Política
01-11-2017
"Somos la única izquierda que crece en el país"

El dirigente del PTS y del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) en Santa Fe Octavio Crivaro analiza la consolidación de ese espacio en el mapa político nacional y anticipa el rol que tendrá frente a la profundización de las políticas de ajuste del gobierno de Macri. “Vemos que es inevitable un escenario de conflicto porque el Gobierno está declarando una guerra”, dice.

 


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Sebastián Stampella | Cruz del Sur


“¿Alguien me hace llegar la crítica de los gobernadores PJ y las medidas de lucha lanzadas por la CGT frente al #Ajuste anunciado por #Macri?”. La pregunta que el referente del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) en Santa Fe Octavio Crivaro lanza desde su cuenta de Twitter interpela, con ironía, la falta de reacción del establishment político y sindical frente al ajuste que encara el presidente tras el espaldarazo electoral del pasado 22 de octubre.


“Vemos que es inevitable un escenario de conflicto porque el Gobierno está declarando una guerra”, dice el sociólogo recibido en la UBA y militante del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), quien asegura que ese contexto encontrará a la izquierda luchando junto a los trabajadores.


En diálogo con Cruz del Sur, Crivaro analizó su desempeño como candidato a diputado nacional por Santa Fe en las últimas elecciones (en noveno lugar con 43.000 votos) y valoró el crecimiento que el FIT tuvo a nivel nacional, que consiguió reunir 1.200.000 votos y obtener más de 40 bancas en distintos ámbitos legislativos de todo el país.

 

—¿Qué lectura hacés del crecimiento que tuvo el FIT a nivel nacional en las últimas elecciones?

 

—El FIT hizo una muy buena elección. Terminamos consiguiendo lo que nos habíamos propuesto. Habíamos hecho una apuesta muy importante con Nicolás Del Caño en provincia de Buenos Aires, donde metimos dos diputados. También estuvimos muy bien con Myriam Bregman en ciudad de Buenos Aires. En Jujuy la elección fue descollante y logramos coronarla con lo que pasó en la emblemática ciudad de Ledesma, donde se terminó por comprobar el fraude que denunciamos y conseguimos que una izquierda clasista y trotskista quedara como primera fuerza en la ciudad de la familia Blaquier, que tiene un historial represivo nefasto. A nivel nacional fue una elección importantísima la que hicimos, con más de 1.200.000 votos superamos los resultados que habíamos tenido en las Paso en todas las provincias. Queda claro que esos no son espacios regalados sino fruto de las resistencias de las que formamos parte en forma cotidiana y que se expresan de manera consolidada a nivel electoral.

 

—En Santa Fe el resultado fue muy distinto. ¿La polarización entre Cambiemos y el kirchnerismo también afectó al FIT?

 

—La polarización fue un gran negocio electoral que utilizaron el macrismo y el kirchnerismo para sacar del camino a alternativas como la izquierda. La nuestra fue una pelea contra eso.  A su vez, creo que en Santa Fe hubo más variedad de listas ubicadas a la izquierda de los partidos tradicionales, lo que hizo que se reparta el voto en ese espectro.

 

—En 2015, cuando fuiste candidato a gobernador, tuviste un fuerte protagonismo en el debate televisivo. Ahora no pudiste aprovechar esa oportunidad porque quedaron marginados. ¿Qué tanto creés que influyó eso en el desempeño que tuvo el FIT en las elecciones?

 

—Claramente nosotros quedamos afuera del debate porque no estaba la intención de que se escuchen voces disidentes en ese planteo a coro que tenían sobre muchos temas los principales candidatos. Esa discriminación que sufrimos termina generando, como dice el sociólogo Pierre Bourdieu, una “elección de los elegidos”. Los medios dan espacios, formas de desarrollar ideas, y a nosotros no nos incluyen. Y después se preguntan qué pasa que la izquierda no crece. Aún así el FIT es la única alternativa de izquierda que viene creciendo en el país. Para 2019 vamos a poder disputar cargos tanto a nivel local como provincial.

—El avance de políticas de corte neoliberal como las que ratificó el presidente Macri el lunes pasado al anunciar el paquete de reformas anticipan un duro escenario para los trabajadores. ¿Cómo prevés que será el rol de la izquierda ante una escalada en la conflictividad social?

