Política
13-12-2017
Con una ayudita del Estado

El capital financiero vino a Argentina hace 60 años ayudado por políticas represivas, sostiene el historiador Bruno Nápoli, quien arguye en esta entrevista que no vale la pena hablar de corrupción cuando hay una legislación y un sistema tributario que funcionan de modo diferenciado ante la ley, que favorece a los capitales concentrados de los bancos.

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León Lewkowicz y Facundo Abramovich*

 

Bruno Nápoli es docente, escritor e investigador en historia reciente. Desnuda el drama de la historia próxima argentina resumiéndola en dos palabras: desaparición y deuda. Dice que la financiarización de la economía y la represión son el drama de los últimos 60 años. Leyes represivas y leyes económicas: dos caras de una misma moneda. Aquí no hay “gobiernos progresistas” y “gobiernos de derecha”, ni siquiera, dictadura y democracia.

 

Casi sin interrupciones, gobierno tras gobierno, el diálogo entre economía y represión se mantuvo intacto, sostiene Nápoli, autor, entre otros libros, de “La dictadura del capital financiero: el golpe militar corporativo y la trama bursátil” (2014) y “En nombre de Mayo. El impresente político”. Enoja a los peronistas, a los radicales, a los frondizistas, a los kirchneristas y también a la militancia de izquierda. Nápoli reivindica al anarquismo.

 

Al hablar de las tierras donde habitan las comunidades originarias dijo que es “un subsuelo muy rico, con gente muy pobre arriba”. Así también ve la historia: su “subsuelo” terrateniente, latifundista y empresarial con complicidad estatal.

 

—Estudiás la historia económica reciente, en particular, al capital financiero desde sus inicios hasta hoy día. En las últimas dos décadas el discurso sobre la corrupción ha causado fuerte impacto. En los últimos 10 años dejó de ser bandera progresista para ser el discurso de la derecha, el discurso proempresarial, para atacar a los “gobiernos progresistas” en todo Latinoamérica pero, en particular, en Argentina y Brasil. ¿Cómo pensás ese fenómeno? ¿Qué es la corrupción? ¿Cómo se organiza, en qué consiste?


—Cuando se habla de corrupción y sistema financiero, el tema es difícil de plantear: no se puede hablar de corrupción solamente como un grupo de personas que roba algo. En términos del delito en si, por ejemplo, un corrupto es alguien que vacía una empresa o una “sociedad comercial” adrede, la manda a la quiebra y fuga el dinero. Pero hay una dinámica del sistema financiero por su auto-regulación que hace difícil seguir el delito: un sistema que tiene la posibilidad de generar presión a partir de grandes crisis económicas, de vaciar el sistema de liquidez (como hizo en 2001, cuando vació los bancos y giró el dinero al exterior) y luego, junto a los representantes del Estado, el mismo sistema financiero deroga leyes que castiguen el ilícito y arma leyes en función de lo que nosotros podemos pensar que es un delito de corrupción (como el salvataje a los bancos vía “blindaje”, o el pago a los ahorristas de lo fugado). Pero, en realidad, no es corrupción en términos legales; una legalidad lograda con la ayuda de instituciones estatales (por caso, el Congreso de la Nación).

 

—Mencionaste al sistema financiero. Allí hay una complejidad que desconocemos absolutamente. En alguna medida llegaron a ser cuestionados a principios de la década, pero en los últimos años ha vuelto a ser normal el banco, tener la plata ahí, cobrar ahí, depositar por home banking, realizar todo tipo de transacción. ¿Cómo funciona el sistema financiero? ¿Cómo se lo regula?

 

