Ciencia
29-11-2017
La brecha digital del contrabando

Una periodista madrileña analiza el tráfico de tecnología desde Chile a Argentina, donde in iPhone cuesta 170% más caro que en Estados Unidos. Desde el gobierno intentan combatirlo impidiendo que las telefónicas den línea a aparatos comprados fuera del país que no hayan pagado un 50% de impuestos sobre el precio final.

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¿Crees que el iPhone X es caro? Pues hay lugares donde ese mismo teléfono costará casi el triple, concretamente 2.600 dólares por la versión de 64 GB frente a los 999 dólares que nos costaría adquirirlo en cualquier otro lugar. Uno de esos lugares es Argentina, donde los teléfonos móviles (y especialmente los de Apple) tiene un coste de hasta el 170% más que en Estados Unidos”, escribió Érika García (@calavErika) ayer desde Madrid en el sitio especializado XatakaMovil.com.

 

La periodista, que escribe sobre tecnología móvil, reseña que en Argentina se encarecieron estos aparatos “desde 2011 debido a la escala impositiva que se aplica a ciertos productos tecnológicos que no son fabricados localmente. ¿El resultado? Contrabando organizado con ‘mulas’ que traen teléfonos desde países limítrofes y un verdadero problema social en torno a la brecha tecnológica”.

 

En 2011, después de la crisis, el Gobierno argentino aplicó políticas de sustitución de importaciones con el fin de promover el consumo de productos propios del país, imponiendo así limitaciones a la entrada de productos extranjeros.

 

Argentina se convertía así en un país proteccionista, con trabas comerciales e incluso prohibiciones a “la importación de productos como el queso francés, los coches BMW, las muñecas Barbie y los ordenadores o teléfonos de Apple”.

 

Argentina, como lo hace Estados Unidos con el biodiesel o Francia con productos provenientes de EEUU, bloqueaba o retrasaba las importaciones con el fin de impulsar su superávit comercial y con ello obligar a las empresas extranjeras a fabricar sus productos dentro del país, en Tierra del Fuego. Así, compañías como BlackBerry accedieron a trabajar con ensambladores locales, pero otras como Apple se negaron.

 

Esta situación devino en un éxodo de consumidores en busca de su smartphone al mejor precio fuera de las fronteras. “El destino predilecto –relata Érika– de los quieren un teléfono a precio no de ganga, sino racional, es el vecino, Chile. Miles de personas cruzan a diario la frontera haciendo colas de hasta 10 horas para conseguir productos (no solo tecnológicos) a precios menos prohibitivos”.

 

Según cuenta Luis Maza, periodista tecnológico y residente en Argentina, a su par madrileña, “hay bandas que organizan ‘tours de shopping’ a Chile, para que la gente haciendo de mulas acuda directamente a los centros comerciales del país, compren todo, llenen el autobús, consigan pasar por aduana y lleguen a Argentina con los artículos para revender”.

 

El Gobierno tiene que responder ante ese problema y según cuenta Enrique Carrier, analista de mercado de telecomunicaciones y nuevos medios en Argentina, a Érika, de los 13 millones de teléfonos móviles que se habrán adquirido en el país al finalizar el año, 3 millones procederán del mercado de contrabando.

 

Una de las medidas tomadas por el Gobierno es ampliar las “listas negras” de teléfonos robados y añadir los teléfonos que adquiridos fuera del país que no hayan declarado (y pagado la franquicia de aranceles en aduana) al entrar al mismo.

 

Así, si alguien compra un teléfono en otro país y quiere conectarlo a la red de una operadora, ésta verificará su IMEI, y si se encuentra en la lista negra, no tendrá permitido darle línea. El Gobierno planea también crear una “lista blanca” con equipos autorizados en los que formarán parte los fabricados en Tierra del Fuego, los importados en forma oficial y aquellos que hayan validado ese IMEI al entrar en el país (es decir, pagando el impuesto).

 

La medida intenta frenar el contrabando, pero no mejora la situación de los ciudadanos, quienes deberían pagar el precio de los teléfonos importados, o comprarlo fuera y pagar la franquicia en aduana que trepa a un 50% sobre el precio total del teléfono a partir de 300 euros, es decir, que para poder entrar con un teléfono de 600 euros hay que pagar 150 euros más.

 

Según la opinión de Enrique Carrier, la solución más coherente ante esta situación y los 3.000 millones de pesos en impuestos que no se declaran con el contrabando sería, por un lado, reducir el coste de los teléfonos producidos en Tierra del Fuego (algo que ya está sucediendo) y por otro, eliminar esta franquicia de entrada.

 

Pero el problema va más allá: es imposible conseguir teléfonos de gama baja, ya que los fabricantes, debido al margen del que disponen ante los impuestos, solo producen e importan terminales de gama media o alta. Lo que supone que solo una parte de la sociedad argentina puede hacerse con un teléfono móvil, pero no solo por el poder adquisitivo, que es la primera barrera, también por la imposibilidad de adquirir terminales más básicos como “features phones” para, por ejemplo, gente de edad avanzada.

 

Esto hace que crezca la brecha tecnológica. Además, contradice el Plan Nacional de Inclusión Digital.

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Miércoles 13 de Diciembre de 2017
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