Sociedad
12-04-2017
“Hay que ocupar la calle”

La politóloga y docente Alicia Acquarone no duda en comparar la represión del domingo contra los maestros con la trágica Noche de los Bastones Largos. “Fue un acto represivo que no tiene antecedentes en estos últimos 40 años”, dice, y entiende que para reforzar la democracia hay que seguir ocupando la calle. 

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Pablo Makovsky | Cruz del Sur


Alicia Acquarone es licenciada en Ciencia Política de la Universidad Nacional de Rosario. Tiene un posgrado en Ciencias Sociales de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) y es docente de la cátedra de Pensamiento Sociopolítico II de la Carrera de Comunicación Social. Tiene una extensa trayectoria al frente de alumnos de escuelas primarias y secundarias, y de la Universidad.


Sus columnas en radio Universidad –en el programa “La marca de la almohada”, que se emite de 9 a 12 de lunes a viernes– son uno de los espacios más esperados y comentados en la emisora. Sus aportes se destacan no sólo por su lucidez y su versatilidad académica, sino por aprovechar su misma experiencia docente como herramienta de conocimiento.


—¿Cómo evalúa la dimensión política que tuvo la represión a los docentes en la Plaza de los Dos Congresos el domingo pasado?


—En principio fue un acto represivo que no tiene antecedentes en estos últimos 40 años de democracia. Lo primero que me apareció en la memoria fue la Noche de los Bastones Largos en la UBA (en julio de 1966 –ni bien comenzaba la dictadura de Juan Carlos Onganía– la policía Federal desalojó a palazos a docentes de cinco facultades de la universidad porteña): un ataque a un acto nacional, porque el domingo era la CTERA la que armaba la escuela itinerante. Es un antecedente que preocupa y nos debería ocupar a toda la sociedad, porque no sólo es una de las tantas demostraciones que se hicieron en el mes de marzo sobre la poca importancia que el gobierno nacional le asigna a la educación, sino que además es un antecedente de represión sin causa muy preocupante. No implica que debamos abandonar la calle, creo que la única seguridad que tenemos para reforzar la democracia es seguir controlando la calle, pero con un poco más de cuidado.


—Desde la CGT, quienes tendrían la obligación de llamar a tomar la calle, no hubo respuestas contundentes todavía.


—Bueno, no es novedad, si miramos un poquito para atrás, está sucediendo con algunos dirigentes sindicales lo mismo que en los 90. No nos tiene que sorprender, tiene que ver con la debilidad de nuestra democracia, es parte de nuestra responsabilidad, en estos 40 años no hemos profundizado lo necesario para conseguir una democracia más sustentable. Tiene que ver con una parte de la dirigencia, que no es solo sindical, también política, que tuvo vaivenes en sus tomas de decisiones que en más de una ocasión nos sorprendieron para mal.


—Me sorprende la comparación con la Noche de los Bastones Largos.


—Fíjese, era un domingo: se pretendía hacer una clase pública sobre una plaza. A esta gente que le preocupa tanto la circulación y la equipara con el derecho a la educación, en este caso no había ninguna razón para desacreditar la manifestación de los docentes. Además, esta derecha sistemáticamente apela a los docentes pidiendo que seamos creativos, porque el paro –según ellos– no es un instrumento positivo, estábamos haciendo una actividad distinta a la del paro, y sin embargo, reprimen. Es decir que no hay ninguna justificación –por supuesto que nunca va a haber justificación para reprimir una protesta social–, no había ninguna de las razones que ellos alegan de forma habitual para reprimir y lo hacen. ¿Por qué? Creo con lo simbólico que significó la Carpa Blanca (desde abril de 1997 hasta diciembre de 1999) que en su momento enfrentó al gobierno de Carlos Menem, Macri no quería estar en la misma situación ahora. El impacto simbólico de la carpa blanca, que ocupó los 90, él lo conoce muy bien. Iba a significar una demostración de fuerza con respecto a los docentes y la sociedad en defensa de la educación que no quería permitir, con un impacto social que atravesó las clases sociales, un impacto político nacional e internacional. No quería que la CTERA diera ese primer paso.


—Sin embargo el gobierno se siente convalidado por la marcha del 1 de abril, por encuestas, por el tercio que lo apoya.


