Sociedad
27-12-2017
El contador cuentacuentos

Un hombre de 55 años montó por años una oficina contable, se presentaba como profesional de los números y estafó por una suma millonaria al Fisco y a sus clientes, que ahora deben afrontar las consecuencias de sus estafas. El falso economista se encuentra detenido.

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Carina Ortiz | Cruz del Sur

 

Se hacía pasar por contador público nacional, tenía montada una oficina donde atendía a sus clientes. Eran comerciantes y dueños de pymes quienes contrataban sus servicios, pero una investigación interna de la Administración de Ingresos Públicos (API) dejó en evidencia la gran estafa. El sospechoso realizó 3.700 falsas declaraciones juradas de unos 84 clientes que fueron estafados en su buena fe.

 

Los pagos no entraban al Fisco y el hombre se quedaba con esos montos. Hacía comprobantes apócrifos para sus clientes, quienes se encontraron con grandes deudas fiscales. La Fiscalía lo imputó a principios de noviembre por más de 50 casos y a mediados de este mes amplió la imputación por otra treintena de hechos. La Fiscalía estima que el hombre cometió un defalco cercano a los dos millones y medio de pesos sin contar los intereses.

 

Una inspección de API dejó al descubierto el fraude millonario contra el fisco y unos 80 contribuyentes de pequeñas empresas y comerciantes. Un control de rutina a una ferretería marcó las irregularidades en la contabilidad del local. EL dueño había contratado a un contador con más de 25 años de experiencia, según algunos testigos. Durante 9 años le confió la contabilidad de su negocio. Pero los números no cerraban, el hombre contaba con una enorme deuda. Las declaraciones juradas que su contador había presentado eran falsas y el efectivo que le entregó para saldar el impuesto se habían esfumado.

 

El ferretero decidió hacer una consulta con otro profesional y descubrió que su contabilidad no era lo que pensaba. Tenía una deuda ante el API por 78 mil pesos por la falta de pago del impuesto a los ingresos brutos y estaba registrado en AFIP como apicultor. Esta categoría no paga impuesto a las ganancias ni IVA, pero Edgardo R. se los cobraba. El falso contador le entregaba comprobantes que no tenían ninguna validez. Algunos meses lo pasaba a la categoría que correspondía ante AFIP y posteriormente lo volvía a inscribir como apicultor. El ferretero finalmente lo denuncio y debió afrontar un plan de pagos ante el ente fiscal.

 

La investigación

 

Las falsas declaraciones juradas que presentaba en API fueron la punta del iceberg. Tras la denuncia, la fiscal Valeria Haurigot ofició a distintos organismos públicos y los números no cerraban. Las denuncias comenzaron a llover. Los desafortunados clientes del falso contador contaron cómo se relacionaban con el “profesional de su confianza”.

 

El hombre se presentaba mensualmente en los comercios o empresas, pedía la documentación y el dinero para pagar todas las cargas fiscales, entre ellos el derecho de registro e inspección (Drei), el impuesto provincial de ingresos brutos o monotributo. También realizaba declaraciones juradas frente a API, sus clientes le daban el dinero para pagar el gravamen, pero en el documento agregaba que el titular del comercio era sujeto pasivo de retenciones o percepciones de un agente de retención que siempre era la misma firma. La retención coincidía con el monto del impuesto a pagar, entonces compensaba, dejaba la declaración en cero y se quedaba con el dinero, explicó la Fiscalía.

 

La oficina del falso contador fue allanada y se secuestró documentación importante para el caso, entre ellos talonarios de recibos que decían “estudio contable y gestoría”. Encontraron en la computadora plantillas de comprobantes de pagos que el hombre imprimía para darle a sus clientes. Tenía en su base de datos unos 140 clientes. Un ex empleado de la oficina que se presentó a declarar espontáneamente dijo que trabajó unos 6 años con el hombre.

 

Se dedicaba a pasar a la computadora los datos sobre la facturación de unos 150 clientes a los que les cobraba entre 300 y 1.000 pesos según su categoría. Su empleador se presentaba como contador aunque en esa carrera de grado nunca logró aprobar ni una sola materia, aseguró.

 

Los informes de los oficios remitidos por la Fiscalía fueron lapidarios. En el Colegio de Mandatarios de Trámites de Automotor, Edgardo R. estaba inscripto. Contaba con alrededor de siete expedientes abiertos ante el Tribunal de Ética y fue sancionado en tres oportunidades con una suspensión. Mientras que en Afip estaba inscripto como prestador de servicios, pero entre 2010 y 2015 no tuvo actividad. Antes de ello, figuraba como apicultor, según la pericia.

 

En su planilla migratoria le figuran 22 salidas del país, incluidas dos en crucero: Sudamérica, Europa, Sudáfrica fueron los destinos de sus viajes. Con toda esa evidencia la fiscal Haurigot lo imputó a principios de noviembre ante la jueza Mónica Lamperti. Estafa, falsificación de documento, usurpación de título y honores, abuso en el desempeño de una profesión o actividad que necesita autorización del poder público y simulación dolosa de pagos agravado por el ánimo de lucro fueron los delitos. La magistrada, a pedido del fiscal, dictó la prisión preventiva de Edgardo R., de 55 años, hasta el próximo 29 de diciembre.

 

A mediados de diciembre, la fiscal amplió la imputación contra el falso contador. Con idénticas maniobras, otra treintena de personas cayeron bajo sus redes. La Fiscalía estimó que Edgardo R. realizó cerca de 3.700 declaraciones juradas falsas ante API y estafó al Fisco en unos dos millones y medio de pesos, sin contar los intereses que la deuda generó.

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