—El sistema financiero se mueve con sus propias reglas y leyes hechas a medida, en una legislación de varias décadas. Existe una ley general que regula todo el sistema financiero (entidades bancarias y no bancarias) –que es la Ley de Entidades Financieras del 14/02/77 LEY Nº 21.526. Esa ley sigue vigente. ¿Cuál fue el espíritu de esa ley? Primero hay que entender que fue hecha en un contexto represivo. Segundo, que fue hecha en el contexto de un avance neoliberal que pretendía la concentración financiera (dejar el manejo del capital en pocas manos). Si vos lees la letra de la ley apunta a la concentración financiera. Y están los números: hace 40 años (cuando se sancionó la ley) había en la Argentina más de 800 entidades financieras, bancarias y no bancarias (bancos comerciales, bancos nacionales, bancos provinciales, casas de cambio, cajas de crédito, bancos cooperativos). Se sanciona esa ley y pasan a ser 600 a los dos años. 400 a los cinco años. Hoy, en la Argentina, hay 78 entidades financieras (bancarias y no bancarias) y tenés el doble de población (hace 40 años tenías 25 millones de habitantes, hoy tenés 44 millones). ¿Concentra? Y, sí. Es una ley pensada para la concentración financiera; una ley que le permite a un grupo de prestamistas que sean dueños de casas de cambio o bancos (u otro tipo de entidad financiera) juntarse entre tres, cuatro, veinte, cuarenta incluso y formar un solo Banco. Es decir, cuarenta entidades financieras de distintos rubros se juntan, arman un banco y concentran los préstamos, los plazos fijos, las cuentas corrientes, las tarjetas de crédito. En la actualidad, de esas 78 entidades financieras, 63 son bancos. Y en 2016 esos bancos recaudaron 74.560 millones de pesos. Los números asombran: hay en la actualidad casi 37 millones de tarjetas de crédito en la Argentina, más 42 millones de cajas de ahorro, y unas 5 millones de cuentas corrientes. Tenés cerca de cien millones de instrumentos financieros manejados por muy pocas “personas jurídicas”. Una concentración de todo el dinero circulante. Todas las cuentas sueldo de la Argentina obviamente pasan por un banco, y son sólo 63. Entonces, hablar de corrupción es complicado porque de lo que estamos hablando es de figuras que pueden ser delitos o estafas en otros países, pero muchas de ellas están legalizadas o permitidas por la ley, como las exorbitantes tasas de interés en tarjetas de créditos. La ley de entidades financieras empieza diciendo que pueden hacer todo. Si vos no tenés otra legislación que la contrarreste, bueno, no hay casi nada prohibido entonces.

 

—¿Hay entonces una comunión entre Estado y sistema financiero, o democracia representativa y sistema financiero?

 

—Fijate otra “trampa” de los bancos: ¿de qué “vive” un Estado? De cobrar impuestos por cada actividad comercial que se realiza, desde la compra venta de mercancías (cualquier tipo y rubro) hasta los intercambios de instrumentos financieros. Tanto las “personas jurídicas” (empresas) como las personas físicas, pagan por toda actividad realizada. Pues bien, la renta financiera en Argentina no paga impuestos. La rentita financiera, la que se hace por fuera de la Bolsa y realizada por personas físicas, sí, pero la realizadas por “personas jurídicas” no. ¿Y qué pasa con los bancos? No pagan, entonces, ¿qué te dicen? “Nosotros no tenemos plata. Trabajamos con patrimonio neto negativo”.

 

—¿Patrimonio neto negativo sería sólo con el dinero de los clientes?

 

—Exactamente. Lo que te dicen es: toda la plata que tenemos es de los clientes. ¿Y un capital inicial? Ya está puesto en el encaje que pide el BCRA. Luego tenemos gastos para mantener el sistema, el sueldo de los empleados, etc. Con lo cual, tienen la excusa perfecta para no pagar impuestos. Y a la par, la renta es altísima. De 2012 al 2017 la única renta que creció es la renta de los bancos: es una línea ascendente y constante. Creció muchísimo, fueron los que más ganaron dentro de la economía local.

 

—Entonces, legalmente se presentan como deudores de los clientes

 

