Política
07-03-2018
El partido que se juega
El gobernador busca los marcos políticos necesarios para reformar la Constitución y, entre otras cosas, quedar habilitado para la reelección. Una parte del socialismo tiene reparos con la estrategia y un sector de la oposición apoya la idea del mandatario, que tendrá que conseguir los dos tercios de los votos en las dos cámaras legislativas si quiere para lograr su cometido.
Aumentar tamaño del texto Reducir tamaño del texto Tamaño del texto normal


Orlando Chircaz | Cruz del Sur

 

La reforma de la Constitución es un tema que desde hace 15 años está en la agenda política. Jorge Obeid lo intentó con un proyecto específico, pero la oposición de ese entonces creía que solo se preveían cambios menores y el reutemanismo directamente criticaba la posibilidad. Hermes Binner y Antonio Bonfatti lo intentaron, pero nunca consiguieron la masa crítica necesaria.


En cualquiera de esos casos los mandatarios aspiraban a realizar cambios sin plantear ser reelectos, porque eso inmediatamente obturaba cualquier posibilidad de discutir reformas a la Carta Magna. En la parte final del gobierno de Jorge Obeid hubo dirigentes del justicialismo que se animaron a verbalizar la intención reeleccionista, pero no pasó de allí.

 

En el caso de Binner y Bonfatti siempre remarcaron que no iban a buscar un nuevo mandato, y sobre esa decisión construyeron una posición partidaria del socialismo. Sin embargo, esa mirada no es la única y desde hace un año ronda en la cabeza del gobernador Miguel Lifschitz (y en los diálogos políticos) conseguir los acuerdos pertinentes para habilitar la reelección en 2019.

 

Así empezó otra historia, donde colisionan perspectivas dogmáticas y pragmáticas. Porque no solo a Lifschitz le interesa su reelección, también a sectores del peronismo, como los senadores, que prefieren un acuerdo con el PS antes de quedar a expensas del crecimiento de Cambiemos en sus departamentos. Hace varios años estos legisladores se sienten cómodos con el FPCyS.

 

Antes también se sintieron cómodos con el PRO, puesto que varios de los integrantes de ese bloque iniciaron conversaciones con el macrismo cuando era incipiente ese movimiento en 2011. Después se alejaron porque el actual presidente y sus armadores en Santa Fe se sintieron más cercanos con los radicales de José Corral y Mario Barletta que con esos caudillos políticos.

 

Los radicales garantizan un acuerdo nacional y un desarrollo importante en la provincia, y fue así que los senadores peronistas jugaron por la suya en los últimos años. Primero se distanciaron de Agustín Rossi y el kirchnerismo, y bastante tiempo después le quitaron cualquier tipo de ayuda a Omar Perotti; enojados porque el rafaelino se cortó solo, no abre el diálogo y no cumple los acuerdos.

 

Todavía hoy los senadores recuerdan que ellos en conjunto sacaron más votos que Perotti en 2015. “Si Omar hubiese sido inteligente y no tratase a los dirigentes como sus empleados, seguramente sería gobernador. Hoy la situación política es otra y su papel se reduce a tratar de que pierda el socialismo”, dijo uno de los representantes departamentales en estricto off.

 

En ese contexto, y vaya a saber con qué costo político y de gobernabilidad, son varios los peronistas en la Cámara alta que están dispuestos a levantar la mano para aprobar una elección constituyente. En ese mismo cuerpo, el problema, evidentemente, está dentro del variopinto Frente Progresista: la diferente mirada de los radicales y el papel del socialismo.

 

Por caso, no es unánime la postura de senadores del macrismo (uno), del MAR (que responden a Julián Galdeano) y de NEO (los más cercanos al FPCyS). En el PS, a su vez, el senador por Rosario Miguel Ángel Cappiello ya avisó que le gustaría una alianza con el PJ (al gobernador no) y el senador por La Capital, Miguel González, abiertamente pidió avanzar con la reelección de Lifschitz.

 

En la Cámara de Diputados la situación es más compleja aún para las aspiraciones reeleccionistas. Antonio Bonfatti es el presidente, Rubén Galassi el jefe de bloque del PS y Eduardo Di Pollina un hombre de negociación interpartidaria; ninguno de ellos se siente cómodo con el planteo de Lifschitz y aguardan que el gobernador construya acuerdos con la oposición para después acompañar.

