Cultura
29-11-2017
Cinco días de estrenos postergados

Desde este miércoles hasta el domingo se desarrolla la muestra de cine Conecta 0.6 que proyectará en el Complejo Cultural Atlas (Mitre al 600), entre otras películas, “Alanis” el film que protagoniza Sofía Gala y desató polémica. Además, documentales que van de la soja santafesina a Chechenia y al trabajo semiesclavo en los yerbatales.

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Javier Rossanigo


El cierre de año trae buenas noticias, si no en el agitado panorama político del país, al menos en el más acotado de la cinefilia rosarina. En la misma semana en que reabre –tras un prolongado período de refacciones– la tradicional sala de Cine El Cairo, tiene lugar, entre los días 29 de noviembre y 3 de diciembre, la muestra de cine Conecta O.6 en el recuperado Cine Atlas (Mitre 645); un nuevo espacio que viene felizmente a sumar, junto con un escenario para eventos musicales y un bar cultural, una nueva pantalla al circuito de proyecciones de la ciudad.

 

Celebrando su sexta edición y gracias a la continuidad que sus organizadores supieron darle, la muestra interdisciplinaria Conecta viene haciéndose legítimamente de un lugar en el circuito cinéfilo de la ciudad,que tiene entre sus más consumados eventos el Festival de Cine Latinoamericano (ex Festival de Video) y la muestra itinerante del Bafici.

 

Conecta se diferencia del primero de ellos en que se desentiende de la sintaxis competitiva que lo organiza, y del segundo en que extiende el campo de selecciones más allá de un festival en particular y, en cambio, elige componer su grilla de programación a partir de la premisa político-cultural de darle pantalla a películas poco o nada vistas en la ciudad, para que tengan así su oportunidad de (re)encontrarse con el público rosarino.

 

Con una docena de largometrajes y un similar número de cortos, la programación comenzará a mostrar sus cartas este miércoles a las 20 cuando en la Biblioteca Paraná (España y el río), un breve recital de la murga La Guevarata marque la antesala a la proyección de la película “Las lindas”, de Melisa Liebenthal.

 

En este entretenido, aunque nada ligero documental en primera persona, su protagonista y directora rememora una adolescencia marcada por el sino de la “fealdad”, entendida como tal a partir de los mandatos sociales que ordenan el ideal de belleza femenino, encarnado aquí por algunas de sus amigas, las “lindas” en cuestión del título. Desde la organización recomiendan llevar mate y reposera “estilo Bristol” para disfrutar correctamente de esta proyección al aire libre a la vera del río.

 

Política y documental

 

Un consenso bastante extendido en torno al cine argentino de los últimos años, reza que el género documental, en sus más diversas formas, ha sabido dar cabida y trabajar la complejidad de las coyunturas políticas con mayor inteligencia que las películas de ficción. En la programación de Conecta 0.6 hay al menos tres películas que podrían esgrimirse como evidencia para defender esta tesis.

 

En la apertura a las proyecciones en el Complejo cultural Atlas, el jueves a las 18, podrá verse en carácter de estreno “Familia chechena” (2017) de Martín Solá. En esta segunda película de una trilogía aún inconclusa dedicada a indagar en las complejidades de ser ciudadano de territorios no reconocidos como estados libres y soberanos, su director viaja hasta Chechenia para componer un documental sensorial que invita al espectador a remedar en su visionado la experiencia de Abubakar, un musulmán de 46 años que participa de las Zikr, unas danzas rituales en las que el estado hipnótico al que accede junto a su pueblo bien puede leerse como un exorcismo para liberarse del tormento sufrido tras años de ocupación rusa.

 

En su compacto metraje, la película de Solá trabaja con una narración fragmentada en la que se prioriza la composición de la imagen por sobre el testimonio oral para relatar las consecuencias de una guerra desde el punto de vista de quienes fueron sometidos y se cierra con un cautivante recorrido nocturno por las calles llovidas de Grozni, en cuya calma parece aun latir la callada amenaza de los bombardeos que la asolaron tiempo atrás.

 

Por su parte, en “Santa soja” (2017), del director rosarino Christian Fuma, se trata de entender el trato reverencial dispensado a los granos de la planta que tiñe de verde los campos del país a través de un recorrido por el paisaje santafesino que reconstruye el proceso industrial del cultivo de soja transgénica que, de un tiempo a esta parte, ha reconfigurado el sistema productivo de la región. Convocando las voces de los diversos implicados en este proceso, si hay una duda que el documental apuesta a disipar, es que la “beatificación” a la que se alude desde el título no tiene que ver con un hipotético disparate teológico sino con el fanatismo cuasi religioso en el que se sustenta el pragmatismo económico de un país que cíclicamente apuesta al pleno del “campo argentino”.

 

Sobre otra planta verde, solo que, sin granos, trata “Raídos” (2016) de Diego Marcone, que estará presente en la proyección para dialogar con el público. La cosecha de yerba mate no es el trabajo ideal, pero sí, acaso, el único posible para los jóvenes de Montecarlo, en Misiones. Marcone no cae en la trampa del pietismo y visibiliza con madurez y sinceridad a un grupo de jóvenes que, empujados por las circunstancias, debieron dejar la escuela para convertirse en tareferos, un oficio regulado por un inexistente convenio laboral en el que a la rabia acumulada se la suele apaciguar con alcohol y noches de bailanta.

