Cultura
31-01-2018
El corazón entre las cuerdas
Recién llegado de Cosquín, el guitarrista Mareclo Stenta contó a Cruz del Sur cómo vivió la noche de la delegación santafesina en el festival que lo tuvo como director artístico de la presentación de Los Originales Trovadores. En la charla también habló de su salto del rock al folclore y dejó algunas definiciones sobre su relación con la música, donde lo lúdico ocupa un lugar central: “Me siento muy lejos del virtuosismo. Lo mío es el arreglo y, si se quiere, ponerle el corazón a lo que toco”, dijo.
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Sebastián Stampella | Cruz del Sur

 

Marcelo Stenta dice que esta presentación en el Festival de Cosquín no fue una más. Aunque ya pisó otras veces el escenario de la Próspero Molina acompañando con su guitarra a Jorge Fandermole, asegura que en esta oportunidad, al frente de la dirección musical de la delegación santafesina encabezada por Los Originales Trovadores –con el legendario Carlos Pino entre sus filas–, todo confluyó para que esa noche del 26 de enero tuviera en él una fuerte carga emotiva.

 

Recién llegado del festival, Stenta contó a Cruz del Sur cómo trabajó en los arreglos musicales para esta histórica presentación, anticipó una impronta más eléctrica en el próximo disco de Fandermole y reivindicó el espíritu lúdico y las relaciones interpersonales que permite la música como motores de sus proyectos artísticos. “Me siento muy lejos del virtuosismo. Lo mío es el arreglo y, si se quiere, ponerle el corazón a lo que toco”, dijo.

 

—El escenario de la Próspero Molina no es nuevo para vos ¿Cómo viviste esta edición del Cosquín que te tuvo como director musical de Los Trovadores en la delegación santafesina?

 

—Voy a ser autorreferencial. Yo ya tengo siete u ocho presentaciones en Cosquín, pero esta vez fue muy especial, fue la que más disfruté porque fue muy emotivo. Sentí que se estaba cerrando un círculo en mi vida. Es que la primera producción discográfica importante en la que participé fue, justamente, grabando y arreglando un disco de Carlos Pino. Y casi veinte años después me convocan para dirigirlo musicalmente junto a Los Trovadores. Lo que se generó en la plaza fue muy emocionante. Muchas personas –sobre todo los mayores–se sintieron  muy tocados con el repertorio. En el tercer tema, que fue Malambo, había gente de pie. Y estamos hablando de un grupo vocal de los años sesenta que no es festivalero en el sentido de que no busca el aplauso fácil. Cuando empezó El Paraná en una Zamba se me puso la piel de gallina. Se mezcló todo: era el marco ese del festival, lo que significan Los Trovadores en la música popular. Se generó algo muy intenso. Vimos gente llorar en la primera fila. Para los músicos también fue muy impactante porque –salvo Marcos Montes– para el resto de los chicos de la banda era su primer Cosquín. 

 

—¿Cuáles fueron los conceptos que propusiste para hacer los arreglos musicales?

 

—Principalmente, poder sustentar desde lo instrumental el trabajo vocal de Los Trovadores. Si bien la estética vocal de ellos fue una ruptura en los años sesenta, hoy ya no lo es y pasó a ser folclore tradicional. Entonces nuestro trabajo fue realzar las voces de ellos y poder hacer un diálogo, en los momentos que se podía, entre lo vocal y lo instrumental. Quise armar algo que fuera diferente. En ninguna de las delegaciones hubo bandoneón ni dos guitarras, y fue algo que incluí. También quedé satisfecho con haber convocado a músicos muy jóvenes que vienen del rock y con los que se armó un grupo humano muy bueno. Me sentí muy identificado con ellos.

 

—¿Y tuviste libertad para encarar el trabajo a tu gusto o hubo limitaciones y consignas preestablecidas?

 

—Fue libertad total. Convoqué a los músicos que quería y no me condicionaron de ninguna forma. Les propuse trabajar en base a las voces de Los Trovadores y que los instrumentos fueran un sustento y no hubo objeciones a eso. Fue un trabajo bastante libre. Y los músicos también aportaron lo suyo, que es algo que está bueno. Yo era el que dirigía y el que marcaba la cancha, pero muchas de las ideas las aportaron ellos. Eso hace que los músicos se comprometan más, se ponen más la camiseta. Tuvimos que ensayar más de lo programado y no hubo problemas por parte de los chicos. 

 

—Tus inicios musicales fueron haciendo rock. ¿Cómo llegaste al folclore y a convertirte en el guitarrista de Jorge Fandermole?

