Sociedad
29-11-2017
Una voz en el teléfono
Las escuchas aparecen como el principal material probatorio en el juicio contra el clan Cantero. Pese a que ya fueron validadas en el caso del crimen de una adolescente, la defensa apunta a que se las declare nulas al interpretar que no había sustento jurídico para que se realizaran

 

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Alberto Carpintero | Cruz del Sur

 

—Llamó Mikey. ¿Querés que le devuelva el llamado?

 

Paulie odiaba los teléfonos. No tenía uno en su casa. Recibía los recados de segunda mano. Entonces había que llamar a la gente... desde un teléfono público.

 

—Sí. Haz la llamada.

 

En “Buenos Muchachos” Martin Scorsese pinta el accionar mafioso de un grupo neoyorquino hace casi medio siglo, cuando aún no existían los teléfonos celulares. Con la escena narrada más arriba describe una precaución del capo: que fuese difícil para los detectives interceptar llamadas. La escena parece describir también el nudo del juicio oral que se lleva adelante desde la semana pasada contra la banda de los Monos por asociación ilícita y cinco homicidios.

 

Las intercepciones telefónicas comenzaron el 23 de abril de 2013 y lo que era una incipiente pesquisa se aceleró y a la vez perdió su capacidad de conseguir más pruebas por la ola de venganza que siguió al crimen de Claudio “Pájaro” Cantero, el 26 de mayo, y culminó el 31 con un megaoperativo sobre barrio La Granada, donde el grupo asienta su accionar.

 

También parece describir por qué la investigación no avanzó de manera eficiente sobre más actores: el fundador del clan, Ariel “Viejo” Cantero, fue encausado como partícipe de asociación ilícita, y en este juicio los fiscales lo acusaron como jefe, junto con sus hijos Ariel “Guille” Cantero y Ramón “Monchi” Machuca, aunque no parece haber evidencia sustancial: unas pocas escuchas lo muestran hablando casi con monosílabos.

 

De igual manera, pese a que hay policías de alto rango entre los 13 sentados en el banquillo –muchos de ellos complicados por escuchas–, el interrogante es qué tan alto llegaba el dinero de la recaudación ilegal y si formaba parte del botín de unos pocos uniformados descarriados, las habituales manzanas podridas de los discursos oficiales. O no.

 

Así las escuchas, que aparecen como la principal fortaleza probatoria de la pesquisa, pueden a la vez ser su principal debilidad, ya que el resto de los indicios, tal como quedó en evidencia en las audiencias de esta semana, son lo que se denomina material de calle, o sea aportes de buchones varios que, hasta el momento, quedó en claro que no tenían control judicial. Y pueden la principal debilidad –pese a que la Corte Suprema ya validó las que involucran a Monchi y un policía en el crimen de Lourdes Cantero– si es que la defensa logra probar la teoría conocida como fruto del árbol venenoso: es nula toda una investigación si proviene de actos iniciales contrarios a derecho.

 

Con cinco jornadas ya desarrolladas, el juicio contra 25 personas que se lleva adelante en el flamante Centro de Justicia Penal corre por los carriles previstos. Las defensas intentan probar que la persecución contra el clan Cantero, en el marco de la pesquisa por el crimen de Martín “Fantasma” Paz que derivó en la megacausa por asociación ilícita, se dio por la connivencia entre el padre de la víctima, Luis Paz (está citado como testigo para este jueves) y el juez instructor Juan Carlos Vienna. El asesinato del Fantasma sigue impune y la pesquisa no avanzó sobre otros posibles sospechosos, dice la defensa.

 

A la vez, los defensores vuelven a cuestionar la competencia de la Justicia provincial sobre delitos como el narcotráfico, de jurisdicción federal. Y torpedean la investigación policial que llevó adelante la controvertida Brigada Operativa de la División Judiciales, descabezada el 9 de abril de 2014, justo el día del desembarco federal que pegó en 89 búnkers de la ciudad. Monchi, al declarar, sumó otra pata a esta defensa: acusó al entonces gobierno provincial de haberle armado la causa para dar una respuesta al problema del narcotráfico, lo que fue repudiado por comunicados del Partido Socialista y la Unión Cívica Radical.

 

Al cierre de esta edición ya habían desfilado el entonces jefe de Judiciales, Cristian Romero; el subjefe y a la vez titular de la Brigada Operativa, Raúl Saccone Tirrito, su subordinado Luis Quevertoque (subcomisario que fungía como el encargado de reunir la información de calle), y se esperaba para la tarde de este martes el testimonio de Ariel Lotito (sargento encargado de coordinar la pesquisa).

 

La mayoría de sus dichos se centró en el origen de la pesquisa, o sea en el crimen del Fantasma Paz, cuya viuda, Brenda Veira, se ausentó este lunes a declarar como testigo alegando cuestiones psiquiátricas; a pedido de la defensa, un forense constatará la veracidad de esa alegación.