 

El documental posterga el craso denuncialismo y, sin desentenderse de las coordenadas materiales que posibilitan la existencia de un trabajo semiesclavista en pleno siglo XXI, se dedica a recordar que aún en esas circunstancias mezquinas hay espacio para el deseo, la diversión y, por qué no, la posibilidad de un futuro mejor, tal como se encarga de recordar el tramo final de la película, cuando la cámara acompaña a uno de los protagonistas en su abandono del nido familiar para ir a estudiar una carrera universitaria a Iguazú.

 

Sexo y ficción

 

Otro de los acuerdos a los que se suele acudir cuando se intenta dar cuenta de ese campo multiforme de lo que se dio en llamar, desde comienzos de la década del noventa, como Nuevo Cine Argentino, tiene que ver con cierta pacatería de su parte para lidiar con escenas o temáticas sexuales. Felizmente, han comenzado a campear en los últimos años no pocos intentos por desapegarse del modelo al uso provisto por el marco de referencia del algo esclerotizado nuevo cine argentino, y con ellos comenzó también a aparecer en pantalla el relegado universo de las pasiones sexuales. En la nueva edición de Conecta 0.6 son varias las películas que bien pueden sindicarse como parte de estos recientes coletazos del cine nacional.


En “Alanis” (2017), de Anahí Berneri, Sofía Gala interpreta a una prostituta que luego de sufrir un violento desalojo por parte de instituciones gubernamentales debe recomponer su ya de por sí frágil situación, empujada no tanto por un afán de propio bienestar sino por el amor hacia su pequeño hijo, verdadero sostén de esta joven madre puesta a lidiar en un ambiente donde no todo es tan ingrato como a priori otro director más “escrupuloso” podría suponer.

 

Es que el mérito de Berneri, y la causa de las polémicas que su película suscitó, consiste en desentenderse de una mirada impugnatoria hacia el mundo que retrata y, a cambio de la tranquilidad con que por medio de ella podría haber convidado a sus espectadores, elige acercarles en su crudo realismo un universo matizado, en el que el comportamiento de su protagonista exige antes ser comprendido que ponderado.

 

Si en la carestía de sexo puede rastrearse una de las marcas del Nuevo cine argentino, quienes asistan el viernes por la noche a la presentación de la ópera prima del actor y director Edgardo Castro, pueden llegar a salir con la certidumbre de que, al menos en esta puntual cuestión, el cine argentino ha dado un giro copernicano. En su radical “La noche” (2016), Castro encarna a un cocainómano que se aventura en una retahíla de furiosas noches porteñas regadas de sexo, drogas y alcohol.

 

Antes que una coordenada temporal, la noche se entiende aquí como un estado del espíritu; y achacando sobre las consabidas connotaciones de “oscuridad” y turbiedad, la película logra sacarles a estas notas nuevo lustre para componer la ininterrumpida noche de su título. Castro satura su film, desde el minuto uno, con explícitos encuentros sexuales entre desconocidos; pero no guiado por el remanido afán vanguardista de “espantar al burgués”, si no con el propósito de conjurar en un pase rápido el “espanto” que el entrevero de los cuerpos suele convocar y dedicarse así a lo que verdaderamente le interesa hacer notar: el encuentro de dos personas en la fecundidad del amor puede redimir incluso al más desesperanzado de los noctámbulos.

 

Entre otros films, completan la programación, en carácter de estrenos para la ciudad, “El auge de lo humano” (2017), la premiada ópera prima del joven Teddy Williams, “Hernia y Helena” (2016), la más reciente de las películas de Matías Piñero inspiradas en la obra de William Shakespeare, y “Fin de semana” (2017) del cordobés Moroco Colman, una buena muestra del feliz momento que atraviesa el cine de la provincia vecina.

 

Programa

 

“Las lindas” (Melisa Liebenthal): miércoles 29 a las 20:15 en Biblioteca Paraná (España y el río). “Familia chechena” (Martín Solá): jueves 30 a las 18:00 en Complejo cultural Atlas (Mitre 645). “Raídos” (con presencia del director Diego Marcone): viernes 1 de diciembre a las 20:15 en Complejo cultural Atlas. “La noche” (con presencia del director Edgardo Castro): viernes 1 a las 22:30 en Complejo cultural Atlas. “Santa soja” (con presencia del director Christian Fuma): sábado 2 a las 18:00 en Complejo cultural Atlas. “Alanis” (Anahí Berneri): domingo 3 a las 20:15 en Complejo cultural Atlas.

 

Programación completa y actividades especiales en ConectaCine.com.ar y en la página de Facebook de la muestra.

 

Cierre clásico: la última función de la muestra estará dedicada a revisitar la película tras la cual el genial Leonardo Favio entraría en un largo período de silencio cinematográfico hasta el rodaje de “Gatica, el Mono” a comienzos de los noventa. En “Soñar, soñar” (1976), Carlos Monzón interpreta a un joven del interior que sigue los pasos de un artista trashumante hasta Buenos Aires, donde ambos esperan cumplir el sueño de triunfar como artistas en la gran ciudad. Se exhibe el domingo 3 a las 22:30 en Complejo cultural Atlas.

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