Sociedad
28-02-2018
Cable, perfil del hombre más mentado

De barrio de la Carne a Tablada, Enrique Solís creció en el seno de un clan que ya hace veinte años dirimía diferendos por el narcomenudeo con otro: hoy esa disputa, con diferentes nombres y un saldo mucho más sangriento, continúa con otros actores.

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Alberto Carpintero | Cruz del Sur

 

Cable tiene 33 años y de pronto, este verano, se convirtió en el eje de las crónicas policiales a partir del agravamiento de la disputa entre clanes de zona sur. Creció entre la casa de su abuela de barrio de La Carne y la vivienda de la otra, en Tablada, donde se hizo amigo de los integrantes del clan Segovia. En su prontuario sobresalen los llamados robos y hurtos, que le depararon algunas condenas y temporadas de estadía en la cárcel local. Pero ahora debe enfrentar cargos más graves: le atribuyen la figura penal de autor en los homicidios de Ulises Funes, el 7 de enero en Villa La Lata, y de su hermano Jonatan, el 5 de febrero a la salida de la prisión de Piñero, donde había ido a visitar a sus hermanos Alan y Lautaro.

 

También le achacaron el ataque sobre el padre de estos muchachos, Jorge Funes, quien salvó su vida de milagro el primer día del año al gatillarle varios tiradores al menos 32 plomos en la localidad de Alvear. Con este último, conocido como Gordo, Cable dijo haber compartido pabellón en la Unidad Nº 3 de Rosario 15 años atrás y no tener bronca alguna. Sí reconoció que quien la Justicia considera jefe del bando enfrentado con los clanes Caminos y Segovia, René Ungaro, tiene una cuenta pendiente con él por un viejo pleito de la adolescencia: Cable dijo al ser imputado que ambos estaban enamorados de la misma chica, pero como ésta se quedó con él, el despechado juró odio eterno.

 

La sangrienta pelea, recomenzada hace dos años con el crimen de Mariela Miranda, madre de dos de los hermanos Funes, incluye venganzas y diferendos al interior de la barra brava de Newell’s, pero también por territorio para el despliegue del narcomenudeo. Sobre este último punto, los enfrentamientos pueden rastrearse hasta dos décadas atrás en el corazón de Tablada, cuando los clanes Selerpe y Giglione dirimían la divergencia de opiniones sobre la comercialización de sustancias prohibidas a los tiros. Hoy sus herederos repiten la historia, sólo que con mayor cantidad de muertos.

 

La casa de Batlle y Ordóñez

 

La casa de Batlle y Ordóñez y Buenos Aires, en el barrio de La Carne, uno de los domicilios que figuran en el prontuario de Enrique Adrián Solís, alias Cable, es la misma que en septiembre de 2009 allanaron los uniformados de la Policía antinarcóticos provincial. Ahí dijeron haber hallado una cocina de cocaína y detuvieron a Liliana G., pareja de Ramón “Campito” Giglione, el célebre folclorista narco y según veteranos detectives abuela de Cable. También cayeron dos hijos de la mujer, uno de ellos identificado como Enrique Marcelo G. En ese lugar había medio kilo de clorhidrato de cocaína junto con materiales para estirar la droga.

 

Una hipótesis era que, a pesar de que Campito estaba preso, dirigía el negocio impartiendo órdenes a través de su pareja. A su vez, hubo otros dos allanamientos en lo que denominaron los puntos de venta: en Cerrito y Liniers y en pasaje Collián al 6000 donde fue apresada María E., la madre de Cable.

 

Por ese tiempo, Campito cumplía una condena unificada por la portación de un arma y por narcotráfico en la cárcel de Riccheri y Zeballos. La investigación sobre Liliana G. y su grupo familiar no prosperó con respecto a la responsabilidad penal de Campito. Pero Campito no tuvo la misma suerte un año más tarde. En 2010, ya en libertad, le desbarataron su propio laboratorio clandestino para cocinar pasta base, tras incautarle 20 kilos de cocaína, por lo cual fue condenado a diez años de prisión. Campito se había hecho un nombre en la zona de la Villa del Tanque y el resto de la zona sur al grabar un disco con canciones folclóricas bajo el alias de Ramón Campo a fines del siglo pasado.

 

Por entonces lo mentaban como un narco que estaba en el foco de disputas territoriales con el clan Selerpe: afirmaban que Campito había baleado el frente de la casa y herido en la pierna a Jorge “Negro” Selerpe, otro célebre personaje de Tablada que cumplió condena tras desbaratársele una cocina de cocaína. Este último terminó asesinado el pasado 3 de febrero pasado en la zona sudoeste en lo que se considera parte del renovado enfrentamiento entre clanes.

 

El Negro Selerpe era tío de Jorgelina “Chipi” Selerpe, la pareja de Alan Funes. Ambos están detenidos y sindicados como los ejecutores de Marcela Díaz, integrante del clan Segovia a la que acusaban de haber estado en el auto desde donde mataron a Ulises Funes en Villa La Lata y también en el ataque sobre Jorge Funes en la ciudad de Alvear.

 

Las credenciales

 

Diez años atrás Cable fue detenido a tres cuadras de la casa de Batlle y Ordóñez y Buenos Aires. Lo atrapó el personal de la ex Brigada de Investigaciones en un pasillo de Cabildo y Laprida. Ese 30 de enero de 2008, lo vieron sospechoso y al identificarlo dijo que se llamaba Enrique Marcelo G., pero al chequear sus huellas dactilares, descubrieron que era Cable, quien se había hecho pasar por uno de sus tíos. El muchacho contaba con un pedido de captura, porque no había vuelto de una salida transitoria, desde marzo de 2007 a la Unidad 3. Una fuente policial le atribuyó entonces “22 antecedentes penales por delitos contra la propiedad”.

 

En diciembre de 2014, Cable fue demorado por escapar de un control policial en Cochabamba y Entre Ríos. Iba con una chica en una Fiat Uno. Los policías lo arrestaron un par de cuadras más adelante después de que chocara a una ambulancia y otro auto. Se desconoce si entonces había sobre él un pedido de captura, ya que su ficha prontuarial actualizada a 2018 sostiene que no había regresado de una salida transitoria de la Alcaidía local en abril de 2011, donde purgaba condena por robo, y por lo tanto estaba prófugo.

 

Cable estaba de nuevo como fugitivo desde el 7 de enero pasado, tras el crimen de Ulises Funes. Ya antes, el primer día del año, su apodo había sonado detrás de un doble crimen ocurrido en Grandoli y Seguí, caso por el cual aún no fue formalmente acusado. El 16 de febrero último la Policía Federal allanó la casa de Batlle Ordóñez y Buenos Aires en su búsqueda.

 

Aunque no lo halló, dejó constancia de haber detenido a dos muchachas y un hombre, e incautado cien mil pesos y 8.100 dólares, un handy, tres credenciales de la Policía de la Provincia de Santa Fe, dos pistolas (una calibre 22 y la restante 32) y más de un centenar de balas de distintos calibres. Finalmente, el martes de la semana pasada Cable fue apresado por los federales en Ayacucho y Muñoz. Caminaba desarmado, de short y ojotas, a seis cuadras de la casa de allanada.

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