Sociedad
17-05-2017
A la hora señalada: duelo desaparejo acabó en muerte y condenas

Seis meses antes del asesinato del Pájaro Cantero, la ejecución de Juan Pablo Colasso demostró el poderío del clan Bassi. Ahora el Pollo acaba de ser condenado a 16 años de prisión y Macaco Muñoz a 14, mientras Milton Damario terminó absuelto. El trío fue exculpado en juicio oral semanas atrás por el crimen del líder de los Monos.

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Alberto Carpintero | Cruz del Sur


“Era la hora de la verdad, al mejor estilo de las películas de Hollywood”. Así definió el juez Edgardo Fertitta el momento previo al crimen de Juan Pablo Colasso, un muchacho asesinado en 2012 Villa Gobernador Gálvez tras haber sido atacado tres veces en las 48 horas anteriores y, a su vez, haber agredido a tiros los vehículos de sus rivales en ese lapso. Para el magistrado, una serie de comunicaciones entre la víctima y uno de los victimarios “presagiaba un enfrentamiento” y bien pudieron ambos pactar un encuentro.


Por el caso, Luis “Pollo” Bassi, integrante del clan villagalvense diezmado por las muertes violentas, acaba de ser condenado a 16 años de cárcel, en lo que configura su primera pena, pese a que no hubo testigos que lo ubicaran en la escena del homicidio. Facundo “Macaco” Muñoz recibió 14 años mientras que Milton Damario, pese a que en uno de los ataques sobre Colasso se usó una ametralladora utilizada en otra ejecución donde está condenado, fue absuelto, aunque terminó sentenciado a tres años por falsificación de carné de conducir. El mismo trío se sentó en el banquillo por el asesinato del líder de los Monos Claudio “Pájaro” Cantero y terminó sin condena.


Seis meses antes del homicidio del Pájaro Cantero, el asesinato de Colasso expuso el poderío del clan Bassi en Villa Gobernador Gálvez contra alguien que había trabajado en el boliche La Brújula y en la remisería familiar de los Bassi, llamada Cinco Estrellas, y que también había compartido la barra brava de Newell’s con el Pollo, según reconstruyó la instrucción del caso, a cargo del magistrado Alejandro Negroni. Ni los procesamientos dictados por este juez ni el fallo condenatorio que acaba de firmar el magistrado Fertitta hacen referencia explícita a la cuestión del narcotráfico, que sobrevuela todo el expediente, aunque sí habla de la disputa por territorio entre dos bandos.


Según acaba de firmar el juez Fertitta, a partir de mensajes de texto, escuchas, dichos de testigos e informes balísticos, entre otros elementos, Colasso había sido golpeado un mes antes del homicidio en la disco de Bassi, tal vez porque se había quedado con dinero al trabajar allí, y en la noche del 13 de noviembre de 2012 había “echado” de su barrio al Pollo.


De acuerdo con la resolución, Colasso venía de caravana, tomando drogas y en permanente paranoia –armado con dos pistolas nueve milímetros y una escopeta tipo Ithaca– en la tarde del 14 de noviembre. Circulaba con su Peugeot 307 gris por San Martín y Eva Perón, en la zona de la plaza principal de la ciudad, cuando desde una Dodge Ram roja le dispararon. Según su hermano Lucas y un joven apodado Pacheco, que lo acompañaban, Juan Pablo repelió el ataque, que se prolongó por varias cuadras por San Martín al sur. No hubo heridos en ese intercambio de disparos y Juan Pablo les dijo a quienes lo acompañaban que quien le tiraba era el Pollo.


Menos de una hora después, en Oppici y Soldado Aguirre, no muy lejos de la casa de Colasso, se produjo otro tiroteo que tampoco dejó heridos. Testigos dijeron haber visto a uno de los hermanos del Pollo pasar por el barrio poco antes de esta balacera, que según surge del expediente se produjo entre Colasso –quien estaba con Pacheco y un muchacho apodado Gordo–, y otros hombres entre los que se contaban Pollo Bassi –una vaina 11.25 incautada en el primer tiroteo que le atribuyen es similar a otras tres secuestradas en la escena de esta balacera–, Macaco Muñoz y Milton Damario.


