Cultura
15-11-2017
"No hay límites para el humor"

Ingrid Beck, al frente de la revista Barcelona, estará este viernes en Rosario junto a Paula Rodríguez (con quien escribió “Guía inútil para madres primerizas”)para participar de un “convesatorio” en el Galpón de las Juventudes. En la previa, charló con Cruz del Sur sobre el humor, la maternidad y la militancia por los derechos de las mujeres. 

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El próximo viernes a las 20.30 Ingrid Beck, al frente de la revista Barcelona (“Periodismo por otros medios”) y Paula Rodríguez, con quien escribió la “Guía (inútil) para madres primerizas”, participará de un “conversatorio” público en el Galpón de las Juventudes (San Martín y el río) bajo el título “¡Hablemos en código Barcelona!”.

 

El encuentro lo organiza CLASEP, el periódico hecho por y para jóvenes de la ciudad de Rosario, junto con la Dirección de Juventudes e incluye un recital y un set de DJ, además de la charla y el disfrute del análisis crítico con humor.

 

La primera edición de la “Guía (inútil) para madres primerizas” cumplió diez años y, además, tuvo su saga con dos libros más. El cumpleaños es también la excusa para volver a presentar un libro que hoy tiene una edición actualizada, aumentada y corregida.


—Los libros que siguieron a la primera “Guía”, que escribieron con Paula Rodríguez, ¿siguen de algún modo la experiencia de ustedes como madres?

 

—El segundo libro trata un poco la socialización de los hijos y el tercero es cómo elegir la escuela. Además, escribí un libro con el pediatra de mis hijos que se llama “Auxilio somos padres. Manual para no enloquecer al pediatra”. Hoy hay un peso más grande sobre todo el núcleo de madres al que pertenecemos nosotros, la clase media, digamos, las profesionales independientes. Porque además de la crianza tenés que ocuparte de tus hijos no solamente siendo buena madre, también una buena profesional, tenés que tener éxito en todo, tenés que brindarle tiempo a tus hijos y ocuparte de todo lo demás, como si no tuvieses otra cosa que hacer. Y tenés que poder compatibilizar todos los tiempos perfectamente en una sociedad que no está preparada para que eso ocurra.

 

—Ha habido en estos tiempos como una profesionalización del rol de madre?

 

—Tal vez. Esto tiene que ver con el objetivo del libro, que es un poco cómo defendernos de los demás. Porque el problema es que nunca se trata de nosotros y nuestros hijos, sino de todo el entorno y lo que pasa alrededor. Los discursos dominantes giran alrededor de la maternidad, nos hacen pensar por ejemplo que nuestros hijos tienen que ser estimulados para llegar a algún lado. El objetivo es: ahora camina, ahora habla; la mirada está puesta desde hace unos 20 años en la estimulación temprana, hoy en la neurociencia, en su momento en el psicoanálisis, todas cuestiones que tienen que ver con criar niños promedio. Con que vayan dando los pasos que tienen que dar para llegar a vaya a saber qué objetivo, cuando en realidad el objetivo de las madres en general es hacer que sus hijos sean felices y no mucho más.

 

—Esto no era así para las madres de hace treinta o cuarenta años.

 

–La sociedad impone ciertas reglas del deber ser de la madre y del hijo. Es verdad que hay muchas cosas que no se comparan con las madres de hace 50 años, pero también es verdad que había mucho menos culpa en tirar al pibe al piso y darle una olla para que juegue; y hoy uno está pensando en darle un rompecabezas de 3.000 piezas porque si no, no va a ir a Harvard.

 

—Escribiste una extensa nota en revista Anfibia respondiéndole al ex ministro Esteban Bullrich, que usó el “Ni una menos” para defender la postura antiabortista. Allí dabas números de las jóvenes y las mujeres que mueren a diario por abortos mal hechos. Sin embargo no parece haber una respuesta a ese tema, ¿no?

 

—No me parece que gente que tiene ciertas convicciones, como Bullrich, vaya a cambiar por más que uno escriba lo que escriba. Me parece que es un debate que no prospera porque no hay voluntad política. En cinco o seis intentos, el proyecto no llegó al recinto y perdió estado parlamentario, me refiero al proyecto de legalización del aborto. No se abordó desde ninguno de los gobiernos como un problema de salud pública, siempre es visto como un problema moral o religioso y ahí estamos trabados.

 

—Muchas veces se dice que desde que comenzaron las marchas y protestas por “Ni una menos”, movimiento del que sos una de las principales militantes, crecieron las víctimas, ¿es así?

 

—Me parece que son más visibles, no que hay más víctimas. También hay hipótesis que postulan que cuando hay una gran marcha cuando o una demostración de fuerza de las mujeres hay una reacción machista fuerte, pero no está comprobado y como no tenemos cifras oficiales más que el registro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que es muy parcial, es muy difícil comparar y decir si crecieron o no. Hay más visibilidad, hay asesinatos de mujeres que antes no se consideraban femicidios, no se nombraban así. Es un problema tremendamente preocupante que no tiene por ahora ninguna respuesta fuerte de los poderes públicos. De hecho, hay retrocesos, por ejemplo, con el proyecto de ley de reforma del Ministerio Público Fiscal, ni la Unidad Fiscal de Violencia de Género ni la Dirección de Políticas de Género, ni la Procuraduría por la Trata y la Explotación van a subsistir, y es un retroceso enorme porque en los tres casos se trata de combatir la violencia machista. Se desfinanció la educación sexual integral y un montón de programas que tienen que ver con la salud sexual y reproductiva de las mujeres.

 

—¿Barcelona está en crisis?

 

—Barcelona está en situación crítica desde siempre porque es una revista independiente que casi no tiene publicidad y se imprime todavía. Sobrevivimos hace 14 años y esperamos seguir saliendo un tiempo más.

 

—¿Es difícil hacer el humor político que hace Barcelona?

 

—Sí, porque cuando leés en un medio de comunicación entre comillas serio y ves operaciones y noticias falsas es muy difícil parodiar, porque nosotros hacemos parodia y cuando los medios tradicionales parecen parodia nos pone a nosotros en un lugar en el que parecemos más bien periodismo serio, todo entre comillas. Es complicado.

 

—¿Cuál es la pregunta más frecuente que le hacen en estos encuentros como el que van a tener en Rosario el viernes?

 

—Cuáles son los límites del humor y si tiene que haber límites para el humor.

 

—¿Y cuál es la respuesta?

 

—Qué no.

 

 

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