Sociedad
10-01-2018
El Estado de bienestar al rescate

Un centenar de investigadores de distintos países realizó un informe titulado Desigualdad Global 2018 en el que se analizaron fenómenos macro y microeconómicos para proyectar la evolución de la desigualdad de ingresos y riquezas en el mundo hasta 2050. Advierten que sólo la inversión pública en educación, salud y protección medioambiental podrá frenar el deterioro de las clases medias.

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Mientras la alianza que gobierna la Argentina sigue aplicando recortes en el mal llamado gasto público con el pretexto de cumplir las metas de reducción del déficit fiscal, un informe realizado por cien investigadores de los cinco continentes* bajo el título World Inequality Lab 2018 (Desigualdad Global 2018) proyectó la evolución de la desigualdad de ingresos y riquezas en el mundo hasta 2050 y concluyó, entre otras cosas, que la brecha seguirá creciendo a escala mundial si no se realizan más inversiones públicas en al menos tres pilares fundamentales: educación, salud y protección medioambiental. Alertan que si en el futuro las condiciones actuales se mantuvieran sin cambios, la desigualdad a escala mundial continuaría creciendo, haciendo cuesta arriba la erradicación de la pobreza y reduciendo la clase media mundial en términos de riqueza.

 

En su introducción, los autores aclaran que el informe   intenta   articular   los   fenómenos  macroeconómicos  (políticas  de  nacionalización y privatización, acumulación de  capital,  la  evolución  de  la  deuda  pública)  con   los   microeconómicos   relativos   a   la   desigualdad (los ingresos de los individuos, las transferencias por ellos percibidas, así como su riqueza y deuda individuales).

 

“Hacer  consistente  la  evidencia  macro  y  microeconómica sobre desigualdad no es una tarea sencilla, habida cuenta de que muchos países  no  publican  -o  si  quieran  producen estadísticas  detalladas  y  consistentes  sobre  la  distribución  del  ingreso  y  la  riqueza.  Las medidas estándar de desigualdad se basan en encuestas de hogares, que sistemáticamente subestiman  los  ingresos  y  la  riqueza  de  los  individuos en lo más alto de la distribución”, explican.

 

A nivel global, el estudio señala que el incremento de la desigualdad de riqueza en el interior de los países ha potenciado el crecimiento de la desigualdad. “Bajo el supuesto razonable de que la tendencia mundial puede ser captada por una combinación de China, Europa y Estados Unidos, entonces la proporción de riqueza controlada por el 1% más rico del mundo pasó de 28% a 33%, mientras que la del 75% de menor riqueza osciló alrededor de 10% entre 1980 y 2016”, afirman. Y subrayan que, de continuar las tendencias observadas en términos de distribución de la riqueza, la participación del 0.1% más rico del mundo entendido como una combinación de China, Europa y Estados Unidos, será equivalente a la de la clase media para 2050.

 

La desigualdad de ingresos mundial –aclaran– también se incrementará de no cambiar las condiciones actuales, incluso bajo supuestos optimistas al respecto del crecimiento de los países emergentes. Sin embargo, deducen que esto no es inevitable: “La desigualdad mundial de ingresos  también  aumentará  si  los  países  persisten  en  la  trayectoria  que  han  mostrado  desde  1980, incluso asumiendo altas tasas de crecimiento en África, América Latina y Asia en las próximas tres décadas. Ésta se incrementará aún más si todos los países siguen la trayectoria de creciente desigualdad que Estados Unidos experimentó entre 1980 y 2016. Si, por el contrario, los países siguen la trayectoria europea, la desigualdad se reducirá moderadamente”.

 

La propia dinámica de la desigualdad en el interior de los países es un fenómeno que tiene un inmenso efecto en la erradicación de la pobreza a escala global. Para graficar esto, estiman que “la evolución de los ingresos de la mitad más pobre de la población mundial puede variar para 2050 entre 4.500 y  9.100 euros anuales por adulto en función de la trayectoria de desigualdad que sigan los países”.

 

Endeudamiento y paraísos fiscales

 

“Se necesitan mayores inversiones públicas en educación, salud y protección medioambiental, tanto para combatir la desigualdad existente como para prevenir incrementos futuros. No será fácil, habida cuenta de que los gobiernos de los países ricos se han empobrecido y se encuentran muy endeudados. Reducir el endeudamiento público no es una tarea sencilla (varios mecanismos han sido empleados en el pasado: aumento de los impuestos progresivos, condonaciones de deuda, inflación), pero es central para mejorar la posición de partida de las generaciones jóvenes”, concluyen los autores de World Inequality Lab 2018.

 

En un tramo del informe advierten que un registro financiero global que dé cuenta de la propiedad de los activos financieros permitiría “limitar la evasión fiscal, el lavado de dinero y el crecimiento de la desigualdad”, y admiten que, si bien los sistemas tributarios son herramientas cruciales para reducir la desigualdad, enfrentan  una  serie  de  obstáculos.  “Uno  de  los  más  relevantes  es  la  evasión  tributaria,  como  se  ha  puesto  en  evidencia  recientemente con los Paradise Papers los activos en paraísos fiscales se han incrementado considerablemente desde la década de 1970, y en la  actualidad  representan  más  del  10%  del  Pib mundial”, sostienen.

