Sociedad
04-10-2017
“En Venezuela se perdió una gran oportunidad”

Alan Woods, teórico marxista, militante trotskista y autor de una extensa historia del partido Bolchevique, estuvo en Rosario para el congreso por los 100 años de la Revolución Rusa. Fue asesor de Chávez hasta principios de los 2000, dice que el venezolano fracasó al hacer una revolución a medias. Habla del rol de los reformistas en la historia –“los kirchneristas”, les dice– y sostiene que la clase trabajadora es más fuerte que nunca, pero no tiene quién la conduzca.

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Pablo Makovsky | Cruz del Sur

 

Cuenta que en 1914 su abuelo, alentado por la ola de “chauvinismo” que recorría Europa, se enroló en Swansea, su pueblo de Gales, en el ejército de Reino Unido para ir a pelear a la Primera Guerra. Y que de allí, de uno de los tantos mítines que se producían dentro de las tropas, salió convertido al comunismo. Con la palma de su mano blanca manchada por los años –cumplió 73– apoyada en el libro de unas mil páginas que vino a presentar a Rosario la semana pasada, en el marco del congreso internacional “A cien años de la Revolución Rusa“, trae a la conversación una “enfermedad” de la izquierda revolucionario descripta en su momento por el mismo Vladimir Ilich Lenin: el sectarismo.

 

Los bolcheviques, dice –y de los bolcheviques sabe, porque publicó hace cuatro años una historia del partido Bolchevique que es acaso de las más completas que existen–, desconfiaban de los soviets, los consejos de trabajadores que se habían extendido en la Rusia pre-revolucionaria, porque estaban gobernados por reformistas, “por los kirchneristas de entonces”, ejemplifica y bromea; sin embargo, Lenin, quien recién volvía del exilio ve allí la posibilidad de organizar las fuerzas revolucionarias y pide “todo el poder a los soviets”.

 

El encuentro con Alan Woods se da en la Facultad de Humanidades y Artes, en el 700 de la calle Entre Ríos, después de una larga charla que incluyó pormenorizadas respuestas a la audiencia. Woods, además de autor de la historia del bolchevismo y reconocido teórico marxista –además de su inglés natal, habla español, ruso y otros cuatro idiomas–, fue asesor en su momento del ex presidente venezolano Hugo Chávez quien, según su opinión, no se animó a hacer una revolución en Venezuela.

 

Tiene, como muchos trotskistas, esa fe llena de esperanza en la clase obrera, en la crisis terminal del capitalismo y en la vida nueva que inauguraron Lenin y León Trotsky en octubre de 1917, cuando el mundo conoció por primera vez en su historia que las masas podían revelarse y “tomar el destino en sus manos”. En el concurrido salón de Humanidades dirá: “No hay celular que funcione, ni tuerca, ni mercado si atrás no hay un trabajador. La clase obrera es cada vez más grande, y más poderosa, pero no lo sabe”.

 

En la charla reacomoda ciertos lugares comunes que se suelen agitar al hablar de los revolucionarios. “Muchos deben recordar la escena de la toma del Palacio de Invierno del zar en la película ‘Octubre’ (1927), de Sergei Eisenstein; sin embargo, debido a un accidente hubo más muertos durante la filmación de esa escena que en la misma toma del palacio, porque cuando quienes lo defendían vieron avanzar a las masas se rindieron”. Lo que fue violento, según su relato, fue el asedio de 23 ejércitos de otros países que asistieron a sofocar la revolución. Sin embargo en el seno de esas tropas también hubo motines de soldados que se resistían a dispararle a la masa civil indefensa. Los mismos motines que en la guerra del 14 habían convertido a su abuelo al comunismo.


El partido Bolchevique es único, dice, pasó “de ser un puñado de personas, al principio del siglo XX –se formó en menos de dos décadas– y se transformó en un partido capaz de dirigir millones de personas hacia la conquista del poder”. La Rusia zarista de hace cien años –describe– era un país muy atrasado, más atrasado que Pakistán hoy en día.