 

Brigada

 

Romero dijo que la Brigada Operativa fue creada en marzo de 2013 con el objetivo de investigar homicidios y violencia urbana, ya que en ese momento Rosario presentaba la tasa de muertes dolosas más alta del país. Enumeró las tres causas en las que intervinieron, hasta que a fines de marzo se entrevistaron con el juez Vienna para exponerle una hipótesis de trabajo sobre el asesinato, en septiembre de 2012, del Fantasma: “Que fue ejecutado con características de sicariato por una deuda impaga”.

 

A partir de ese dato la Brigada se hizo de una copia de la causa y, con “información que maneja el personal de calle que uno va verificando”, Romero le pedía al juez las intervenciones telefónicas. Así, el 23 de abril de 2013, intervinieron los teléfonos de Monchi, Pájaro, el Negro Ale y Milton César. Un día antes habían presentado a Vienna el informe denominado sicarios. El defensor Fausto Yrure le preguntó cómo se construyó ese informe, qué juez lo supervisó, a lo que Romero respondió que las tareas de calle se le “rendían” a él y no a un juez.

 

Otra de las preguntas de los defensores fue acerca del integrante de la Brigada Germán Almirón que está procesado en una causa por narcotráfico y está condenado por el caso de la fuga de un integrante de Los Monos, y que fue protagonista de una escucha en la que da cuenta de un plan para matar al juez Vienna y al fiscal Guillermo Camporini.

 

“Tenía una forma muy individualista de trabajar, no sabía trabajar en equipo”, sostuvo Romero sobre su subalterno.

 

Al final de su largo testimonio, se reprodujeron dos escuchas telefónicas incorporadas por pedido de las defensas, en las que se puede oír una conversación que mantiene con Lotito. Las dos comunicaciones ocurrieron en enero de 2014 (solicitadas en otra causa) y en ambas los policías mencionan a Vienna. En la primera escucha, Lotito le detalla a su superior una estrategia para que la pesquisa por el asesinato de Luis Medina (ocurrido en diciembre de 2013) se acumule en el juzgado de Vienna. La propuesta era aprovechar informes relativos al empresario acribillado que ya tenían realizados para que “pase todo a Vienna”.

 

Romero le preguntó si Vienna iba a pedir eso y Lotito le respondió: “Si lo cerraríamos con cualquier juez, mucho mas rápido lo vamos a cerrar con Vienna”. En la segunda escucha, ambos conversan sobre Saccone Tirrito, al referir que se encuentra realizando reuniones con fiscales para definir cómo va a quedar el esquema policial (luego de la reforma del Código Procesal Penal que se implementó en Santa Fe en febrero de 2014). En un fragmento de la conversación Romero se muestra desinteresado al referir: “Total vamos a seguir con Vienna en el viejo sistema”.

 

Romero reconoció su voz y la de Lotito, pero le quitó valor al contenido de las comunicaciones. Dijo que en todo caso eran “opiniones de Lotito”, a quien definió como alguien “que habla constantemente, habla mucho”.

 

Saccone Tirrito, a su turno, recordó un allanamiento a la casa del Pájaro de Regimiento 11 al 2500 el 10 de mayo de 2013, 16 días antes de que fuera asesinado. Dijo que en el marco de un asalto cerca de la usina Sorrento solicitaron órdenes de allanamiento. Y aunque no encontraron elementos para vincularlo, desde el juzgado autorizaron el secuestro de una moto y ropa.

 

Asimismo creyó recordar que había allanado la vivienda de la madre de los hijos del Pájaro (Lorena Verdún), también en el banquillo. Ahí se produjo un incidente en que la mujer le reprochó: “Viejo rastrero; te llevaste un par de zapatillas y una tabla de planchar. Decí cuánta plata te pagó Luis Paz, sinvegüenza”. Verdún fue desalojada momentáneamente de la sala.

 

Cuando llegó el turno del testimonio de Quevertoque, el subcomisario encuadró a instancias de la Fiscalía la investigación sobre el clan Cantero a partir del crimen del Fantasma, con elementos colectados antes de que el Pájaro Cantero fuera asesinado: Paz intentó traer cien kilos de cocaína desde el norte pero el cargamento fue decomisado por Gendarmería. Eso llevó a comunicaciones con varios acreedores e interlocutores, como Diego Cuello, propietario de la llamada Narcochacra de Alvear, uno de los últimos contactos del Fantasma antes de ser ultimado, sostiene la acusación.

 

Quevertoque admitió haber confeccionado un parte el 22 de junio de 2013 en el que expuso a Vienna que Dylan Cantero, hijo de Celestina Contreras (madre de Pájaro, Guille y Monchi, quien firmó un abreviado en esta causa) y el Viejo Cantero, había quedado a cargo de cuestiones vinculadas con la organización de la banda. Entonces la defensa del Viejo le preguntó si sabía qué edad tenía Dylan en 2013. El testigo respondió que no. El abogado replicó que tenía 9 años.

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Miércoles 13 de Diciembre de 2017
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