Provincia
31-01-2018
Billetera mata competitividad
Mientras Rosario Central y Newell’s meten la mano en inferiores acuciados por las urgencias y la ausencia de refuerzos de jerarquía, los grandes romper el mercado con compras a valores europeos. Las diferencias son cada vez más grandes y la tendencia parece irreversible.
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Alejandro Mangiaterra | Cruz del Sur

 

En una de las últimas asambleas de AFA los dirigentes votaron cambiar el número de refuerzos que podían contratar para el reinicio de la Superliga. La mirada miope, el pensamiento acotado y la necesidad de cada uno hicieron que creyeran que ampliar el abanico de incorporaciones les permitiría a ellos conformar un plantel más competitivo. Nunca observaron que siempre hay otro que tiene más plata y mejores contactos. Y, por supuesto, mejores armas de seducción.

 

Así, la Superliga se transformó, si ya no lo era, en el sitio propicio para que los grandes, sobre todo Boca y River, se repartiesen los títulos de aquí en adelante. No es de extrañar, el modelo que trajo Javier Tebas –y que votaron los representantes de nuestros clubes en el medio del caos de la Comisión Normalizadora– es el mismo que se lleva adelante en España, donde antes de iniciar La Liga solo resta saber si Real Madrid o Barcelona levantar el trofeo al cabo de la competencia.

 

Cuando los directivos de los clubes, entre ellos los rosarinos, votaron por incrementar el número de refuerzos para esta temporada no cayeron en la cuenta de que Boca y River podría salir al mercado y arrasar, pero mucho menos observaron la dificultad intrínseca que les complica el presente a ellos mismos.

 

Rosario Central sólo pudo traer a Néstor Ortigoza, de pobre paso por Olimpia, y a Oscar Cabezas, un colombiano de 21 años que llega a préstamo y sin cargo procedente de Patriotas de Boyacá. Lo de Newell’s es similar: los regresos de Hernán Bernardello y Denis Rodríguez, más las llegadas de Fabricio Fontanini y Fernando Evangelista apenas sirvieron para hacer menos ostentoso el éxodo de rojinegros hacia otros rumbos.

 

Como contrapartida, Boca repatrió a Carlos Tévez, compró a Ramón “Wanchope” Ábila, a Julio Buffarini, Emmanuel Mas y a la mayor promesa de Talleres “Bebelo” Reynoso. Mientras tanto, River contrató al mejor arquero del fútbol colombiano Franco Armani, Juan Fernando Quintero del Porto; a Bruno Zuculini del Hellas Verona y realizó la inversión más cara de toda su historia el comprarle a Lucas Pratto al San Pablo de Brasil.

 

Tal es la diferencia que Central reinició el certamen sin ningún marcador central de fuste, tuvo que improvisar con el joven Recalde –de prometedor futuro pero inexperto y sin conocimiento respecto de sus compañeros– y con el lateral izquierdo Alfonso Parot como zagueros.

 

Por su parte, Newells trajo más cantidad pero en condiciones llenas de asteriscos. Y además sin la jerarquía de los que contrataron los grandes. Las dificultades económicas hicieron imposible que Llop pudiera apelar algún Plan “A”.

 

Como él mismo expresó “los que llegaron fueron reemplazos”. Estuvo siguiéndole los pasos a no menos de cinco delanteros y no pudo incorporar a ninguno. La necesidad de que los que llegasen fueran a préstamo y sin cargo tornó cada negociación un laberinto sin salida. 

 

Pero la diferencia no se da sólo con River y Boca, también existe por ejemplo con Racing e Independiente. El nuevo equipo de Coudet, al margen de los recientes resultados, se conforma con jugadores de la categoría de Ricardo Centurión, Neri Cardozo, Alejandro Donatti y Alejandro Sigalli entre otros. El caso de Independiente es similar. El Rojo contrató a Silvio Romero, Gonzalo Verón, Brian Romero, Jonathan Menendez y Fernando Gaibor. En este caso particular, el equipo de Holan tuvo que salir al mercado obligado por las salidas de Barco y Tagliafico, las que le dan un poco más de aire económico.

 

El periodista Alejandro Casar, del diario La Nación, escribió que “la balanza comercial del torneo tuvo el mayor déficit de los últimos diez años. Pero la razón no es que los clubes argentinos no hayan vendido futbolistas por unos buenos millones de euros, sino las resonantes compras que hicieron pensando en competencias internacionales”.

 

Si bien es cierto que las coyunturas de cada club son atendibles, las dificultades en las contrataciones de los clubes del interior, apremiados por las urgencias económicas le dan una ventaja muy trascendente a los grandes, que de por sí ya cuentan con mayores beneficios. Central, en los últimos mercados de pases, sobre todo en la era Coudet, se había mal acostumbrado.

 

Fue una isla debido a los ingresos excepcionales que generaron las ventas de Giovani Lo Celso, Walter Montoya y Franco Cervi, entre otras. Por eso, el ahora técnico de Racing pudo en aquella oportunidad contar con dinero fresco para contratar casi a placer. Pero hoy el Canalla no tiene un zaguero central de repuesto, tampoco un volante central que auxilie a Maxi González, un joven que hace seis meses fue cedido a préstamo a un club (Quilmes) que había descendido. Tampoco hay un conductor alterno a Ortigoza, los últimos juegos son la clara evidencia.

 

Lo que le ocurre a Newell’s es aún peor, no tiene otra alternativa que ir a buscar a inferiores cada cinco minutos: se quedó sin lateral izquierdo y tuvo que desprenderse de los dos que venían detrás (Martínez y Valenzuela); por la imposibilidad de traer de afuera tuvo que hacer debutar a chicos de 17 años como tenían Enzo Cabrera y Joaquín Torres al momento del debut; no tiene “9” reemplazante de Luis Leal ni tampoco alguien que le meta presión a Sarmiento como un conductor alterno.  

 

Mientras las diferencias económicas que proponen los ingresos de televisión no se ajusten y, aun más, mientras el resto de los dirigentes sigan siendo funcionales a los intereses de los dirigentes de los grandes será difícil revertir la tendencia. River y Boca, los dos clubes que más reciben de la TV, recibirán más de $60 millones cada uno. Racing, Independiente, San Lorenzo y Vélez percibirán $48 millones. El resto de los equipos, $36 millones cada uno. Los grandes tienen cada vez más poder, mejores billeteras y –como consecuencia– están siempre un paso más cerca de la coronación.

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