Mundo
31-03-2017
Detuvieron al impulsor de la destitución de Dilma Rousseff

Eduardo Cunha fue arrestado por su vinculación con la trama de corrupción de Petrobras. El ex presidente de la cámara de diputados de su país, aliado de Michel Temer,  fue el promotor del “impeachment” que destituyó a la ex presidenta de Brasil.

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Eduardo Cunha, el hasta hace meses todopoderoso presidente de la Cámara de diputados brasileña, ha sido arrestado hoy cerca de su residencia oficial de Brasilia y trasladado en avión a un penal del Estado de Curitiba, acusado de corrupción. También han sido bloqueados por orden judicial 220 millones de reales (73 millones de euros) de sus cuentas corrientes.

 

El político fue el que desencadenó el proceso de destitución parlamentaria contra Dilma Rousseff. Ahora, Cunha, representante del centrista Partido do Movimento Democrático Brasileiro (PMDB; el mismo que el actual presidente Michel Temer) pasará su primer día en una celda.

 

El ex presidente de la Cámara había perdido, por una amplia mayoría, su condición de diputado el pasado 12 de septiembre, menos de dos semanas después de que Rousseff perdiera la de presidenta. Y lo más importante: además del cargo, Cunha perdió también los fueros que lo protegían del activo juez Sérgio Moro, el conocido jurista que conduce la investigación del caso Petrobras, especializado en investigar la corrupción que atravesaba a la petrolera estatal brasileña.

 

La Fiscalía especifica en un escrito hecho público hoy que la detención es pertinente porque Cunha, con cuentas voluminosas en el exterior y doble nacionalidad italiano-brasileña, podía fugarse del país y que, además, existía un riesgo cierto de que destruyera pruebas decisivas para su inculpación.

 

El declive de Cunha, pastor evangélico, dueño de innumerables dominios web con la palabra Jesús, comenzó el 5 de mayo, cuando –debido a las acusaciones de corrupción y lavado de dinero que pendían sobre él– el Tribunal Supremo Federal le apartó provisionalmente del cargo de presidente de la Cámara. Hasta ese día era la persona más poderosa e influyente de Brasilia. De hecho, había ya iniciado y encarrilado el proceso de impeachment de Rousseff, un proceso que sería indetenible.

 

 

La Fiscalía lo acusaba desde hacía meses de detentar cuentas de más de cinco millones de dólares en Suiza alimentadas de sobornos de Petrobras. Él lo negó siempre, incluso cuando salió su nombre y su firma a relucir, alegando que él no era el dueño de esas cuentas sino sólo “su usufructuario”.

 

La Fiscalía contraatacó desplegando los gastos principescos que Cunha y su familia habían practicado con esas cuentas: viajes a Miami de ocho días en 2013 que costaban 43.000 dólares, clases de tenis millonarias para la mujer del político, facturas de 5.400 dólares de una tarde de la tienda de Chanel de Nueva York…

 

Ahora el problema es político: el presidente Michel Temer tiene en la cárcel a un miembro de su propio partido, acusado de las mismas cosas –aceptar sobornos de grandes empresas para interceder en que lograran los contratos más beneficiosos en Petrobras- que los muchos detenidos del Partido de los Trabajadores.

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