La clase obrera era menos de cuatro millones de obreros industriales en una población de 150 millones. “Hay una anécdota muy significativa –cuenta Woods–, en enero de 1917 el mismo Lenin estaba dando un cursillo para las juventudes socialistas en Suiza y dijo: ‘Camaradas, yo ya soy viejo y probablemente nunca veré la Revolución Socialista. Depende de vosotros, la juventud, llevar a cabo la lucha’. Días después descubre que ya estalló la revolución de febrero y nueve meses más tarde estaba en el poder”.

 

—Sin embargo hoy día se habla de una la clase obrera diezmada, con sindicatos quebrados, y un poder del mercado avasallante.

 

—Siempre se nos ha dicho que la revolución es imposible. Y discrepo de lo de la clase obrera de hoy. Se pueden enumerar muchas dificultades. Pero fíjate que vivo en Londres, Inglaterra, y no hace mucho Gran Bretaña era el país más estable de Europa, en apariencia, y no obstante cuántas explosiones sociales y políticas hubo aquí. Por ejemplo, el nacimiento de Jeremy Corbyn como líder del partido Laborista, que nadie lo esperaba, ni yo.

 

—En su momento usted consideró la revolución bolivariana de Hugo Chávez como un germen revolucionario mundial. ¿Cómo lo considera ahora?

 

—Ay, ay, lo que está pasando en Venezuela es una gran tragedia. En nuestra corriente, la Tendencia Marxista Internacional (IMT en inglés), fuimos los que decíamos al principio que en Venezuela había una revolución, de hecho había una, no cabe duda. Hago una definición que hizo Trotsky en su gran libro “La historia de la Revolución Rusa”, donde se hace la pregunta “¿Qué es una revolución?” Y contesta: es una rareza en la historia en la que las masas –los millones de hombres y mujeres corrientes que normalmente no se interesan por la política– comienzan a participar de la política y a tomar su destino en sus manos. Con los conocimientos de lo que sucedía en Venezuela puedo decir que sí existía allí una revolución. Y de hecho se pudo mantener mucho tiempo, porque yo esperaba una contrarrevolución mucho antes. Duró casi dos décadas, porque cada vez que la contrarrevolución comenzaba las masas se lanzaron a la calle y la derrotaron, por ejemplo en 2002, cuando hubo un golpe de estado con el apoyo de todos los poderes fácticos. Las masas intervienen y eso colapsa en 48 horas. Y en ese momento, si hubiesen recibido una sola palabra de Chávez para acabar con el capitalismo lo hubieran hecho. El problema es la dirección.

 

—Usted tuvo una relación con Chávez.

 

—Tuve el gran placer y honor de conocer al presidente Chávez bastante bien. Mi impresión es que era un hombre muy sincero, desde luego muy valiente y quería hacer la revolución, pero no sabía exactamente cómo. Consecuente y lamentablemente, en Venezuela se intentó hacer una revolución a medias. Lo dije en ese momento. No se puede hacer una revolución a medias, porque va a ser peor que antes. O derrotamos a la oligarquía o ellos nos derrotan como el día sigue a la noche. Y eso es lo que sucedió. Venezuela es un desastre ahora porque el intento de combinar el mercado libre con el “socialismo”, un régimen muy corrompido, termina en una catástrofe económica y una gran desilusión de las masas. Soy partidario de defender la revolución venezolana, pero al mismo tiempo tenemos que decir la verdad, y la verdad es que se ha perdido una gran oportunidad en Venezuela.

 

—De todos modos, con el triunfo de Macri en Argentina, el derrocamiento de Dilma Roussef en Brasil, ha surgido una ola de derecha en América que usa los instrumentos democráticos para llegar al poder.