Este nuevo intercambio de plomo se produjo en la cuadra donde Lucas Colasso solía juntarse con otros muchachos del barrio, a pocos metros de la casa de Jorge Lavezzi. Éste, quien tenía una pescadería en Soldado Aguirre y avenida Filippini y luego sería asesinado, declaró como testigo, al igual que su hijo Fernando, quien le entregó a la Policía una vaina servida. Jorge contó que no había visto el episodio, en el cual el VW Polo de su propiedad terminó agujereado de un disparo, “pero se comentaba en el barrio que habían sido de la barra de Colasso con la barra de Bassi”.


Según el fallo, entre la noche del 14 de noviembre y la madrugada del 15 se produjeron tiroteos cruzados. Por un lado, el frente de la vivienda de los Colasso en Bordabehere al 1400 –mientras el padre de Juan Pablo, Roberto, se encontraba en el interior– fue rociado a tiros con una ametralladora (se contaron 22 vainas 9 milímetros) y otras dos pistolas del mismo calibre. En tanto, vehículos del clan Bassi y el frente del boliche La Brújula fueron baleados por Colasso.


En la tarde del 15 de noviembre hubo un tiroteo entre Colasso y la Policía. Juan Pablo iba en su 307 cuando una patrulla del Comando Radioeléctrico villagalvense quiso detenerlo. Es que esa misma mañana parientes de Colasso habían dejado asentada en Tribunales la denuncia por el ataque sobre el frente de la vivienda familiar, pero a la vez allegados al clan Bassi habían denunciado a Colasso por la balacera en La Brújula. De acuerdo con esta versión, la patrulla persiguió al 307 hasta la zona de Cabín 9, pero no pudo darle alcance, pese a haber intercambiado disparos, debido a que se accidentó en el camino.


En la noche de ese mismo 15 de noviembre Juan Pablo se había ido con su hermano y un par de amigos a casa de un enfermero, quien decidió alojarlos. La vivienda de Bordabehere al 1400 estaba vacía, en prevención de nuevos ataques tras la balacera de la madrugada anterior. Pero en la madrugada del día 16 Colasso llegó con su 307 frente a la casa familiar y se puso a escuchar música con el baúl del auto abierto y a lavar el vehículo. Muchachos del barrio le dijeron que se fuera, porque sabían que lo buscaban para matarlo, pero al parecer demoró en retirarse porque no encontraba la llave cruz. Caminaba a los gritos por el barrio, pidiendo ayuda y escopeta en mano, pero nadie le contestaba.


En la causa consta un llamado de un celular registrado a nombre del padre de Macaco, activado en la antena correspondiente a la zona norte villagalvense, al teléfono de Colasso en los segundos anteriores a la ejecución. Para el juez, Colasso hablaba con Macaco. Según testigos, unas ocho personas que se movilizaban en dos autos estacionaron en la esquina de Soldado Aguirre, lejos de la vista de la víctima, quien gritaba: “Vénganme a buscar, acá estoy”. Desde allí dispararon ráfagas de ametralladora, pero también con pistolas 11.25, 40 y 9 milímetros, que hirieron a Colasso en las piernas y una mano.


Llevaba puesto un chaleco antibalas que quedó intacto: ningún plomo le dio en el pecho. Pero cayó al suelo y los homicidas se acercaron a rematarlo. Le metieron dos tiros, de armas distintas, en la cabeza: la gorrita blanca le quedó manchada con sangre. En la cintura tenía una nueve milímetros que no llegó a disparar. A pocos metros del lugar donde cayó, apoyada sobre la pared de su casa, estaba su escopeta calibre 12. Murió un rato después en el hospital.


Para Fertitta, Bassi estuvo presente en el primer ataque, para lo cual tuvo en cuenta los mensajes de texto de Colasso, y como allí se usó un revólver calibre 38 y una pistola 45 también utilizadas en el asesinato lo penó con 16 años de cárcel como partícipe necesario. Y también en el segundo, donde apareció una vaina calibre 40 similar a otra hallada junto al cuerpo días después. Muñoz terminó condenado a 14 años bajo la misma figura, mientras que Damario fue absuelto. El hecho de que en el tiroteo contra la casa de Colasso se hallaran vainas de una ametralladora iguales a las que se utilizaron en el crimen de Lucas Espina, caso por el cual Milton está condenado, no fue tomado en cuenta por el juez. Según Fertitta, esa arma la proveyó Bassi.

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Miércoles 24 de Mayo de 2017
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