 

En ese sentido, los autores destacan que “la creciente importancia de los paraísos fiscales dificulta la estimación de la  riqueza  y  los  ingresos  derivados  de  ésta  en un mundo globalizado, y limita el alcance del  sistema  impositivo.  Si  bien  los  catastros  relativos  a  la  propiedad  de  la  tierra  y  a  otros  bienes  inmuebles  no  son  fenómenos  recientes, en la actualidad proporcionan información muy limitada para conocer la riqueza de los hogares (y su distribución), dada la relevancia creciente de los activos financieros. La creación de un registro financiero global (para el  que  existen  distintas  alternativas)  permitiría  a  las  autoridades  tributarias  nacionales  combatir la evasión de modo más efectivo”.

 

Una mirada local

 

El economista argentino Ernesto Mattos se hizo eco del informe World Inequality Lab y tomó algunos datos salientes para contextualizarlo con la situación de nuestro país. En un texto publicado en la revista digital Kamtchatka (revistakamtchatka.com.ar), Matos hace el siguiente planteo:

 

La etapa actual, iniciada entre 1970 y 1976, tiene como punto de inflexión la utilización de los fondos de pensión (estatales-privados) para colocarlos en espacios económicos bajo la modalidad de deuda externa más una tasa de interés, al tiempo que se organizaba una ingeniería financiera que permitiera titularizar esas deudas externas (allá por los años ochenta). Esto posibilitó financiar países y que estos sean rescatados por organismos internacionales. En su defecto, acompañado con políticas de privatización de activos estatales y desregulación económica: financiera y comercial.

 

La desregulación financiera apuntaba a las trabas de la cuenta capital y financiera. En el caso de la desregulación comercial -interna y externa-, la primera tiene que ver con la reducción de impuestos y subsidios de los sectores industriales y la externa con las industrias exportadoras que producían para abastecer los centros sin derechos de exportación.

 

Esta batería de medidas fue acompañada por la introducción de los productos importados demandados por las empresas trasnacionales, que al quedarse con los activos estatales o consolidarse en su rubro, producto del cierre de la competencia, comenzaron a demandar productos pero no de proveedores locales sino de sus casas matrices. Este contexto de desregulación económica y consolidación de las empresas trasnacionales es lo que vino acompañando la concentración del ingreso y la riqueza.

 

Estamos en una situación similar al período 1880-1913, la conformación de los monopolios y la idea dominante en el pensamiento económico acerca de que el Libre Comercio es la guía para el desarrollo, nutrida por el darwinismo económico y el individualismo exacerbado.

 

Por ello, la actualidad nos advierte que las desigualdades económicas y sociales continuarán imperando de proseguir las políticas económicas que algunos bloques económicos quieren implementar, principalmente bajo la doctrina del libre comercio. En consecuencia, surgen interrogantes como si es posible que la economía argentina compita, en términos de producción de mercancías y estructura productiva, con su par francesa o alemana. ¿Qué ventajas ha desarrollado el entramado industrial argentino para poder disputar mercados?

 

Tomando en comparación los casos de Estados Unidos y la Europa Occidental, se confirmó una tendencia entre 1980 y 2016: el 50% más postergado de la población norteamericana pasó del 21% al 13% en la participación  del ingreso, en tanto que el 1% de mayores ingresos pasó del 12% al 20%, en el mismo periodo. En el caso de la Unión Europea no fue  tan drástico el cambio de políticas económicas y el paradigma de capitalismo financiero. El 1% de mayores ingresos trepó de un 10% a un 12% mientras que el 50% de menores ingresos descendió de un 24% a un 22%. El incremento en el 1% es similar a la reducción en participación del ingreso del 50% de menores ingresos.

 

En el caso argentino, según los datos del INDEC, la distribución del ingreso marca que del ingreso total de los hogares, el 30% más rico se queda con el 57,5% del total y el 30% más pobre, con el 10,4%. En tanto, el 10% más rico recibe el 28,4% del total, y el 10% más pobre apenas el 2%. A su vez, el 10% de los hogares más ricos recibe lo mismo que el 55% de los hogares menos favorecidos.

 

Con este panorama, no solo internacional sino nacional, el informe recomienda que el acceso igualitario a la educación es importante, pero es insuficiente para reducir la desigualdad por sí solo en ausencia de mecanismos que aseguren empleos bien remunerados a la población más pobre. Y concluye que la evidencia muestra que la progresividad del sistema impositivo (considerado globalmente) es una herramienta efectiva para combatir la desigualdad, un sistema impositivo progresivo que armonice la captación de riqueza en función de un desarrollo social equitativo y sostenible. ¿Reducir impuestos no reduce la desigualdad?

 

* El informe se basa en la recolección, producción y armonización de evidencia llevada a cabo por más de cien investigadores de cinco continentes, que contribuyen a Widworld y a la WorldWealth and incomedatabase (por más información puede visitarse el sitio wid.world/team. El Informe se basa en artículos académicos recientes escritos por: Facundo Alvaredo, Lydia Assouad, Anthony B. Atkinson, Charlotte Bartels, Thomas Blanchet, Lucas Chancel, Luis Estévez-Bauluz, JulietteFournier, Bertrand Garbinti, Jonathan GoupilleLebret, Clara Martinez-Toledano, Salvatore Morelli, Marc Morgan, DelphineNougayrède, FilipNovokmet, Thomas Piketty, Emmanuel Saez, Li Yang y Gabriel Zucman.

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Martes 14 de Agosto de 2018
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