Cultura
20-12-2017
Una tragedia contemporánea

Se estrenó en El Cairo “Triple crimen”, un ensayo documental de Rubén Plataneo que indaga en testimonios, el juicio y las reflexiones sobre la masacre del 1 de enero de 2012 en Villa Moreno que cambiaría para siempre la percepción de los asesinatos de jóvenes en las zonas más vulnerables de Rosario.

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Pablo Makovsky | Cruz del Sur

 

Los baleados no mueren, o no terminan de morir. Con una ráfaga en el cuerpo, Patom llega a decirle a la madre que siente frío. Ella lo cuenta a la cámara sacudida por un llanto contenido, la escena está filmada a unos metros de donde sucedió el triple crimen de su hijo junto con sus amigos de militancia social Jere y Mono, en la canchita de la esquina de Dorrego y Presidente Quintana, corazón de Villa Moreno, la madrugada del primer día del año 2012. La emoción se gesta y se sofoca en la contemplación de ese rostro curtido, duro, que habla de la muerte de un hijo, y de sopesar la dimensión de lo que habita ese rostro.

 

“Triple Crimen”, film que el cineasta rosarino Rubén Plataneo estrenó este año en el Bafici y desde hace una semana puede verse en Rosario en el cine público El Cairo, es un documental y una ensayo en el que el realizador interroga esa masacre que de algún modo cambió la forma de ver los asesinatos de jóvenes en las zonas más pobres de una ciudad que desplegaba sus luces y esplendor frente al río.

 

A la vez, desliza una hipótesis: todas esas matanzas que se cobran las vidas de muchachos que apenas llegan a los 25 años tienen como música de fondo el flujo de dinero hacia paraísos fiscales y la especulación inmobiliaria. La matriz de esa forma obscena de acumular riqueza tiene como peldaño inicial esos muertos, víctimas de sicarios, narcotraficantes y policías cómplices, dueños y señores de un territorio que se parece cada vez más a un campo de refugiados.

 

Patom, Jere y Mono fueron asesinados por tres sicarios que no superaban los 25 años y actuaban al mando del Quemado Rodríguez, un cuarentón apañado por la policía, según señalan las investigaciones periodísticas y se escuchó en el juicio que el año pasado les dio sendas sentencias mientras familiares y vecinos de las víctimas montaban una carpa frente a los Tribunales provinciales de Rosario.

 

“Un laberinto sin centro”, dice Plataneo, que observa todo el cuadro –la masacre en la villa, la corrida por los pasillos del barrio pobre y la secuencia en los de Tribunales– y capta los ecos de esa figura que está más allá de los libros y sus lectores: la tragedia, esa antigua forma de representar el drama de una comunidad a través del sacrificio de uno de sus miembros. En el Triple Crimen hay padres que entierran a sus hijos y rescatan sus nombres de la infamia (las tres muertes fueron presentadas por algunos medios y partes policiales como “ajuste de cuentas”), así como un padre –el Quemado– que quiere vengar la muerte de su hijo.

 

El lugar común dice que la realidad supera la ficción. Sin embargo, la ficción es el lenguaje de ese gran relato que llamamos realidad. Para que algo acontezca debe entrar en el lenguaje y para que eso suceda tiene que haber una “forma” que lo albergue. “Triple crimen” va a la busca de los hechos, los cuestiona, cuestiona la percepción misma de su autor, y halla esa forma que cuenta una dolorosa historia de justicia.

 

—¿Cuándo comenzaron con la filmación de la película?

 

—Empezamos el 2013, con los familiares en la canchita de fútbol, en la villa. Nos metimos en los lugares donde vivía la gente, en la cuadrita alrededor de la cancha (de Dorrego y Quintana) que era el centro de juego y esparcimiento de las familias y siempre hay torneos sábados y domingos. Y en ese lugar donde los pibes van a aprender fútbol ocurre la tragedia esa noche (del 1 de enero de 2012). La canchita estaba absolutamente a oscuras entre los petardos y los fuegos artificiales del inicio de año. Era una escenografía trágica que marcó de entrada el recorrido que íbamos a hacer.

 

—El lugar mismo tiene protagonismo.

 

—Decidí hacer la película con los familiares en ese lugar y fue muy importante para mí hacerlo en esas condiciones: la noche cerrada, la gente destapando sidra en sus casas y el sonido de los disparos que se confunde con los petardos y los fuegos artificiales y, después, todos corriendo por los pasillos, como en una especie de laberinto sin centro mientras trataban de rescatar los cuerpos de los chicos y la policía qué hacía vallas para que no pasen. Después empezamos a registrar situaciones que tenían que ver con la reconstrucción del momento del crimen considerando que cada uno podía aportar su visión. Ahí me di cuenta de algo que tuvo que ver con la estructura de la película, y es que había una visión totalmente facetada que se iba a trasladar al film, una suerte de caleidoscopio. Y después salió el juicio y entonces nos metimos en ese proceso.