 

La interna del socialismo se hace más evidente en este punto, al igual que la ausencia de un diálogo más franco entre las partes en disidencia. Esto lo reclaman los radicales más alineados al Frente, que son los de NEO (Carlos Fascendini, Maximiliano Pullaro, Felipe Michlig, entre otros), pero también dirigentes del peronismo y de otras fuerzas menores del oficialismo que quieren la reforma.

 

En términos generales, ninguna de las fuerzas políticas en la provincia desconoce la importancia y necesidad de reformar la Constitución. La diferencia siempre radica en qué temas se quieren modificar, si habrá o no reelección a gobernador o si se limitarán las reelecciones de otros cargos. Es decir, un cambio que permita sostener un proceso político o cambiarlo lleva a todo tipo de peleas.

 

El reformismo y la conveniencia

 

Desde el punto de vista de las negociaciones, la semana pasada el gobernador Miguel Lifschitz se reunió con diputados y senadores del FPCyS (varios de los cuales tienen más de un pie en Cambiemos) para pedirles que avancen con una nueva Carta Magna. Ahí mismo indicó que está a favor de la reelección pero que puede correrse si ello implica hacer fracasar la reforma.

 

El contenido del encuentro fue filtrado por todos lados, tanto como las diferencias entre los propios integrantes del socialismo. Conocida esa noticia, algunos dirigentes del PRO santafesino manifestaron que están dispuestos a dar sus votos para que haya convención constituyente siempre y cuando el gobernador prescinda de su reelección.

 

Pretenden que los comicios para elegir constituyentes se produzcan en 2019, junto a la elección provincial, para optimizar recursos. Entiende, el macrismo, que están dadas todas las condiciones políticas para que el año próximo un hombre alineado a la Casa Rosada gane la gobernación de Santa Fe y quieren aprovechar ese envión para imponer su agenda en la reforma.

 

El intendente de Santa Fe, José Corral, otro dirigente de diálogo franco con la Presidencia, ya anticipó que no está de acuerdo con embarcar a la política en la discusión sobre una nueva Constitución. No siempre opinó lo mismo, ya que aún siendo integrante del Frente Progresista en más de una oportunidad valoró la necesidad de actualizar la Carta Magna.

 

Esta vez, la sola posibilidad de habilitar la discusión y con ello la reelección del gobernador deja con los pelos de punta a Corral. La lectura que hace el intendente es que la ola amarilla lo depositará en la Casa Gris sin mayores problemas, ya que el Frente Progresista está desgastado y la polarización con el PJ le será funcional porque tratará de instalar que allí está el kirchnerismo.

 

Cree que distinto sería el saldo si Miguel Lifschitz fuera candidato, pues sabe que el actual mandatario tiene una imagen positiva que supera el 60 por ciento. En el justicialismo kirchnerista y aquel que responde a Perotti hay coincidencia: ¿por qué darle la posibilidad de ganar un nuevo turno de gobierno al socialismo a través de una reforma de la Constitución de Santa Fe?

 

Así se consumen las posibilidades ciertas de discutir cambios fundamentales y estructurales, hoy atados al devenir político y electoral de la coyuntura. La autonomía municipal, la perspectiva e igualdad de género, la consagración de derechos laborales, la inclusión de derechos de personas con discapacidad, los pueblos originarios y la diversidad sexual seguirán pendientes.

 

Lo mismo con derechos específicos para los adultos mayores, la separación o no del Ministerio Público de la Acusación del Poder Judicial, transformar en un extrapoder a la Defensoría del Pueblo, el acceso al agua como derecho humano; la consagración constitucional de la economía social, el mutualismo y el cooperativismo; y los derechos de niños, niñas y adolescentes.

 

Son muchos más los temas que esperan discusiones de fondo desde hace casi 25 años, cuando en la ciudad de Santa Fe se reformó la Constitución de la Nación. En la provincia, mientras tanto, rige un sistema político y judicial que se pensó en 1962. Así las cosas, los presidentes comunales se la pasan más tiempo en campaña y elecciones que gobernando, entre otras cosas.

Dejanos tu comentario...

Lunes 24 de Septiembre de 2018
Erotismo del poder femenino
Hockey con futuro
Todo caso policial
Salud Pública
Charlie Egg
El año de la división
Bricco
Acquarone
Tessa
Libros en alpargatas
Citas
Scher
podo
Mujica
Sasturain
ricciardino
Sietecase
Jugar contra el prejuicio
Economía parasitaria
Por qué se lame el perro
Eros y civilización
Maten al rugbier
Expertos en recortes
Villanos y empresarios
foto