Sociedad
05-04-2017
Una cura contracultural

La sanción de la ley nacional para el uso de cannabis medicinal provee a la normativa aprobada en Santa Fe el año pasado espacios para producir e investigar los efectos y las posibilidades del empleo de la marihuana en pacientes que antes debían consumir hasta 15 pastillas diarias para paliar los síntomas de enfermedades como la epilepsia refractaria o el síndrome de West. 

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Pablo Makovsky | Cruz del Sur


La provincia de Santa Fe tiene una larga tradición de anticiparse con leyes a la Nación –basta recordar la iniciativa de Nicasio Oroño para la creación de un Registro Civil independiente de la iglesia. Así, a fines del año pasado la Legislatura santafesina aprobó por amplia mayoría la ley de uso de cannabis medicinal, que habilita a organismos e instituciones oficiales a cultivar y distribuir medicamentos que ayudan a paliar el padecimiento de enfermedades que, por lo general, padecen niños y adultos mayores. La aprobación de esa normativa fue impulsada y acompañada por asociaciones y civiles y, sobre todo, por madres de pacientes que, agrupadas en la asociación Mamá Cultiva, no dieron el brazo a torcer para que sus hijos puedan acceder al aceite de cannabis que les permitían calmar los dolores de –entre otras enfermedades– la epilepsia refractaria, que a la vez les demandaba la ingesta de una batería de medicamentos que con el aceite de cannabis se reducían a una o dos pastillas diarias.


El jueves pasado en el Congreso de la Nación, se aprobó por amplia mayoría una ley nacional que se debatió durante cinco horas, hasta que un legislador advirtió que había que votar de una buena vez porque había madres con hijos en un salón contiguo que esperaban la resolución. La ley federal –cuya reglamentación debe salir en un lapso que no supere los 60 días– es un gran paso porque habilitará a la provincia para que pueda cultivar las plantas de cannabis necesarias para producir medicamentos, por ejemplo, en predios del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta). Sin embargo, queda para un futuro el reclamo de las madres, que pedían libertad para cultivar sus propias plantas. La legalidad del autocultivo está lejos de ser hoy una realidad.


“Son dos leyes bien diferentes, pero tienen mucho que ver –dice Ignacio Canabal, director de la casa educativa terapéutica de Sedronar y redactor del texto de la ley santefesina de uso de cannabis medicinal–, pero se hicieron en tiempos paralelos. Lo que cambia es que a nivel nacional se resuelve lo que en la ley provincial no estaba: establece que tanto el Conicet y el Inta van a poder plantar e investigar sobre la marihuana, porque es algo que tiene que ver con la ley federal”.


El problema para implementar la ley en Santa Fe –que está pronta a reglamentarse en cuestión de días, según Canabal–, era el acceso a las plantas, ya que para plantarlas había un vacío legal.


En tanto, la ley nacional aprobada la semana pasada no contempló la idea que tenían las asociaciones civiles integradas sobre todo por madres de pacientes, que pedían que se contemplara el autocultivo. Además, la normativa nacional está apuntada antes al uso del cannabis como medicamento, también contempla la importación –que podría satisfacer la demanda en tanto se establezca una cadena de producción– y la producción nacional. En Santa Fe, en tanto, el fundamento de la ley apuntala la producción pública y le da mayor protagonismo a los laboratorios públicos de medicamentos que funcionan en la provincia.


En la reglamentación de la provincia –que es lo que establece cómo funciona la ley– se deja muy en claro que tienen que ser los laboratorios públicos los encargados de producir el cannabis, lo procesen y que sea a través del estudio y la investigación de los colegios médicos como de todos los servicios públicos, los efectos posibles y a descubrir del cannabis medicinal, “estamos más avanzados que en el plano nacional”, señala Canabal, quien a su vez tuvo una larga trayectoria al frente de Arec (Asociación Rosarina de Estudios Culturales), desde donde se promovieron estos estudios y se defendió el autocultivo.

 

En la provincia

 

Actualmente, según señala Canabal, a través del Iapos –el instituto que funciona como obra social de los empleados públicos provinciales– se garantiza el cannabis medicinal para personas en el sistema público de salud a través del Estado.


Los medicamentos son provistos a pacientes de distintas patologías contempladas dentro de la ley, desde epilepsia refractaria hasta síndrome de West. “Esto se hizo en más de treinta casos que incluyen sobre todo niños”.