 

—Yo empecé tocando rock nacional, siendo fanático de Charly y, por añadidura, del Flaco Spinetta. Después incursioné en el blues y el funk. Por varios años tuve un trío que era tributo a Jimmy Hendrix, que tenía como baterista al gran armoniquista Franco Luciani y en el bajo a Gabriel Coronel, que es un monstruo. Esa fue mi último proyecto de rock; después escuché a Raúl Carnota y al Dúo Salteño y se me salió la chaveta. Lo de Fandermole fue una serie de eventos concatenados. Él era el coordinador de la Editorial Municipal y cuando Carlos Pino grabó ahí su disco Tiempo de Cosecha (en 1999) Fander me convocó, por recomendación, y enganchamos muy bien a nivel personal. A partir de ahí empezó a llamarme para incluirme como sesionista en otras grabaciones para discos de la editorial. Y en 2004 me convoca para tocar con él, o sea que ya llevamos 14 años juntos. Estar al lado de Fandermole, que es un poeta y un compositor tremendo, te posibilita estar aprendiendo siempre. Sobre todo en los viajes. Creo que nunca tuve una pelea o un momento de mala onda con él. Ahí hay mucho de su generosidad, porque trae una canción y siempre está permeable a ideas, a compartir. Esa es una gran virtud que explica también por qué es tan considerado como artista y persona.

 

—Es muy común que a los guitarristas se los elogie diciendo que son “virtuosos” ¿Qué te genera a vos esa definición?

 

—Si hay algo que yo no me considero es virtuoso. Lo que hago está muy lejos de eso. El virtuosismo tiene mucho que ver con eso del despliegue técnico, con meter mucho y florearse. No siento que se diga mucho de mí que soy virtuoso. Con los años yo sigo haciendo mío eso de que menos es más. Creo que la experiencia y el tiempo te llevan a eso. Lo mío es el arreglo y, si se quiere, ponerle el corazón a lo que toco.

 

—¿Este año habrá nuevas ediciones del programa que hacés junto a Quique Pessoa para 5RTV (Pessoa Resp.Ltda)?

 

—Ya grabamos la primera temporada y estamos esperando a que nos llamen para hacer la segunda. En el canal se quedaron muy conformes, y es el programa más visto. Estaría bueno que nos llamen para un segundo ciclo porque estamos puliendo cosas que queríamos mejorar.

 

—Creo que un atractivo de ese ciclo es esa cosa íntima y espontánea que generan en el mano a mano. ¿Es tan así como se percibe o hay mucha estructura detrás?

 

 —Con Quique uno nunca sabe para dónde va a salir. Y eso está buenísimo porque te mantiene alerta y todo se da con mucha frescura. Si no estás predispuesto a jugar, ni podés empezar a laburar con él. Dispara para cualquier lado, tira un tema y ahí nomás tenés que arrancar y seguirlo. Es un tipo que está muy predispuesto a la improvisación y al juego. Es un niño. Nosotros tenemos un dúo, que se llama Letra y Música, y este año vamos a reflotarlo. Seguro vamos a presentarnos en Rosario y en Córdoba. Es una cosa muy lúdica que hacemos sobre un escenario: él va hablando de las letras de las canciones y yo de la música y con eso armamos una historia.

 

—¿Y qué otros proyectos tenés para este año?

 

—A corto plazo estoy produciendo el disco de Julián Venegas. Calculo que para marzo estaremos grabando en el estudio. Es un placer hacer eso, producir y componer. Es un disco con canciones de compositores jóvenes de Rosario. Tomamos una canción de Fernando Silva, por ejemplo, y la destrozamos para generar algo distinto. Tomamos cosas del rock, del blues, del candombe o el jazz, y le damos otra impronta.

 

—Siempre con la premisa del juego como motor…

 

—Exactamente. Es que creo que la interacción es lo más interesante de la música. El factor humano es fundamental. Volviendo a lo de la presentación en Cosquín, esa idea de lo lúdico y la búsqueda por lo humano es que me llevó a convocar a los chicos a tocar, porque yo sabía que la íbamos a pasar bien. Aposté a que iba a haber una buena relación, que es algo muy valioso para mí. También estoy con ganas de volver a la guitarra eléctrica así que estamos planeando con Fandermole darle un cambio estético al nuevo proyecto. La guitarra criolla seguirá pero algunas canciones tendrán una veta un poco más eléctrica. Lo estamos pensando en ese plano, de sumarle el color de la guitarra eléctrica.

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