Sociedad
27-09-2017
Piden altas penas para Los Cerrajeros

Al borde del juicio oral, sorprendió el pedido de hasta 35 años de la fiscalía. La mecánica de los robos y la violencia con la que se cometieron fueron dos características que resaltó la Acusación.

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Carina Ortiz | Cruz del Sur


La banda de los cerrajeros saltó a las crónicas policiales a mediados de 2016. Su especialidad eran las entraderas. Las víctimas quedaban a merced de las violentas reacciones del grupo para lograr suculentos botines. Su sello característico fue el uso de dispositivos para abrir las puertas sin forzarlas y la utilización de una plancha caliente para amedrentar a aquellos que no cedían a sus pedidos. En julio pasado detuvieron a un grupo de hombres. Una banda mixta compuesta por rosarinos y porteños que, para la fiscal Viviana O’Connell, son los autores de los robos.

 

La banda contaba con dos cabecillas: un rosarino que brindaba inteligencia y logística y otro, oriundo de la provincia de Buenos Aires, que cometía los atracos. La semana pasada, en una audiencia previa al juicio oral, la funcionaria pidió altísimas penas para siete personas con sanciones que van de 39 a 15 años de cárcel. Mientras que los defensores vieron con otros ojos la acusación: entienden que es exorbitante el pedido de sanción e incluso reclamaron, en algunos casos, el sobreseimiento de sus clientes.

 

Según la investigación, los robos comenzaron en agosto de 2015. Cada veinte días aproximadamente cometían dos o tres atracos y desaparecían. Todos tenían mecánicas similares. Durante casi un año de investigación se estimó que habían actuado en unos 44 robos. Para la fiscalía, cinco de los acusados participaron en todos los asaltos y los otros se alternaban.

 

Finalmente, siete involucrados fueron formalmente acusados por asociación ilícita y la comisión de catorce entraderas violentas donde se alzaron con más de 370 mil pesos y unos 76 mil dólares en efectivo, entre otras pertenencias.

 

Mecánica

 

Los asaltantes no forzaban la cerradura de las casas, utilizaban elementos plásticos para abrirlas sin violentarlas ni dañarlas, a esta característica debe su nombre la banda. Entraban a las propiedades y sorprendían a sus ocupantes que eran reducidos violentamente, con armas o cuchillos. En algunos casos torturaban a las víctimas, usando una plancha que enchufaban para amedrentarlas. En ocasiones provocaban quemaduras a los moradores, a quienes dejaban maniatados. Mientras cometían los robos tenían apoyo desde afuera. Se comunicaban a través de un handy y por lo general había más de un vehículo que los sacaban del lugar con el botín.

 

Para la fiscal, Claudio Martín C. (apodado Caio), era uno de los cabecillas de la banda que se ocupaba de la inteligencia. O’Connell sostiene que el rosarino de 44 años ubicaba los blancos, aportaba la logística, la movilidad, el lugar donde iban a parar los ladrones después de los robos. Mientras que el porteño Juan Alberto V. (alias Dany o Rata), era la otra pata, a cargo del grupo que ejecutaba los atracos. Las comunicaciones telefónicas son la evidencia de O’Connell y a partir de allí construyó su caso: entrecruzamientos, trabajos de inteligencia, filmaciones, redes sociales, buscadores de datos, seguimientos, son los elementos con los que cuenta.

 

Uno de los celulares robados en calle Rioja al 2400, en agosto de 2015, era usado por un tal Nicolás. Se dispuso su intervención telefónica. De los datos obtenidos se llegó a la identidad de uno de los imputados. Nicolás Heredia, alias Tato, finalmente aceptó un acuerdo abreviado con la fiscalía. Para la acusación era el pibe de los mandados. Vivía a metros de la casa del sindicado cabecilla rosarino y en su vivienda se secuestraron armas y algunos objetos robados. Fue detenido algunos meses después de cumplir 18 años y como no tuvo reconocimientos positivos obtuvo un arresto domiciliario hasta que, en diciembre pasado, consintió un procedimiento abreviado que lo condenó a tres años de prisión condicional y una multa de mil pesos por encubrimiento agravado.


A partir del celular de Heredia surgió la composición de la banda, afirmó la fiscalía. Ello derivó en una serie de allanamientos. En julio de 2016 detuvieron a 6 personas y secuestraron distintos elementos: chips, tarjetas de memoria, recibos de cargas virtuales, celulares, relojes, computadoras, handys, armas, autos y dinero, entre otros elementos. A lo que sumaron llaves computarizadas y algunos plásticos flexibles con forma hexagonal que se utilizan para abrir puertas.