—Posiblemente, pero eso es de corto plazo porque la experiencia histórica me marca, por lo menos a mí, que si hay un tema que atraviesa la sociedad, más allá de un 15% de reaccionarios y conservadores, es la educación, que une a la sociedad. Si hay algo que distingue a la historia política argentina es la educación y cómo nos despegó del resto de América latina, que admira de este país el profundo compromiso con la escuela pública. Es un tema que puede ser un éxito para hoy pero una gran preocupación para mañana.


—¿La embestida contra escuela pública es la punta de lanza de este rebrote neoliberal? No sólo porque buscan desprestigiarla, también desfinanciarla y aplicar nuevas leyes.


—Hay dos o tres temas. Primero, para ellos todo es un bien intercambiable en el mercado, la educación es como una zanahoria, no tiene una significación mayor. A eso súmele que al sindicato de docentes, al que usted podrá criticarle muchas cosas, no se le puede criticar su mecanismo para tomar las decisiones, porque son altamente democráticos: los afiliados deciden directamente, por ejemplo, en una paritaria. Eso es un antecedente muy preocupante. Y tercero: ¿por qué todo el que está comprometido con la democracia se siente interpelado en defender la educación pública? Porque es la garantía del sostenimiento de la democracia. La formación de un ciudadano es lo más importante que tiene una democracia para reproducirse y es ese el talón de Aquiles histórico de esta derecha conservadora neoliberal, que choca cada vez que quiere imponer estos ajustes.


—En sus años de docencia en escuelas primarias, secundarias y en la universidad, ¿cómo evalúa los principales cambios que vio en torno a la educación política de sus alumnos?


—Hay una profunda debilidad en la formación. La escuela secundaria está en crisis desde hace mucho tiempo. La reforma de los 90 modificó no sólo la educación secundaria, también la universitaria. Corrió de eje los objetivos. Eso trajo como consecuencia una debilidad en la formación de los alumnos durante los primeros años: les cuesta mucho más comprender y entender los textos y, por otro lado, en la universidad generó un grupo de profesionales a los que les gustaba más llamarse investigadores que docentes. Y eso es un problema que ahora se está revirtiendo, porque la realidad hace revertir muchos prejuicios. La manera de evaluarnos en la universidad, la de evaluar proyectos de investigación, fue corriendo el eje de lo colectivo a lo individual. Entonces es más importante tener un currículum individual importante que ocuparse por los objetivos de una unidad académica. El conocimiento en sí no tiene importancia, lo tiene en función del colectivo.


—También en los 90 se provincializaron las secundarias. ¿Ve un embate en ese terreno?


—Bueno, ahí tenemos el problema. Primero, en el proceso militar, se pasó a la provincia a las primarias; luego viene Menem y pasa las secundarias, y ahí tenemos el gravísimo problema de que vamos a tener provincias pobres con educación pobre y ricas con mejor educación. Por eso la ley de presupuesto educativo pretendía con las paritarias nacionales equiparar el acceso a la educación y, desde el punto de vista nacional, colaborar, ayudar y acompañar a las provincias con menos recursos para que se equipararan en términos de recursos. La resolución de Macri hace imposible llevar adelante esa función, entonces vamos a tener provincias en las que la educación va a estar en peligro. Hay una ofensiva contra la educación pública, cuál es el proyecto de ellos lo desconozco. Si hay algo que hizo grande a la Argentina a fines del siglo XIX, principios del XX, fue un proyecto nacional de educación pública. Hasta mediados del siglo XX los dirigentes más importantes salían de la escuela pública, los premios Nobel argentinos salieron de la universidad pública, nunca de la privada, que no hace investigación.


—En lo discursivo y en la diaria está planteado un escenario de polarización en el que no parece haber alternativa.


—Fue un gran negocio de Macri ganar las elecciones, para aquellos que eran antikirchneristas y lo sigue siendo al generar un discurso cada vez más violento e intolerante, lo que genera en la sociedad una situación de violencia cotidiana. Creo que hay obviarlo y seguir avanzando sobre los principios y las cuestiones centrales que nos hacen oposición y, independientemente de que seamos o no kirchneristas, es una discusión en la que no vamos a permitir que el señor presidente dirima qué hay que pensar y sobre qué militar, sí hay que estar inteligentemente alerta de no engancharse en la provocación, porque lo que necesitan es que nos desmadremos para justificar la represión. Por eso no hay que engancharse en esa violencia discursiva y simbólica, y en las redes sociales que son un instrumento más de los medios concentrados y de la política mal habida.

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