Cultura
06-12-2017
La batalla por la historia
A través de testimonios directos, Marcelo Larraquy cuenta en "Primavera sangrienta" (1970-1973) el origen de la violencia a través de acontecimientos que van desde el nacimiento de una precaria guerrilla hasta la liberación de presos políticos de Villa Devoto el día que asumió Héctor Cámpora la presidencia.
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Pablo Makovsky | Cruz del Sur

 

A través de las voces de los testigos directos de la época –ex guerrilleros, militantes, dirigentes políticos y hasta el testimonio de un ex guardiacárcel que vertió sus impresiones en un blog en internet– Marcelo Larraquy ensaya en “Primavera sangrienta” (Sudamericana, Buenos Aires, octubre de 2017) un fresco del período que va desde 1970 –con el nacimiento de las guerrillas– hasta el 25 de mayo de 1973 cuando, mientras un medio millón de personas celebraban en Plaza de Mayo la llegada de Héctor José Cámpora a la Casa Rosada, otra multitud exigía la liberación de los presos políticos en la cárcel de Villa Devoto.

 

“Me interesó este tema –dice Larraquy en la conversación que dio lugar a esta entrevista– porque me permitió abordar la violencia en los orígenes de la década del 70. Porque a veces se ve muy instalada la guerrilla y acá también se ve la improvisación, la inocencia y cómo es la gestación de todo ese movimiento. Y también la gestación de la acción represiva de las fuerzas armadas en un grado de violencia menor a cómo fue después (durante la dictadura de 1976). Pero ya se ven los primeros gestos, como secuestrar a un abogado con su cliente, en la calle, en el año 70. Es decir que las Fuerzas Armadas ya tenían la Doctrina de la Seguridad Nacional como herramienta de acción vinculada al secuestro y la tortura. Entonces se ve que ya se venían preparando para esto (la represión desde 1975 a 1983) aún cuando las guerrillas urbanas no estaban aún desarrolladas. Y me parece que el valor del libro está en los testimonios, que permiten una visión más cercana y humana de lo que fueron esos años. Mi trabajo fue exponer los testimonios desde un sentido histórico para retratar la época”.

 

—Cuántos nombres que aparecen en esos años que permanecen o se mantuvieron hasta hace poco en la política, como el de Julio Mera Figueroa o el de Juan Manuel Abal Medina.

 

—Son nombres que están vinculados al peronismo. Otros están vinculados a la lucha armada. Sólo permanecieron los que estuvieron vinculados a la política. Los de la guerrilla ya no participaron de la política pública. Pero este libro es muy específico de este período (1970-1973) y sólo hablo de eso, no de los protagonistas posteriormente.

 

—En los testimonios de esos años tan violentos, se ve esa trama de consolidación de cierto peronismo de derecha que rodeaba a Perón.

 

—En ese período ya casi no hay derecha e izquierda en el peronismo porque están todos encolumnados detrás del regreso de Perón. Esto se abre a partir del 73, a partir del 25 de mayo de ese año, que se entabla la lucha entre ortodoxos y la izquierda peronista, pero en este momento todo el peronismo de algún modo apoyaba la libertad de los presos políticos y el regreso de Perón.

 

—Sin embargo, Esteban Righi en uno de sus testimonios menciona su desacuerdo con la conformación del gabinete que pactaron Cámpora y Perón en Madrid.

 

—Claro, porque ya se empieza a vislumbrar la diferencia entre lo que era el camporismo y Perón. Pero lo fáctico es que Perón quería la figura de Cámpora hasta que llegara al poder, pero iba a bendecir a Cámpora sólo hasta las elecciones, pero no en el poder. De hecho no lo bendijo y apenas regresó facilitó su destitución o su renuncia.

 

—Es una época sobre la que no se abrieron muchos juicios, los juicios en torno a derechos humanos toman como fecha liminar marzo del 76, pero casi nada de este período previo en el que comenzó a operar la Triple A.

 

—Los meses marcan una diferencia importante. La Triple A comenzó a operar tres meses después del período que describe el libro. Jurídicamente en este período los presos salieron el 25 de mayo indultados y amnistiados. Todos salieron como “limpios”. Después estos mismos personajes vuelven a caer, al final dice que estuvieron diez u ocho años en prisión porque estuvieron dos veces detenidos, en el período del libro y después, pero dentro de un proceso legal, por eso sobrevivieron. Y con respecto a los juicios, la única causa fue la de los fusilamientos de Trelew, que se sustanció 40 años después. No se juzgaron las primeras desapariciones de este período porque quedó todo en una nebulosa.

 

—Los hechos descriptos, la violencia armada surgida a fines de los 60, la movilización en torno al regreso de la democracia, la excarcelación de presos deben haber generado una especie de grieta.

 

—La grieta acá pasaba por el autoritarismo militar y la confrontación social. Lo que pasa que la confrontación social frente a los distintos regímenes militares tiene dos esferas, una pública, que son las movilizaciones populares del Cordobazo, el Rosariazo, el Mendozaso y, después, el inicio de las organizaciones armadas, que tenían una existencia clandestina con objetivos finales diversos, como el ERP y Montoneros. Entonces, la confrontación ahí era con las Fuerzas Armadas que se mantenían en la cúspide del poder ya desde el año 30 interviniendo en el sistema político de distintas formas, y acá ya hay una necesidad de sacar a las FFAA del manejo de la cuestión electoral: decidían cuándo se votaba y cuándo no, cosa que hoy nos parecería insólito.

