Sociedad
11-10-2017
De la cárcel al trabajo

Estuvo 6 años prófugo, tiempo en el que trabajó e hizo una vida normal. Fue detenido y obligado a saldar una condena por robo, aunque un acuerdo entre fiscalía y defensa lograron mantener su fuente laboral mientras cumple la sentencia.

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Carina Ortiz | Cruz del Sur

 

Joel tiene 28 años y una condena por robo calificado. Junto con otro muchacho entraron a un almacén en 2007 armados con un cuchillo y un arma de fuego, amenazaron a las personas que había en el lugar y se llevaron un botín. Al tiempo Joel fue detenido y 3 meses después logró un arresto domiciliario. En 2009 fue condenado a 6 años y 6 meses por robo calificado y portación de arma. Cuando la Cámara Penal confirmó la sentencia Joel no estaba en su casa. Seis años después cayó durante un procedimiento policial de rutina.

 

Durante ese tiempo fue sostén de hogar, tuvo varios trabajos en blanco e incluso tramitó su documento de identidad. Sus últimos empleadores no dudaron en presentarse ante la Justicia para pedir por él. Le mantendrían el trabajo y se ofrecieron de garantes pero el Juzgado de Ejecución Penal negó el beneficio por cuestiones legales. Finalmente, la defensa y la fiscalía lograron un acuerdo.

 

Para ellos, la resocialización de un hombre que no volvió a cometer delitos fue el eje. Finalmente la jueza de ejecución homologó el convenio. Esta nueva oportunidad le permite a Joel hacer su trabajo, cobrar un sueldo y volver todos los días a la cárcel a cumplir su condena.

 

El 2 de noviembre de 2007 Joel y Claudio decidieron robar una granja ubicada en Luis Vila al 1300. Se armaron con un cuchillo y un arma de fuego, entraron y redujeron a las tres personas que había en el lugar. Luego de amedrentarlos escaparon en moto con el botín. Una de las víctimas decidió seguirlos sin que se dieran cuenta. El dúo llegó hasta una casa donde dejaron la moto.

 

Con este dato y la descripción física, la policía llegó hasta la casa donde habían ingresado los ladrones. Allí fueron atendidos por una mujer. Veinte minutos antes Joel había llegado hasta la casa para pedir prestada una moto.

 

Cuando salió al volante se subió otro muchacho al asiento trasero. Al rato Joel volvió y dejó la moto. En un balde que había en la casa la policía encontró un cuchillo y un arma de fuego. Claudio luego fue reconocido por la mujer como el muchacho que acompañaba a Joel aquel día.

 

Un tiempo después ambos fueron detenidos. Joel logró una domiciliaria en diciembre de 2007 aunque siguió vinculado a la investigación. En agosto de 2009 el Juzgado de Sentencia N° 8 lo condenó a 6 años y 6 meses por el delito de robo calificado y portación de arma.

 

La decisión fue apelada por su defensor pero la Cámara Penal confirmó la sentencia. Cuando fueron a buscarlo, Joel ya no estaba. En abril de 2010 lo declararon rebelde y nada se supo de su paradero hasta agosto de 2016.

 

Según consta en la causa, Joel fue detenido en un procedimiento de rutina. Eran las 13,45 del 13 de agosto de 2016, cuando caminaba por Irak y Anchoris, a un par de cuadras de su casa. Llevaba una gorra y estaba vestido de negro. La policía le pidió su documento, luego de identificarlo solicitó un informe a la sede operativa y saltó un pedido de captura activo. Nuevamente marchó preso. Joel se excusó. Dijo que se había alejado de su madre, y estuvo un tiempo viviendo en otro lado. Ello no evitó la notificación de la sentencia condenatoria y lo derivaron a la Unidad Penitenciaria de Coronda.

 

El acuerdo

 

Durante el tiempo que estuvo rebelde Joel siguió su vida con normalidad, explicó su abogado Marcelo Argenti, y como contaba con un trabajo en blanco en la construcción con el que solventaba a su familia, solicitó a la jueza de Ejecución Penal, Luciana Prunotto, salidas laborales que fueron rechazadas, no había cumplido la mitad del a condena para obtener el beneficio. Argenti apeló la decisión y el caso fue una vez más a la Cámara Penal. En el transcurso del trámite, llegó a un acuerdo con el fiscal de Cámara Guillermo Corbella.

 

Cuando Joel fue detenido le faltaban cumplir 6 años, 3 meses y 21 días de cárcel. Pero en esos 6 años prófugo Joel volvió a vivir a la casa de su madre, donde había fijado domicilio para el trámite judicial. Desde la obtención de la domiciliaria, en diciembre de 2007, Joel trabajó y no volvió a cometer delitos.

 

En enero de 2009 prestó servicios en un conocido supermercado de la ciudad donde realizó tareas de maestranza y servicio. Al año entró a trabajar en una constructora como medio oficial. Mientras, realizó un curso de herrería en una escuela nocturna. En febrero de 2016 cambió de rubro. Trabajó para una firma dedicada a la fabricación de cartón corrugado. Finalmente, en abril de 2016 volvió a la construcción. Una firma sanlorencina lo empleó.

 

A principios de 2016 se tramitó el documento de identidad luego de perder el anterior e incluso fue a votar en todas las elecciones que se realizaron en esos 6 años, dijo Argenti. Cuando cayó detenido la constructora le guardó el trabajo. El defensor explicó la necesidad familiar de este hombre que es sostén de hogar y padre de un niño de 9 años.

 

Entonces el abogado apeló la decisión y logró un acuerdo con el fiscal de Cámaras Corbella. Luego de un informe de la empresa empleadora, otro socio ambiental –su pareja es empleada doméstica en forma ocasional, dijo el abogado– y dos testigos que se presentaron como garantes acordaron salidas laborales bajo la orden de la constructora. Joel debe prestar servicios en una planta que cuenta con cámaras, registro de acceso y egreso con impresión digital y personal de seguridad.

 

 El traslado del condenado quedó a cargo de la firma empleadora y trabaja 10 horas diarias de lunes a viernes, y medio turno los sábados.

 

Corbella y Argenti tuvieron en cuenta la finalidad social y humana de la pena, es decir la resocialización y no el castigo. En el acuerdo pesó la falta de antecedentes penales y el tiempo transcurrido desde la comisión del delito. En la audiencia ante la Cámara Penal, Argenti planteó el acuerdo y desistió de la apelación. El objetivo fue presentar el convenio ante la jueza de ejecución y lograr su homologación.

 

Finalmente Prunotto aceptó y derivó a Joel a un penal más cercano al domicilio laboral y afinó los controles sobre el muchacho: deberán presentarle mensualmente informes del empleador sobre la asistencia al trabajo. Si tiene alguna licencia debe permanecer encarcelado y el empleador debe notificar al Juzgado. Tampoco puede salir del lugar de trabajo, cualquier quebrantamiento revocará de forma inmediata el beneficio. Con estas condiciones Joel G. puede ir a trabajar a diario.

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Viernes 17 de Noviembre de 2017
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