La provisión se dio vía medicamentos importados, porque ante el vacío legal no se puede la producir aún en Santa Fe. Se importa en particular una variedad que se llama Charlotte Web, la versión más reconocida y estandarizada del cannabis medicinal a nivel mundial.


La producción de cannabis medicinal en laboratorios públicos santafesinos llevará un tiempo, entre uno y dos años: “En principio hace falta saber cuántos pacientes podrían llegar a utilizarlo en la provincia”, observa Ignacio Canabal y agrega: “Pero ya hay actores, tanto en las universidades como en los ministerios públicos que ya plantearon que está la voluntad para hacerlo. La facultad de Bioquímica (de la UNR) se encargó de trabajar esta reglamentación y está haciendo estudios de cromatografía para distintas cepas de aceites de diferentes personas que lo utilizan gratuitamente, para estudio. El cromatógrafo detecta los componentes de la cannabis medicinal, el THC y el CBD. Los aceites que circulan hoy de manera ilegal son muy diversos y no se puede saber qué componente posee salvo que se lleve a un cromatógrafo, que establece las cantidades de cada componente. Además, la facultad tiene registro para comprobar según la patología los efectos de cada aceite”.

 

Público

   

En el terreno más tradicional de la medicina y la industria farmacéutica hubo cierta resistencia, sobre todo desde los fabricantes de medicamentos, ya que se trata de una medicina nueva que no tuvo tanta difusión. A su vez, al no contemplar la ley nacional el autocultivo no se afectó a la lógica médica más tradicional desde no se miraba con simpatía que una persona produjera su propio medicamento.


Mientras que la reglamentación de la ley provincial va si se quiere en contra de la dinámica farmacéutica, “porque pone el eje en la producción pública”, como apunta Canabal: “El que tiene el derecho de producir esto es el estado, entonces algo afecta a las corporaciones farmacéuticas. Y también hubo mucho de prejuicio cultural, hasta hace poco nos decían que la marihuana quemaba neuronas y te mataba, y ahora se está diciendo todo lo contrario: que la marihuana es neuroprotectora en algunos casos y que, si bien no te puede curar, puede paliar síntomas de múltiples enfermedades y en muchos casos es mucho mejor que la farmacología actual. Gran cantidad de madres lo que sobre todo están nombrando –que es algo que también golpea a ciertos médicos– es que chicos con epilepsia refractaria que antes consumían diez, hasta quince pastillas por día, pasaron a una o tres diarias desde que usan el complemento del aceite de cannabis. Claramente no es negocio para muchas personas. Pero se puede decir que los médicos están más abiertos que antes y que con la sanción de estas leyes las personas van a estar más habilitadas a interpelar a los médicos por el uso de cannabis medicinal y el estado va a ser el garante del acceso. Es un gran logro y un cambio cultural que espero se extienda a las políticas sobre las drogas, como el cultivo personal, la despenalización de la tenencia para consumo, prohibiciones que está comprobado que no funcionan”.


Legalidad

 

“La gran derrota de la ley nacional es que no contempla el autocultivo”, insiste Canabal y subraya que el acceso a todo el aceite de cannabis con el que las madres observaron notorias mejoras en los síntomas de sus hijos se hizo vía ilegal, ya sea  a través de regalos o cultivos colectivos o solidarios. Eso es lo que conocieron todos los pacientes que sostuvieron la lucha por la cual se logró primero la ley provincial y ahora la nacional. “Y esta ley deja afuera a aquellas personas que la militaron y sostuvieron el acceso a la medicina y lo van a seguir haciendo hasta que el estado lo pueda garantizar. Sigue siendo ilegal cultivar marihuana y una persona que tenga un cigarrillo de marihuana en la calle puede ser detenido como en los últimos 28 años. Pero es mejor que nada, porque puso un piso más alto”.


Hace un año y medio apareció un grupo de madres con hijos con problemas cuyos síntomas son disminuidos por el cannabis medicinal que se llama Mamá Cultiva y son las que mueven realmente a los legisladores y a distintas personas y estamentos que son quienes lograron que la ley se vota por unanimidad tanto en Diputados como en Senadores.


En el futuro va a ser un gran negocio. Hay países que están apostando al cannabis medicinal como industria, como Estados Unidos e Israel, que exportan el medicamento.


