Deporte
17-05-2017
El clásico hace rato que no es una fiesta

El saldo del partido más esperado del año para Newell’s y Central volvió a ser lamentable. No sólo por los conflictos del final, por la agresión que sufrió el juez de línea que derivó en la suspensión del partido, sino que, por encima de todo, una persona perdió la vida. El fútbol se transformó en el sitio más propicio para ver la faceta más irracional del ser humano. El juego, como siempre, es lo de menos.

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Alejandro Mangiaterra | Cruz del Sur


“Habría que preguntarse dónde pondría la gente su violencia si no existiera el fútbol” dijo Jorge Valdano cuando le preguntaron por el hincha de Belgrano de Córdoba arrojado al vacío desde una tribuna en pleno clásico ante Talleres.


Al salir del estadio de Newell’s, el último domingo, caminé hasta la esquina de Montevideo y Rodríguez. En la puerta de un kiosco, un grupo de gente de ocho personas discutía sobre el clásico. Ante la cercanía con el Coloso, pensé que se trataba de hinchas de Newell’s que se buscaban o intentaban una explicación al mal desempeño del equipo. Al llegar a la esquina escuché: “¿y qué pasa si yo soy de Central y vos de Newell’s? ¿Qué hay de malo en eso?”, “No pasa nada pero no me provoques”, respondía su interlocutor, mientras algunas  voces femeninas trataban de hacerlos entrar en razón para que la historia no terminara en la irracionalidad.


No me quedé a ver como terminaba la historia. No hacía falta. Esa discusión seguro se multiplicó por mil y se expandió por toda la ciudad. En la noche del domingo nos enteramos que dos familias se habían enfrentado en zona noroeste: un hombre fue asesinado y su hija baleada en Ghandi al 5800, luego del clásico entre Newell´s y Rosario Central. Desde el Ministerio Público de la Acusación informaron que los primeros testimonios obtenidos indicaban que el homicidio se produjo en el marco de una discusión relacionada al partido de fútbol. Al hombre lo mataron de un escopetazo.


En el diario Infobae se lee la crónica de Loana Viera, quien cuenta su odisea en el Parque Independencia: dice haber estado en la platea y haber sido víctima de un señor que “posiblemente esté atendiendo al público en un banco” quien la acusó de Canalla por no gritar el descuento de Formica. Lo describe así: “Tal vez no acerté con su actividad laboral pero, sea cual fuera, por su aspecto entendí que le iba bien. Ayer, sin embargo, estaba en modo bravucón, acaso salvaje”.


La periodista explica que por su apatía, ante las acciones que favorecían o perjudicaban al equipo, empezaron a sospechar que se tratase de una intrusa: “de repente me encontré tomada desde atrás por mis ropas y siendo empujada hacia adelante con una vehemencia que me desarmó físicamente”, dice. Además, describe que cerca suyo vio a un anciano querer irse de la cancha y que un joven se lo impidió. El folclore se volvió estúpido e irracional.


Después del partido, el presidente de Central hizo mención a la suspensión del juego y le puso más pimienta a la locura. Broglia debe saber, por el cargo que ocupa, que está en otra posición que lo diferencia de los demás hinchas, aunque nadie pone en duda que lo sea. Todo es irracional y desmedido pero desde las conducciones no se puede fogonear la estupidez. Tampoco desde adentro de la cancha como hicieron algunos futbolistas de Central, por supuesto.


“El clásico ya no es una fiesta; te da miedo que te toque otra vez”, dijo Noelia; la esposa de Martín, que fue asesinado en 2014 por salir a festejar. A su vez, el Coordinador de Seguridad Deportiva de la Provincia, Diego Maio, dijo: “Si no estaban los policías hubiera sido un desastre”, tras los incidentes del domingo. El funcionario aseguró que la barra de Newells quiso ingresar a la cancha y que se robaron la manga con la idea de que no se abra “para agredir a los jugadores”. El fiscal de homicidios, Adrián Spelta, expresó: “El folclore se termina convirtiendo en algo mucho más violento”.


Los griegos creían en enaltecer al rival en el combate, a mayor calidad y merecimientos del contrincante mayor era la gloria conseguida. Hoy la idea es desacreditarlo, minimizarlo, no reconocerlo: “no existís”.  La feminización del rival también es una de las formas de la denostación de esta sociedad machista que en el fútbol tiene un sitio propicio para propagarse. Los cánticos en las tribunas están repletos de alusiones sexuales, más bien de vejaciones sexuales. 


Es probable que las expectativas que el hincha deposita sean directamente proporcionales a la insatisfacción que le produce una derrota de su equipo. También es probable que hayamos sido direccionados a poner todas nuestras expectativas en un estadio y no en otro lado.


Cuando era chico, en un lugar recóndito de la provincia, en una cancha de pueblo, en la que apenas separa un tejido al público de los protagonistas, donde ir a la cancha a ver al equipo de la comuna era la salida del fin de semana, escuché a una señora vanagloriarse en echarle encima al juez de línea un termo de agua caliente.


Habría que preguntarnos por qué nos duelen las cargadas, qué nos irrita, por qué no lo soportamos; por qué no entendemos que no pasa nada si perdemos, porque no entendemos que la vida no se acaba en un clásico, que la vida sigue. O que, al menos, debería seguir.

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Miércoles 13 de Diciembre de 2017
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