Sociedad
22-11-2017
La novela del submarino

“Trasfondo”, de Patricia Ratto y publicada a treinta años de la guerra, en 2012, cuenta la hazaña del sumergible San Luis, que estuvo 39 días bajo el mar durante Malvinas y volvió a la base de Mar del Plata en mayo de 1982, a donde debía llegar el San Juan, desaparecido e intensamente buscado desde el miércoles pasado.

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Pablo Makovsky | Cruz del Sur


Treinta y cinco años y seis meses antes de que desapareciera el submarino ARA San Juan (perdió contacto el miércoles pasado, cuando viajaba por el Mar Argentino desde Ushuaia hacia su base en Mar del Plata), regresaba de su misión el más célebres de los submarinos argentinos, el ARA San Luis, que permaneció sumergido durante 39 días (hasta el 19 de mayo de 1982), en la guerra de Malvinas. Fue la única nave del país bajo las aguas durante el conflicto.

 

Si bien no logró hundir ningún buque inglés (la computadora de tiro no funcionaba, de modo que los cálculos para lanzamientos de torpedos debían hacerse manualmente; los torpedos no detonaban y los disparos delataban la posición de la nave sin provocar daño al enemigo, entre otras fallas), cumplió su misión y sus tripulantes realizaron la proeza de volver a la base naval de la Fuerza de Submarinos en Mar del Plata habiéndose enfrentado entonces a la tercera armada más poderosa del mundo.

 

Como el San Luis, el San Juan también fue fabricado en Alemania pero diez años más tarde, en 1983. La Armada argentina tiene como tradición bautizar a sus submarinos con el nombre de una provincia que empiece con “s”. Cuando el San Luis zarpó a la guerra estaban operativos el Santa Fe y el Santiago del Estero.

 

Toda esa historia puede leerse entre líneas en Trasfondo, la tercera novela (publicada en 2012) de la escritora tandilense Patricia Ratto.

 

Para escribir Trasfondo, la autora visitó el submarino ARA Salta, gemelo del San Luis y casi una reliquia que la Fuerza de Submarinos de la Marina argentina comprara a Alemania tras la Segunda Guerra. Una máquina noble, pero desvencijada y en malas condiciones para hacer frente a un enemigo poderoso, que había desplegado en el Atlántico Sur su fuerza imperial, su larga tradición de guerreros de alta mar.

 

Patricia Ratto dio con los submarinistas, los entrevistó, de algún modo les tomó el pulso, se familiarizó con el interior del submarino y desplegó sus propias tinieblas en esos 39 días de navegación a ciegas que duró la misión asignada a 35 hombres que nunca llegaron a ver las islas, que disponían de torpedos que no detonaban y eran buscados desde la superficie por helicópteros y buques de guerra bien provistos y modernos.

 

La historia que dio pie a Trasfondo llegó a oídos de Patricia Ratto en un acto por Malvinas, en 2009, en la escuela nacional Ernesto Sábato de Tandil, donde vive y trabaja como profesora.

 

“Allí había un veterano de guerra que contó que tenía diecinueve años cuando estuvo en el submarino y comenzó a relatar cómo había sido su experiencia –cuenta Patricia–; yo me interesé por su testimonio. Me puse en campaña para tratar de localizar a esta persona, algo que me dio bastante trabajo, hasta que finalmente conseguí su dirección. Me reuní con él y mientras lo escuchaba me di cuenta de que no se podía escribir esta historia si no se sabía mucho de cuestiones técnicas de la navegación y de la guerra, y cuestiones prácticas de la vida en el submarino. Además, un único testimonio era poco para una historia que tenía tantas aristas. Así que reconsideré y, allá por octubre de 2009, me fui a visitar el Museo de Submarinos. Pregunté si podía visitar un submarino, pero estaban en campaña. Entonces me volví a Tandil y entré en Internet, en una página de veteranos que se llama El Malvinense, y dejé un mensaje diciendo que tenía intención de contactarme con tripulantes del ARA San Luis, veteranos de Malvinas, para conocer mejor esta historia”.

 

La escritora necesitaba detalles sobre el funcionamiento del submarino, sobre los estrechos corredores en los que sólo pasa un hombre, las cuchetas que deben levantarse para hacer funcionar la sala de torpedos, cómo toma aire la nave (snorkel), qué es un rumor hidrofónico (la identificación de otros buques a través de sonidos que hace el sonarista).

 

“Entrevisté a tripulantes que cumplían diferentes funciones en el submarino –cuenta la escritora–, en diferentes localizaciones (el enfermero, el cocinero, el timonel, el planero, el torpedista, el motorista, el electricista, el técnico en computación, etcétera). Hice más de una entrevista a cada uno. En la primera, les pedía que me contaran lo que ellos quisieran. Luego, como ya tenía más información, mis preguntas apuntaban a confirmar hechos o a pedir aquellos detalles que me permitirían reconstruir literariamente la historia. Las del sonarista fueron entrevistas clave, porque (eso lo fui entendiendo de a poco), el submarino es una nave ciega, nada se ve bajo el agua, todo lo que ocurre en el exterior debe ser reconstruido a partir de la escucha de un oído atento y entrenado que debe determinar, en segundos, si lo que oye es un submarino o un banco de krill, o tiene que contar las revoluciones de los motores para determinar el tipo de embarcación que la produce, si es una fragata misilística, un carguero, un portaaviones; sobre todo en esa época en que no había tantos adelantos como ahora, menos en Argentina”.

