Política
19-05-2017
Brasil: la descomposición de una élite política

El economista y politólogo argentino Eduardo Crespo dio a Cruz del Sur un análisis preliminar de la conmoción política que vive ese país tras el escándalo de corrupción que involucra al presidente Michel Temer. Según advierte, la judicialización de la política en Brasil funciona en base a la corrpucción que salpica a todos. "El 40 por ciento de los diputados del parlamento brasileño son empresarios, entonces es un proceso que se va de las manos”, dice.

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Según el economista y politólogo argentino Eduardo Crespo, docente de la Universidad Federal de Río de Janeiro, la actual crisis brasileña –luego de que se difundieran audios que comprometen al actual presidente Michel Temer con actos de corrupción– no impactará en Argentina más allá del tema dólar y las importaciones. “No por ahora”, dijo en diálogo con Cruz del Sur.


“Ni Brasil ni Argentina están muy expuestos a una corrida cambiaria: en Brasil hay muchas reservas internacionales; y el gobierno de Macri tiene todavía reservas y financiamiento internacional”, afirmó Crespo. Sin embargo, la situación en Brasil no deja de ser un tembladeral político e institucional que no se sabe en qué terminará.


Si bien no es una gran sorpresa el escándalo que produjo la grabación en la que se escuchaba al presidente Temer acordar coimas de un empresario al ex presidente de la cámara de Diputados Eduardo Cunha, detenido por corrupción, para mantener su boca cerrada; “lo que sorprende es el grado de descomposición en élite brasileña”, señala Crespo.


El grado de descomposición de la élite, de acuerdo al especialista, puede observarse en el conflicto entre sectores diversos de la política, jueces, medios de comunicación. La misma red O’Globo, que hizo una fuerte campaña para destituir a la ex presidente Dilma Rousseff en agosto del año pasado, fue la que difundió la grabación que uno de los empresarios más fuertes de Brasil le “robó” a Temer en el mismo palacio de gobierno.


Crespo lo grafica así: “Es como imaginar que obliguen a Franco Macri a ir con un grabador a sacarle una grabación al presidente”. “Mi interpretación es que le dieron mucho aire a la cosa judicial. Desde que Lula llegó al poder (enero de 2003) judicializaron la política, trataron de demostrar que el PT (el partido de Lula y Dilma) compraba diputados –cosa que todos hacen porque una campaña a diputados media cuesta unos tres millones de reales– y lo mismo cuando vieron el filón de Petrobras –que empezó con una denuncia en Estados Unidos–, buscaron consenso entre sectores de clase media que tenían ganas de indignarse, molestos con la redistribución de ingreos, esto incluyó a  empresarios y medios de comunicación”, amplió.


De acuerdo al diagnóstico de Crespo, la judicialización de la política en Brasil funciona en base a la corrupción: “Si revolvés, no sólo cae el PT. Estás rompiendo el tejido social, te metés con empresarios, y el 40 por ciento de los diputados del parlamento brasileño son empresarios, entonces es un proceso que se va de las manos”.

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