 

—Esas distintas facetas, los relatos en el barrio, el juicio, tienen incluso puestas en escena distintas, diferentes formas de registrar los lugares, los protagonistas.

 

—Sí, de hecho yo vi que había una luz determinada y lo trabajamos. Porque también la luz contribuye: hay una luz cálida en el barrio y una luz totalmente fría en el tribunal. La puesta en escena también reproduce esta cuestión de meternos por los pasillos de la villa y los pasillos de tribunales, pero claramente diferenciados los tonos fríos y cálidos entre uno y otro.


En “Triple crimen” Plataneo intenta captar ese proceso por el cual los testigos, vecinos del barrio, familiares de las víctimas, provocan un cambio del que ellos mismos son protagonistas directos: “Se transforman, de personajes ordinarios de un barrio común pasan a ser personajes extraordinarios frente a los medios, a los estrados judiciales, organizan marchas. Ese proceso va enhebrando la película que en el montaje final se transforma en cuadros: el inicial del crimen, otro del juicio, otro del epílogo, o sea cómo quedan los personajes después de la sentencia”, dice el director.

 

—”Triple crimen” recobra el sentido original de la palabra “trágico”: esas tres muertes que parecían sin sentido de repente cobran uno a través de una acción que une a la comunidad, le da una identidad. En un hecho que es inédito hasta ese momento.

 

—Sí, desde el principio empecé a preguntar dónde estaba cada uno (cuando suceden los asesinatos), de dónde había venido, qué recorrido había hecho. Entonces se comenzó a configurar una especie de cartografía visual, cosa que me influyó para tratar de organizar la película. Es una historia trágica clásica, pero desarrollada en nuestra contemporaneidad, incluso el salto de los protagonistas, que se transforman en personajes de una historia extraordinaria, la historia de un grupo que resiste y persiste para lavar el buen nombre de sus hijos, que habían sido tratado de soldaditos de barrabravas tanto por algunos medios como por el parte policial, o el expediente judicial, que de no haber sido por esa reacción de los familiares hubiese quedado como tantos otros expedientes, archivados durante años con la carátula del ajuste de cuentas. Y eso venía ocultando el trasfondo de lo que estaba sucediendo en la ciudad, que era que había una red de narcotráfico totalmente desbocada, muchísimo armamento provisto por el mercado negro que todos coinciden en señalar como dominado por la policía, y un proceso de lavado de dinero a cargo de empresarios y banqueros que siempre fue también encubierto, evidentemente había una trama de complicidades desde lo institucional.

 

—Planteas un documental pero también un ensayo.

 

—Para mí el Triple Crimen significó un punto de inflexión social: llevó a que se cambiara la legislación jurídica, se transformó en el primer juicio oral y público, hizo que la sociedad en general conociera la trama de complicidades que había en este tipo de crímenes, que se conociera que había entre 200 y 300 asesinatos violentos al año y que el 60% de las víctimas eran menores de 25 años: esa es una cosa totalmente delirante de la estadística, que refleja el nivel de crueldad, y se trata de varones pobres; son siempre los mismos los que padecen ese mecanismo de la economía delincuencial, y eso va desde el narcotráfico hasta lo que hoy (por el lunes) se está votando en el congreso nacional: la economía que lleva al lavado de dinero, a los paraísos fiscales. Yo había decidido que iba a ser un documental distinto, que iba a estar alejado de la estructura estándar convencional e iba a ensayar sobre esos elementos que estaban en juego y tienen que ver con lo más global, porque en este caso ocurrió en Rosario, pero ocurre en todas las urbes del mundo, es un problema de la economía global. También quise cuestionarme a mí mismo los elementos del documental. Durante la filmación atravesamos un juicio donde todos los días se hablaba de “la documental”: la documental probatoria, la documental “que obra en nuestros registros”, la del expediente, y yo pensaba: nuestra película va a ser la documental del Triple Crimen, y si bien es una película que se maneja con algunos elementos de la realidad (protagonistas directos, biografías reales), a la vez reflexiona sobre sí misma, porque para mí no hay mejor ficción que un buen documental: acá la vivencia directa de los protagonistas estaba poniendo en jaque la idea misma de la película y yo quería que eso se reflejara, que la película reflexionara sobre sí misma.

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