 

—Lo cierto es que por todas partes las masas están buscando una salida de la crisis. Y si la llamada izquierda no da soluciones concretas para las masas, inevitablemente el péndulo se movería hacia la derecha. En Francia hace poco se dio el triunfo electoral de Macron y todos los burgueses del mundo parecen muy contentos con este gran triunfo del centro. Y ya verás cuánto tiempo va a durar Macron, porque no tiene soluciones y ni siquiera ganó con una mayoría, porque el 70 por ciento ni siquiera votó. Hay un gran escepticismo en lo que llamas la democracia. Un gran escepticismo en las instituciones burguesas en general, porque antes había ciertas ilusiones en las instituciones de la democracia, en la justicia, en la ley. Ya no. También hay una gran desilusión debido al fracaso de lo que llamo el reformismo: el kirchnerismo, incluso el chavismo en Venezuela, ese intento de no llevar a cabo la revolución sino llegar a soluciones a medias que siempre conducen al desastre. Y me da la sensación de que el señor Macri tampoco tiene mucho futuro.

 

—Cuando Macri comenzó acá su gobierno se decía que iba a actuar como Margaret Thatcher a principios de los 80 con los mineros, que no sólo desarticuló esa lucha gremial sino que arrasó con el sindicato.

 

—Thatcher no logró destruir los sindicatos, salvo el minero, porque cerró las minas. Pero los sindicatos en Inglaterra no están destruidos. Los del sector estatal están amenazando al gobierno con manifestaciones, luchas y huelgas. Thatcher también gobernó en un período en el que había cierto auge del capitalismo a nivel internacional, mientras que hoy hay una crisis que no tiene paralelo en la historia. Ya van diez años, casi, del colapso de 2008. ¿Y qué han solucionado? Nada. Y la economía mundial sigue en una situación desastrosa. Y todos los gobiernos del mundo, sean de derecha o izquierda, están atacando el nivel de vida, los salarios, sobre todo al sector estatal, al estado de bienestar. Inglaterra era el país clásico del estado de bienestar. Eso, claro, provoca una resistencia feroz de parte de la clase obrera.

 

—Muchos analistas comparan la situación de Argentina y del mundo con la situación de los años 30, con el ascenso de la derecha y el peligro de una guerra inminente. ¿Usted comparte esa visión?

 

—Hay grandes diferencias con los años 30, por ejemplo, la guerra. No va a haber ninguna guerra mundial porque las condiciones son muy diferentes a las de entonces. Antes de hablar de la Segunda Guerra, hay que decir que para que hubiera una Primera fueron necesarias una serie de derrotas claves de la clase obrera. Hoy por hoy eso no existe. Por ejemplo, se insiste en llamar a Donald Trump un fascista, y no lo es. Es reaccionario, es de derechas, todo lo que quieras, pero no fascista. No se compara con Hitler, que contaba con millones de fascistas capaces de destruir y aniquilar a la clase obrera alemana. Es la condición previa. O la derrota de España (1936-39), eso sí que son derrotas graves, no pequeños reveses como los de hoy. Por otra parte, la burguesía no hace guerras para divertirse o por patriotismo, las hacen para conquistar mercados. Fíjate en Corea del Norte, es un país insignificante, y no obstante ese enano está provocando a diario al país más poderoso en la historia del mundo que es Estados Unidos. Y no pueden hacer nada. Hoy los equilibrios de fuerza no permiten una guerra entre los grandes países. Guerras pequeñas va a haber todo el tiempo. Pero no hay fascismo. Y paradójicamente la clase obrera es hoy más fuerte que nunca. Si bien es cierto que la composición del proletariado ha cambiado, yo tengo cierta edad y me acuerdo de que un profesor, un maestro en Inglaterra y también en Argentina jamás se consideraría de clase obrera, ni entraría a un sindicato ni haría una huelga. O un funcionario público, o una enfermera, o un bancario; y hoy en día los sectores más militantes son esos, los que ayer eran clase media y ahora se han proletarizado. Lo mismo con los estudiantes: en los años 30 eran todos hijos de papá, burgueses y de extrema derecha, fascistas. En Reino Unido, en la huelga general de 1926 los estudiantes pelearon con las fuerzas del orden. Hoy si hay una huelga general en Inglaterra los estudiantes la apoyarían.

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Miércoles 13 de Diciembre de 2017
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