 

—Citás en el último capítulo el blog de un ex alcaide de la cárcel de Devoto (YoFuiUnRodillasNegras.blogspot.com.ar).

 

—Sí, es la visión del guardiacárcel. Lo puse como parte del escenario y el momento que se vivía esa noche (cuando la multitud va a liberar a los presos políticos, el 25 de mayo de 1973). Incluso diría que es la visión de las fuerzas de seguridad.

 

—Hay mucho resentimiento también en esos textos del blog.

 

—No sé si resentimiento. Entre el preso y el guardiacárcel nunca hubo una relación de comunión. Ahí hay también una cuestión ideológica. Trata a los presos políticos de terroristas, un pensamiento que no escapaba a lo que pensaban las fuerzas armadas sobre cualquier militante político.

 

—En el comienzo del libro señalás que la democracia no era un valor en esa época y en la inmensa mayoría de los testimonios se observa eso: se habla del poder, de acceder a ese poder, pero no está presente la disputa política en torno a la democracia y sus valores institucionales.

 

–No, es que tampoco eran creíbles esos valores. En esa época no resultaban creíbles porque después podían venir las fuerzas armadas y ocupar la presidencia, el Congreso, anular las elecciones. Eso había sucedido a lo largo de 17 años, incluida la proscripción del peronismo. Entonces la democracia no era creíble, era proscriptiva y el país no había tenido una democracia plena. Incluso en el período peronista si bien existían elecciones la oposición llegó a pasarla bastante mal. Ricardo Balbín (líder conservador de la UCR) estaba al frente de la oposición y fue destituido y desaforado y estuvo preso diez meses siendo aún diputado. Entonces, la democracia no tenía instituciones de confianza, con partidos políticos prohibidos, no daba garantías. La juventud pensaba que podía tener mayor participación con la militancia política que ocupando un lugar institucional.

 

–Hace un tiempo hiciste una nota a Hipólito Solari Yrigoyen, que fue un gran defensor de la institución democrática. Me pregunto si tenés un interés particular en la construcción de instituciones que garanticen el funcionamiento de la democracia.

 

–Sí, claro, estoy muy atento a ese funcionamiento en el estado y las instituciones que deberían ser el espejo de la sociedad, en el sentido de que el Estado es una construcción social, de consenso, que representa a todos los argentinos. Lo que digo es que el Estado no puede obrar ilegalmente, ni poniendo una bomba como en el caso de Solari Yrigoyen en el 73 (donde se sospecha la participación de elementos para-estatales) ni, como cuento en el libro, en los casos de guerrilleros torturados en las comisarías, donde los enjuiciaban después sin instancias de apelación. Esta reconstrucción (la del libro) surge a partir de la cultura democrática de los años 80.

 

—¿Y cómo pensás esto en relación con el presente, cuando nuevamente asistimos a la construcción de un enemigo interno, en este caso encarnado en las comunidades aborígenes que reclaman tierras?

 

—Lo veo con mucha preocupación. Primero lo de (Santiago) Maldonado y ahora lo del asesinato de un mapuche. Se requiere que el accionar de la Justicia tiene que ser totalmente transparente, es el tipo de cosas que el estado de derecho tiene que observar y juzgar. Porque en el caso de Maldonado se hablaba de despejar la ruta, pero ¿por qué termina en el río? Y en el caso de Rafael Nahuel: aparece muerto por la espalda y sin resto de pólvora en sus manos.

 

—¿Cómo cambiaron hoy día los niveles de movilización que refleja el libro en 1973?

 

—Son de otra forma. En (la cárcel de) Devoto (el 25 de mayo de 1973) había 50 mil personas y era como cuando asume un nuevo gobierno y la gente sale a la calle. La liberación de presos de Devoto hay que pensarlo en el contexto de la masacre de Trelew (16 militantes de grupos peronistas y de izquierda fusilados tras un intento de fuga de la cárcel de Rawson el 22 de agosto de 1972). Los propios presos que entrevisté me decían que podía existir un nuevo Trelew.

 

—¿Y qué es lo que transmiten hoy aquellos testigos de sus posturas de entonces en torno a la guerrilla?

 

—En general, su lucha de entonces la dan por legítima, porque estaban frente a un gobierno militar que también mataba. Pero ya el uso de la violencia en la democracia en muchos casos lo consideran un error, con la atenuante si se quiere de que era el propio estado el que los enfrentaba a ellos desde el para-estado, los parapoliciales. Pero aún así, muchos consideran que les fue mucho peor utilizando las armas en ese período que si no lo hubiesen hecho, porque hubieran tenido un mayor crecimiento político. Es cierto que hubieran quedado más expuestos, porque la gente que se llevó la Triple A y luego la dictadura, fue en gran parte gente que no participaba en la lucha armada y eran militantes, delegados sindicales, obreros.

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Miércoles 13 de Diciembre de 2017
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