestó “Se nota que éste debe haber sido un gran país”.

–¿Qué te produce que el espejo nos devuelva esa mirada?

–Yo pienso lo mismo. Si vos entrás al Colegio Nacional 1 pensás que sí, que este debe haber sido un gran país para que esto haya sido construido como colegio público. Este pensamiento vale para mí también. Cuando uno habla del país, habla de uno mismo. ¿Qué me creo que soy? ¿Qué nos creemos que somos? Hay una distancia entre lo que creemos y lo que somos.

–Te iba a pregunta cómo ves a la televisión pero ya me adelantaste la respuesta.

–Está de moda decir “no tengo televisión”, con cierto snobismo. La realidad es que lo que no queremos ver es publicidad. Televisión vemos más que antes, nunca vimos tantas series, durante tanto tiempo, en maratones interminables como sucede ahora. Son un síntoma de la época también, en la que nadie quiere parar. Somos una sociedad adicta. Ya no nos detenemos ni a disfrutar los guiones, solo hay disfrute en avanzar, en ir para adelante. Es una cuestión de acumulación, una competencia a ver quien ve más en menos tiempo. Vivimos una época de evasión, de insatisfacción, dónde nada alcanza. No sé hacia dónde va la tele, el tema es a dónde vamos nosotros. Ahora viene el Mundial y vamos a estar todos prendidos a la tele todo el tiempo.

–¿Vos que tipo de tele hacés?

–Yo no hago la tele, trabajo en la tele. Hago Antes de Salir, produzco, tengo ideas que trato de llevar a cabo. Bah, en realidad no me gusta esto de “tengo ideas”, me gusta más hablar de producir y de “hacer” porque ideas tiene todo el mundo, la diferencia está en el “hacer”. Ese proceso me gusta más porque lo encuentro en todos lados, en la tele, en la radio, en la Facultad.  Después de la idea al laburo hay un largo tramo. Yo cada vez valoro más eso.

–¿Cómo es “hacer” cuando los recursos no son los suficientes?


–A mí me gusta el concepto de “lo posible” porque si no nos quedamos en esa comodidad quejosa constante y absolutamente adolescente que reclama todo el tiempo que venga otro a solucionarlo todo. A veces soy víctima de eso y a veces me molesta mucho esa postura. El canal donde trabajo tiene, como todas las empresas, sus dificultades y sus posibilidades. Pero hay un gran margen para el “hacer”.

–¿Cómo te definís?

–Uy que difícil! Que se yo. Yo soy un productor general. A mí me piden un producto para cubrir una necesidad o saldar un problema de comunicación  y después está en mí transformar ese pedido en un producto televisivo, radial, periodístico o lo que sea. Yo me considero un profesional de los medios de comunicación.

–¿Cuáles son las cosas que más te importan cuando producís: El periodismo, el producto televisivo o cualquier otra cosa?

–Lo que más me importan los públicos. Los televidentes, los oyentes. Salir a buscar audiencia, crear audiencias específicas.

–¿Eso fue lo que buscaste cuando propusiste Antes de Salir?


–Me pidieron un producto determinado pero yo le agregué quien quería que lo viera. Es decir mezclé las dos cosas que te decía antes. El laburo de cubrir una necesidad y lo que a mí me parecía importante, que es apuntarle a alguien en particular.

–¿Antes de Salir es tu hijo más querido?

–Lo último que hacés es lo que más te gusta, me parece. Sí, ADS me gusta. Tengo mi corazón ahí. Hago otras cosas además, participo de otros programas. Soy un facilitador para que sucedan otras cosas. Por ejemplo en Cada Día soy como un supervisor. Ni siquiera estoy en ahí mientras se hace. El programa lo lleva adelante completamente el productor que es Leo Gamulín y lo hace muy bien. Yo disfruto casi como un televidente de este programa que está armado con un grupo de muchachos que casi ninguno tenía experiencia en televisión. Y disfruto de ver como esos flacos, que “coucheamos” y sobre los que apostamos, van creciendo. Me gusta este trabajo de habilitar espacios donde otros puedan abrir su propio juego, poder generar las condiciones y armar nuevas apuestas. Esto lo aprendí hace pocos años. Si me preguntás qué es lo que más me gusta de mi trabajo, te respondo esto.   

–¿Café con F que fue? ¿Un programa de culto, un éxito, un mito u otra cosa?


–Que se yo. Ni idea que fue. A veces trato de acordarme como era y no me acuerdo. Se podría definir como un programa habilitante. Ni un éxito ni un mito ni otra cosa. Un programa de radio muy habilitante. Por eso hay gente que le gustaba. Hay gente que todavía hoy me lo recuerda.

–¿Tenés ganas de volver a hacer radio?

–A mí me encanta la radio. Sí, me gustaría. El año pasado hice algunas cosas para despuntar el vicio en Radio Universidad pero siempre son cosas para darme un gusto y muy perfil bajo. La radio es maravillosa. Es genial.

–¿Quiénes son los tipos que te marcaron en los medios?


–Los primeros nombres que se me vienen a la cabeza son Quique Pesoa, Juan Alberto Badía, Fernando Peña. Como oyente lo extraño mucho a Fernando Peña. Lalo Mir. Bueno, Mario Pergolini tuvo grandes momentos. Escuché muchos años a Dolina. Todos tenemos una época dolinesca. Hay cosas que me gustan de Sebastián Wainraich, de Señorita Bimbo, Radagast. Ya no son personajes de la tele o de la radio. Las diferentes formas en las que consumimos contenidos culturales nos permiten abrir ese abanico que antes era de los medios. Hay como un universo de gustos que uno tiene, están conectados entre sí. Por ejemplo, me encanta la Negra Vernaci, como no me va a gustar Peña y la Negra está con Tortonese, claro si a mí me gustaba Urdapilleta. Y me encantaba Tato Barea. Ahora me gusta la poesía de Silvina Giaganti y me parece muy interesante Daniel Molina. Son los universos que uno se va armando. Después hay mucha otra gente que tiene la ilusión de estar haciendo lo que hicieron ellos y es muy válida esa ilusión. Está bien esa ilusión. No es que me guste todo. Me gustan los que son buenos. Y en esto, todos sabemos quiénes son buenos, quienes son malos y quienes son unos chantas.

–¿La radio y la tele van a desaparecer?   

–Que se yo. No me detengo a pensar en eso. Si me lo preguntás respecto de lo que hablábamos recién te digo que sí pero en el sentido de que la gente que uno admira ya no es la gente de la radio o de la tele. El universo de consumo cultural es mucho más abarcativo, te entra por el teléfono, por la tablet, por youtube, por los podcast. Eso que escucho grabado en cualquier momento del día y como quiero ¿es la radio? Yo que sé. Cada vez es menos necesario lo que llamamos “el vivo”.

–¿Cuándo empezaste a laburar en los medios pensaste en hacer esto que hacés hoy?


–No. Pensé que iba a llegar a algo, que iba a hacer algo relevante alguna vez. Ahora estoy tratando de amigarme con la idea de “lo posible” (entre risas). No, ahora de verdad, con los medios hay una gran fantasía. Pasa lo mismo con el fútbol y con otras actividades. Laburamos miles de personas, de las cuales treinta son mega estrellas, los demás somos trabajadores.

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Viernes 17 de Agosto de 2018
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