 

—Nosotros en el FIT no tenemos ese discurso de “cuanto peor, mejor”. Pero vemos que es inevitable un escenario de conflicto porque el Gobierno está declarando una guerra. Y Macri no la declaró en su casa o en la quinta de olivos sino que lo hizo delante de los gobernadores peronistas y de los burócratas sindicales de la CGT que no dijeron nada: no hicieron crítica ni deslizaron la posibilidad remota de un plan de lucha. Esa es una etapa superior de la complicidad que vimos en el Parlamento con la tregua sindical. Y ahí la izquierda tiene una responsabilidad muy grande que estará no sólo expresada en lo electoral: aunque somos una opción política, a nosotros nos van a ver en Pepsico, en Unilever, en todos los conflictos donde haga falta estar junto a los trabajadores porque es allí donde se juega el cambio de la relación de fuerzas. Es obvio que el Gobierno va a utilizar el ungüento electoral que recibió para implementar planes cada vez más agresivos contra los trabajadores, contra los jubilados, y contra el pueblo en general. Yo creo que ahí la izquierda tiene que validarse también a sí misma en esas peleas y exigiendo a los dirigentes sindicales que se pongan a la cabeza porque es evidente que no lo están haciendo.

 

—¿La pasividad de los dirigentes de la CGT allana el camino para que asomen nuevos liderazgos de izquierda en la conducción sindical? 

 

—Los propios dirigentes sindicales son muy gauchitos con las patronales y brutamente macartistas y anti-izquierda con las oposiciones. Son rápidos para hacer listas negras, pero muy lentos para lanzar planes de lucha. Nosotros somos lo contrario a eso. No es para nada menor el peso que tiene el sindicalismo combativo. Pero después hay posiciones intermedias, como el sindicalismo kirchnerista, que se quedan en lo declamativo. Un sector colabora, otro declama, y la izquierda plantea enfrentar el ataque que el Gobierno ya anunció. Lo que pasó con el FIT en Jujuy en las elecciones es muy significativo: los trabajadores jujeños votaron en un 20 por ciento al recolector de residuos Alejandro Vilca porque es la expresión de una fuerza política que está a la cabeza luchando contra los despidos, los ataques en los ingenios de esa provincia. Y también expresa un rechazo a los ataques de las libertades democráticas, porque aún con las diferencias que tenemos con Milagros Sala, exigimos su liberación.

 

—¿Qué tan complicado se hace para la izquierda acercar su mensaje político al trabajador en un contexto de omnipotencia de grandes medios de comunicación que defienden los intereses del gobierno nacional y de los poderes económicos más concentrados?

 

—Obviamente que es una disputa desigual, pero somos modestos en reconocer que somos una fuerza en crecimiento y que, a su vez, somos ambiciosos en plantearnos los mecanismos para llegar. Como PTS lanzamos La Izquierda Diario, que es una manera de disputar de alguna manera ese sentido común que plantean los grandes medios. En el caso Maldonado, por ejemplo, venimos respondiendo minuto a minuto las mentiras que dice tanto el Gobierno como el multimedio Clarín. Las redes sociales también son muy importantes para nosotros. Siempre mantener una intransigencia en el mensaje pero modernizando y ampliando los mecanismos que tenemos para comunicar. Aprendiendo de nuestros enemigos porque no queremos una izquierda con naftalina. Lo mismo pasa con nuestros spot de campaña, que tratamos que no sean cosas aburridas sino creativas. Creo que nuestro mensaje llega con más fuerza de esa manera.

 

—¿Cuesta mucho ganar representación sindical en las empresas de la zona?

 

—En Santa Fe hay un armado bastante fuerte entre sindicatos, empresas y gobierno provincial. El caso de la empresa Liliana o la construcción que tenemos en el sector metalúrgico es un ejemplo de eso. Hay que cuidarse mucho porque muchas veces son los propios delegados los que hacen echar a trabajadores por zurditos. Pasa como en la película Los Traidores, de Raymundo Gleizer. Esa es una pelea dura que hay que dar todos los días porque nos planteamos ser una izquierda para todos pero con fuerte peso en los trabajadores.

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