 

Los hombres que la escritora entrevistó permanecen aún en la Fuerza de Submarinos, “otros se jubilaron, muchos se fueron de baja y trabajan en ocupaciones tan disímiles que van desde ser remisero a electricista de circo”.

 

Ya en Nudos (2008), su segunda novela, Ratto había abordado el relato de alguien que volvió de Malvinas, que hablaba de la maldita guerra y que callaba lo que había vivido. “En Nudos –dice ella ahora– Malvinas aparecía narrada desde el presente, fundamentalmente desde las secuelas y cicatrices (físicas y de las otras) que había dejado en Manuel. En Trasfondo, la guerra aparece narrada desde el momento mismo de la guerra. Es un tema que ya me inquietaba cuando escribí Nudos, creo que por eso necesité ir hacia el pasado en busca de respuestas, para tratar de entender qué fue esa guerra. Yo tenía, por aquel entonces, la misma edad que ese primer submarinista al que entrevisté”.

 

El material reunido en las entrevistas, la cercanía con ese episodio de la guerra, puso también a la escritora en un aprieto: “Yo estaba muy atrapada por la historia y sentía la enorme responsabilidad de respetarla –dice–, de no traicionar lo que me habían confiado, porque estaba trabajando con un hecho histórico, y sobre todo porque estaba entrevistando a personas a las que les dolía revelar su historia. De alguna manera pensaba que tenía que responder a esa confianza que ellos habían tenido para conmigo, de exponerse y contarme cosas personales. Yo me había propuesto estar a la altura de ese testimonio que recibía y en un momento me pareció que no iba a poder escribir, esa responsabilidad me paralizó. Hasta que una charla que tuve con el editor y con mi amiga, la escritora Elsa Drucaroff, me vino bien, porque entendí que mi oficio es escribir novelas –no crónicas periodísticas o libros de historia– y que, en última instancia, yo tenía que hacer eso: escribir una novela”.

 

En las entrevistas que se sucedieron a Trasfondo, en los artículos que se escribieron, no faltaron quienes acusaron a Patricia Ratto de tergiversar, de no ser fiel a los hechos. Sin embrago, la novela es menos una sucesión de acontecimientos que conocemos por el relato de lo que fue la guerra, que el paisaje interior de unos hombres sumergidos en un mar helado, unos hombres cuyo trabajo es desaparecer en el mar, que de a poco pierden la noción del tiempo y que son asaltados por eso que sucede allá, en la superficie, de la que casi no tienen noticias: el hundimiento del crucero General Belgrano, el intento de hundir una fragata inglesa con un torpedo que no detona.

 

“En la novela no hay fechas: cuando las cosas pasan, pasan. Si bien al comienzo sí hay algunas referencias concretas: es domingo de Pascuas e incluso festejan un cumpleaños, luego, a lo largo de la novela, eso se va desdibujando. Los hitos temporales empiezan a ser otros, los que trae la propia guerra: antes y después del hundimiento del ARA General Belgrano, antes y después del primer lanzamiento de un torpedo, entre otros. El tiempo se construye, dentro del submarino y en la novela, teniendo como referencia los hechos que van ocurriendo”, dice Ratto y agrega: “Hay cuestiones, en esta novela, que parecen recursos literarios y en realidad no lo son. Uno de ellos es esa niebla que los hace desaparecer cuando parten de Mar del Plata, y esa niebla que les impide ver, las pocas veces que sacaron el periscopio. Eso fue así (iba a poner que “en realidad” fue así y cada vez me cuesta más hablar de “realidad”). Y está, por otra parte, la imposibilidad de ver hacia fuera del submarino (no hay ojos de buey, ventanas, o como se las quiera llamar, en un submarino). Eso es así, no es un recurso de la novela. Sin embargo, empiezo a pensar que quizá fueron esas cuestiones las que me hicieron interesarme por la historia”.

 

“Todo está siempre a la espera de que una vez más se lo ate al mundo”, la frase es de Yves Bonnefoy y es el epígrafe de la novela Nudos, podría ser el de Trasfondo y sintetiza acaso las expectativas de hallar el submarino ARA San Juan.

 

Para navegar

 

Los sitios de internet para hallar información sobre submarinos no son siempre oficiales. Los textos están escritos por especialistas que, acaso, saben mucho más de la materia sobre la que escriben que de escritura. Buscan precisión y memoria: exponen la más de las veces las propiedades de las piezas analizadas y tratan de rescatar del olvido episodios que no encuentran titulares en la prensa.

 

Así, para el caso particular de los submarinos argentinos, hay un sitio específico: ElSnorkel.com (de la Comunidad Submarinista Latinoamericana), donde se detallan los protocolos de rescate de un submarino y se dan precisiones sobre las características de los sumergibles que se despliegan en el continente. Sin embargo, también puede revisarse en detalle la historia del ARA San Luis en Irizar.org, el sitio no oficial del rompehielos Almirante Irízar.  

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Miércoles 13 de Diciembre de 2017
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