 

Penas

 

Finalmente la fiscal acusó a siete personas: las penas más altas fueron solicitadas para Claudio Martín C., Caio, y Juan Alberto V., Rata. Reclamó 39 y 35 años respectivamente. Ambos son sindicados jefes de la banda. Para O’Connell, Caio era el cerebro de la organización en la que se valió de un menor de edad –Nicolás Heredia– para esconder objetos e inició a su hijo en la carrera delictiva, y Rata era la otra pata que reclutaba gente en Buenos Aires para cometer los robos.

 

Para el hijo de Caio, solicitó 20 años, mientras que a Néstor Daniel G., la sanción reclamada escala a 25 años, para la fiscalía era uno de los más violentos. A Eugenio Nicolás Gonzalo S., alias Ketu, y a Pablo Sebastián S., apodado Panchito, les pidió 28 años de prisión a cada uno. Finalmente para Marcos Ezequiel F., la fiscalía reclamó una condena de 15 años de cárcel.

 

Atracos

 

El 18 de agosto de 2015 una casa ubicada en Cerrito al 3200 fue el blanco. Redujeron a una mujer y su hijo que estaban en el patio. Los maniataron en una habitación de planta alta y se llevaron 11 armas –tres de ellas fueron secuestradas en distintos allanamientos–, equipos electrónicos, alhajas, 8 mil pesos, 700 dólares y 100 euros. Al día siguiente y con la misma mecánica ingresaron a una casa de calle Rioja al 2400.

 

Allí redujeron a la dueña de la propiedad, su hijo menor de edad y la empleada doméstica. Uno de ellos apareció con una cuchilla y le dijo a la mujer que le iba a cortar el hijo en pedacitos. Luego ataron a las víctimas en el lavadero y se llevaron 13 mil pesos, 38 mil dólares y otros objetos de valor. Dos de los tres ladrones que ingresaron quedaron registrados en una filmación de una cámara de seguridad lindera, sostuvo la fiscal.

 

El 23 de noviembre de ese año entraron en Dorrego al 2400. Cuatro integrantes de una familia corrieron la misma suerte. Se llevaron 20 mil pesos y otros elementos de valor. Una cámara de seguridad vecina capto la huida de los ladrones en dos autos. Filmación que logró tomar la fisonomía de dos de ellos. Ese mismo día robaron en Juan Manuel de Rosas al 1400, esta vez además golpearon a las víctimas y se llevaron 10 mil pesos, 4.540 dólares y alhajas.

 

A principios de diciembre el blanco fue una casa de San Luis al 2300. Aquí, las víctimas fueron atacadas a golpes, le gatillaban en la cabeza y usaron un cuchillo para amedrentar a la dueña de casa que fue quemada con una plancha para que su marido entregue más plata. Se llevaron 3 mil dólares, 62 mil pesos y otros bienes. Dos días después entraron a una vivienda de Ituzaingó al 800. Se llevaron 20 mil dólares, 500 pesos y otras pertenencias. Esta vez las cámaras del 911 ubicadas en Ituzaingó y Maipú captaron un Renault Clío y un Fiat Palio a gran velocidad. La pesquisa determinó que esos dos autos también se usaron en el robo de calle Dorrego al 2400.

 

Durante enero no se registraron robos y el 3 de febrero de 2016 entraron en la casa ubicada en Viamonte 966. Se alzaron con 30 mil pesos y 7500 dólares, una pistola y otros objetos de valor. También se llevaron cuatro camisetas firmadas por distintos jugadores que estaban destinadas a ayudar a Abril, una nena que debía someterse a un trasplante de médula. Una de esas camisetas fue secuestrada en la casa de la pareja de uno de los cabecillas de la banda en Buenos Aires, sostiene la acusación.

 

En marzo entraron en Dorrego al 2000. Esta vez no se salvó ni el jardinero. En abril hubo un robo en Viamonte al 600, donde amenazaron con quemar al hijo de la pareja. Buscaron y enchufaron una plancha para hacer más real su amenaza. En mayo hubo tres atracos con la misma modalidad.


Los últimos dos robos achacados a la banda ocurrieron en junio de 2016. Uno en José Hernández al 2300, el botín contenía 17 mil pesos y 3 mil dólares. Dos días después ingresaron a una casa en Funes donde se llevaron 7 mil pesos y 100 dólares entre otras pertenencias.

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Miércoles 18 de Octubre de 2017
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