—Sí, y además, por cada peso que recibo de los clientes, una parte se la tengo que dejar al Banco Central como parte de un encaje bancario (y garantía). Los encajes bancarios son eso: yo recibo un plazo fijo y el 25% se lo dejo al Central como garantía, así el Central responde si yo no puedo responder. Ahora se bajó eso: el Banco Central lo bajó al 22%, es un montón de plata. No es poca plata: es muchísimo el dinero que le permite manejar a los bancos. Eso por un lado. Pero además, el Banco te dice “soy el tercero de confianza entre los que hacen operaciones, soy el garante de que la economía funcione cuidando el dinero de los demás”. Por otro lado, el banco financieriza todo lo que toca: su motivación son los préstamos con interés. No importa si no llegás a fin de mes, el banco te refinancia, mientras seas “solvente”, y ser solvente no quiere decir ser rico. Ser solvente quiere decir que vos tengas un mínimo ingreso. Por ejemplo, un plan social, una Asignación Universal por Hijo de $7.000. Bueno, para el banco sos solvente. Te da un préstamo. Porque si vos no lo podés pagar, puede accionar y quedarse con una parte de tu Asignación, ya que es el banco el que te la paga a fin de mes, y puede retenerte una parte con solo apretar un “enter”. Entonces, en vez de cobrar 7.000, cobrás 3.000 porque le debés al banco. Los sectores empobrecitos pero con asignaciones (sean jubilaciones mínimas, pensiones o planes) son los que están más financierizados: el proyecto Argenta, que el Estado nacional sacó entre las PASO y el 22 de octubre pasado, dio miles de créditos a los sectores más vulnerables. Porque está comprobado que la “intención” de pago de los sectores vulnerables es muy rígida: el pobre quiere pagar, no quiere quedarse sin el crédito, quiere responder por lo que le dieron.

 

—¿Y los créditos hipotecraios?

 

—También son parte de esta financierización, aunque no hay grandes líneas de préstamos hipotecarios. Las pocas que hay son un boom, pues todos quieren cumplir “el sueño del techo propio”. Pero son también bastante peligrosos porque cuando te prestan créditos UVA (unidad de valor adquisitivo) no debés pesos ni dólares: debés UVA que es una unidad para valorar asignada por el banco y que se va ajustando de acuerdo a la inflación y a las tasas que dicta el BCRA. Si vos a fin de mes no llegás a pagar, el banco te dice: “Ok, esta cuota no te la aumento. Pero te quedás un mes más conmigo”. Si al año no podés pagar te dice: “Bueno, te extiendo el préstamo”. Lo que quiere el banco es que vos estés atado a eso. Además de eso, los bancos se están endeudando. Porque para prestar dinero o para darte dinero en dólares o en pesos, los tiene que conseguir: ¿de dónde los saca?, de otros ahorristas o dinero que puede traer del exterior.

 

—Mientras desde el gobierno se llama a que los trabajadores “hagan un esfuerzo” –es decir que sufran la precarización–, ¿qué pasa con la plata, qué rol juegan los bancos?

 

—La paradoja de esto es que en un momento donde los discursos políticos dicen que no hay dinero, que el déficit es alto, que el Estado está fundido, los bancos tienen más liquidez que antes. Porque están haciendo enormes negocios con las tasas altas que pone el Central en instrumentos financieros como las LEBACS, letras que el Central vende, ¿y quién las compra? ¡Los bancos! Con lo cual viven del negocio del Central y sus altas tasas, entonces hoy ves que los bancos ofrecen dinero en todo tipo de préstamos personales, y hay una catarata de publicidad invertida en estos instrumentos.

 

—¿Y qué sostenibilidad en el tiempo tiene esto?

 

—La pregunta del millón es en qué momento esto puede reventar. ¿Cuándo la gente deje de pagar? No. Cuando los bancos decidan que las formas ficticias de estos instrumentos no tienen correspondencia con la forma de la economía real. Eso no lo decide ni el Estado ni la sociedad: lo decide el sistema financiero. ¡Cuando la diferencia ya es muy grande, entre todos los instrumentos financieros ficticios que inventó (préstamos personales, préstamos hipotecarios, préstamos argentos, préstamos a jubilados, préstamos para viaje, préstamos para refaccionar) y la economía real, el número de personas a endeudar es finito! Cuando todos esos instrumentos, ya son muchos y se hace una burbuja, y no se condicen con la economía real (cuando ya no hay tanto dinero para poder pagarlo, ni hay tanta gente), decide el mismo sistema financiero entrar en crisis. Se da en quiebra todo el sistema financiero, dice que no tiene más plata, la que tienen la fugan al exterior o a alguna guarida fiscal y esperan el salvataje de Estado. Y la rueda vuelve a girar.

 

—Digamos que no es que los bancos dejen de ganar y por eso “quiebran”, sino que “quiebran” cuando su tasa de ganancia ya no los satisface.