En Estados Unidos incluso hay estados que permiten el uso del cannabis en todas sus formas, desde el aceite hasta el cigarrillo. “Sin ir más lejos –dice Canabl– Uruguay garantiza, a través de los clubes de cultivo, 20 gramos de cannabis por mes a cualquier persona que se anote. No tiene que tener una patología que justifique ese cultivo. Eso en Argentina, y en la actual situación política, está todavía lejos”.


Abstención

 

El 15 de noviembre de 2016, cuando la Cámara baja provincial dio media sanción al proyecto de ley de cannabis medicinal, la gran mayoría de los 37 legisladores presentes votó a favor, mientras que Roy López Molina, Federico Angelini, Sergio Más Varela y Norberto Nicotra optaron por abstenerse. Según recortes de prensa de entonces, como el del diario Uno de Santa Fe, el argumento de los diputados de Cambiemos para no acompañar la decisión de sus pares –aunque dijeron que compartían la alegría de los familiares que veían con buenos ojos la media sanción– fue que no existen pruebas científicas que aseguren en un ciento por ciento que el medicamento basado en el cannabis tiene virtudes sanadoras.


En su exposición, López Molina planteó que para comprobar las virtudes del cannabis medicinal se necesita de “un proceso complejo, largo” y que “tiene que ser riguroso, estricto, científico, para definir sin lugar a dudas que una sustancia tiene directamente efectos sanadores de la patología que intenta afrontar y mejorar la salud humana. Y no es el caso del cannabis”.


Aseguró que sobre la temática “el mundo científico está dividido”, ya que hay quienes avalan lo que aprobó por mayoría Diputados, mientras que hay quienes sostienen que “no existen certezas ciento por ciento comprobadas de la eficiencia a la hora de enfrentar patologías”.


Luego, el legislador de Cambiemos fue más allá y expresó: “Tal vez haya certezas sobre los efectos positivos en el corto plazo, pero también hay mucha duda en el largo plazo. Qué secuelas, qué otros efectos secundarios no conocidos deja en la persona que se expone a un tratamiento de estas características. Patologías complejas como las que tratamos de afrontar con el uso medicinal del cannabis, esquizofrenia, psicosis, gravísimas alteraciones del sistema nervioso central”.


La respuesta llegó por parte del ex gobernador Jorge Henn (diputado por la UCR-FPCyS), quien dijo que se necesita garantizar el acceso seguro al medicamento y que en otros momentos se plantearon dudas similares con la morfina, donde “se puso en duda el poder psicoactivo de esa sustancia”.


En ese marco, dijo que hay que ver qué es lo que hacen otros países y puso el ejemplo de Canadá que con el Estado a cargo de la problemática, mientras recorre ese camino de la búsqueda de evidencia científica, se garantiza la fuente segura y eso es un tema central.


Casos

 

En febrero, Adriana Funaro, cultivadora y activista por los derechos de los usuarios de cannabis, fue detenida en su casa de Ezeiza, provincia de Buenos Aires, después de que policías de la Comisaría Primera de Luis Guillón ingresaran en su domicilio con una orden de allanamiento por “cultivo y posesión de estupefacientes”, a raíz de la denuncia anónima de un vecino. Adriana distribuía aceite de cannabis a padres y madres de su barrio para tratar a sus hijos por diferentes patologías. Durante el allanamiento se le secuestraron 36 plantas, algunas semillas y goteros con aceite medicinal de cannabis. Varios padres acudieron para exigir que no se la lleven detenida porque, sin su ayuda, sus hijos se quedan sin su medicina. Luego le concedieron la prisión domiciliaria.


Lautaro Ferraro, un estudiante de Economía en la Universidad Nacional de San Martín (Buenos Aires) llevaba hasta la semana pasada 25 días detenido en la Unidad de Narcotráfico de la Delegación de Investigaciones Complejas de Villa Bosch, acusado de cultivar tres plantas de marihuana. Lautaro cultiva para su propio consumo y para no caer en el tráfico, pero también con el fin de preparar infusiones para su madre y su pareja actual. Además el joven tiene un “grow shop” que provee productos de venta libre como elementos de cultivo y otros de la cultura cannábica. La familia pide la prisión domiciliaria mientras que la fiscalía impulsa la causa como si fuera un narcotraficante.

 

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