 

—Exactamente, cuando empieza a caer en los parámetros que ellos quieren –que no tiene que ver con que la gente pague o no, aunque después le echen la culpa a la gente diciendo que sacó tanto y sabía que no iba a poder pagar. En realidad, cuando empieza a decrecer, cuando los instrumentos financieros no son tan rentables, fugan directamente. Así lo hicieron en Estados Unidos: vendieron instrumentos financieros y después le vendieron a otras personas seguros contra esos instrumentos financieros, que ellos mismos habían vendido. Es como que yo te venda un seguro para tu casa a vos y después agarro a otro y le digo: te vendo un seguro contra el seguro de casa que ya vendí, apostá contra eso porque quien compró el seguro para la casa no lo va a poder pagar, entonces cuando él no paga, vos cobrás. Y los operadores cobran por los dos instrumentos financieros. Cuando los instrumentos financieros ficticios son tan grandes que se dislocan con la economía real, el sistema colapsa solo, se da la quiebra, se fuga el dinero y después espera el salvataje. Y el Estado lo que hace es aprobar una ley por el congreso diciendo que hay que salvar a los bancos, como en el 2001 acá, como pasó en el 2008 en Estados Unidos, en España, en Grecia, en Italia. En todos esos países, el sistema financiero se auto-colapsó, le echó la culpa a la gente de que no pagaba sus préstamos, giró el dinero a guaridas fiscales –por eso hay tantas guaridas fiscales en el mundo, tantas off-shore–, y los Estados inyectaron miles de millones de dólares para reactivar el sistema financiero. Porque el discurso estatal –y acá vuelvo a discutir el discurso de la “corrupción”–, es: sin sistema financiero no hay economía posible porque los bancos le pueden prestar a los empresarios para que generen trabajo etc., entonces hay que darle plata a los bancos para que nos de plata a nosotros, es la excusa ideal: “todos ganan” según esta teoría. Y seguramente, los políticos ganen mucho por el lobby que le hacen, como en Estados Unidos que hay 5.000 cabilderos, tipos que tienen una tarjetita para entrar al congreso a negociar con legisladores. Acá hay decenas de lobbystas y todos entran a negociar con diputados y senadores. Vuelvo con esto, si vamos a discutir “corrupción” y nos quedamos con “el funcionario chorro”, estamos fritos. Con un sistema financiero auto-regulado y con leyes hechas a su medida, todos esos conceptos del sentido común de corrupción son menores.

 

—¿Qué son, entonces, los delitos económicos? ¿Cómo son sancionados?

 

—Para hablar de delitos concretos tenés el que hizo el presidente Macri con la compra-venta de acciones de Sevel: hizo comprar parte de las acciones de su propia empresa a un tercero de manera secreta, las acciones subieron tanto que muchos inversores hicieron lo mismo (en un mercado que se mueve por expectativas, esto es común, comienza a subir un “papel” y todos los inversores corren detrás de esa suba y comienzan a comprar el mismo papel antes que llegue a su pico máximo, para después vender en el “cenit” y ganar la diferencia). Después derrumbó el precio y cuando todos comenzaron a vender en baja, compró y ganó millones de dólares en el medio. Eso es un delito concreto, pero está penado sólo con una multa –ahora las multas subieron a 180 mil pesos pero antes eran de 10 mil pesos por casos así. Pero aquí tenés otro problema: cuando vos demostrás estos delitos, se aplican multas (a no ser que demuestres asociación ilícita). Cuando se demostró esta estafa con acciones de Sevel, Macri padre e hijo, y el “inversionista fantasma” que los ayudó, recibieron una multa de $10.000 entre los tres, que encima apelaron para pagar menos.


Pero respecto del “robo” dentro de la administración pública o de la privada de una persona física, no tenés la posibilidad de tocar los bienes robados porque la propiedad privada en Argentina es intangible. Sólo podés castigar penalmente a la persona física con una pena de cárcel o con una multa, nada más. El sistema funciona así, no se lo tiene que llamar “corrupto”, no vale la pena. Funciona con la inequidad ante la ley. Hay que entender que no somos iguales ante la ley y que hay sistemas tributarios y penales diferenciados. El discurso de la “corrupción” termina siendo el ariete para que entren los que defienden el sistema tributario diferenciado. Lo que hay que hacer es una profunda modificación del sistema legal, del código civil y comercial que son los hacedores de este sistema económico, y del régimen penal, que posibilite ampliar las figuras del delito económico.

 

* Parte de la entrevista publicada en LoboSuelto.com. Texto completo ACÁ

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