Sociedad
15-03-2017
Un clan con negocios diversificados

La detención de Coto, sindicado jefe de un sector de la barra brava de Newell’s que a la vez es nombrado como un jugador de peso en la disputa del territorio en zona norte y el cordón industrial, comenzó a echar luz sobre algunos ataques vinculados con la pesada leprosa y con balaceras que disputan barrios para el desarrollo de economías ilegales.

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El Citroen C4 gris estacionó en Carrasco al 4100, en Costa Alta, un atardecer caluroso de febrero del año pasado, justo a la salida del embarcadero, a la espera de la lancha que volvía de Isla Verde. Cuando un grupo de pibes bajó de la embarcación y comenzó a caminar en dirección al ascensor, quien iba como acompañante en el auto bajó, apuntó y gatilló hasta agotar el cargador de su pistola nueve milímetros, para subir al vehículo y alejarse. Había chicos y grandes que huyeron espantados y tres de los integrantes de un grupo de diez muchachos vinculados con una banda de Nuevo Alberdi quedaron heridos, aunque sin riesgo de vida, con tiros que les impactaron en piernas y brazos.


Anteayer, lunes, sobre la misma costanera norte y a pocas cuadras del lugar de aquel ataque, la Delegación Rosario de la Policía Federal detuvo el paso de un auto idéntico: frente a un puesto de pescadores quedaron detenidos Marcelo “Coto” Medrano, de 43 años, sindicado barrabrava de Newell’s y ex convicto por narcotráfico, y su hijo, de 19, apuntado por uno de los ataques ocurridos el año pasado en el marco de la interna de la pesada leprosa.


Se sumaron así a Matías, hermano de Coto, detenido hace una semana en Capitán Bermúdez en la misma investigación por entraderas en zona norte y el cordón industrial y quien a la vez fue imputado por el hallazgo de un kilo de cocaína. La pesquisa se incautó de medio centenar de vehículos, entre autos y motos, que se presume robados y/o adquiridos con dinero cuyo origen no está claro.


Tras la retirada formal del Diego “Panadero” Ochoa del liderazgo de la barra leprosa y con muchos de sus hombres presos se inició una nueva etapa, con otros protagonistas. Nelson “Chivo” Saravia se presentó el año pasado como nuevo jefe, aunque ya sin el padrinazgo de Ochoa. Como laderos: Matías “Cuatrerito” Franchetti, a cargo de “la gente”, y Maximiliano “Cabezón” La Rocca, referente de los bombos.


Las banderas siguieron en manos del Chivo. Cuatrerito y Cabezón fueron asesinados en junio pasado, ambos al salir del club. Se interpretó este segundo crimen como vuelto del primero. Luego de que se restableciera el derecho de admisión –hay más de 80 barras en esa condición–, fue agredido en dos oportunidades el domicilio del secretario del club, Claudio “Tiki” Martínez. Y, en noviembre pasado, Cristian D’Amico, vicepresidente segundo del Rojinegro, sufrió un ataque a balazos en Pellegrini y Felipe Moré mientras iba en camioneta con su pequeño hijo.


Pacto


Al final del segundo semestre del año pasado se produjo un pacto entre casi todas las históricas facciones, incluso la que era disidente de la administración del Chivo, integrada por Coto y Leonel “Leo” Fernández –del barrio de la Carne–, siempre secundado por Norberto “Alpa” Tillar, un veterano que fue ladero del asesinado Roberto “Pimpi” Caminos; y también en la de Cristian “Paraguayo” Castells (villagalvense), en quien solía apoyarse Alexis, hijo de Pimpi, ante la imposibilidad de acercarse al club.


La nueva conformación permitió el regreso de la gente de Alexis (preso desde octubre pasado) y el resto de los bandos, entre ellos los de Andrés “Junior” Vivas (sudoeste) y un referente de Tablada, Rubén “Tubi” Segovia, a quien le atribuyen haber heredado del Cuatrerito el contacto con los Monos, aunque también está detenido desde octubre pasado. Sin embargo, las versiones indican que en los primeros meses de este año en el pacto que reunía a La Gloriosa, nombre actual que cobija a la barra, Coto se alejó tras fracasar en su intento por hegemonizarla.


En ese marco está la sospecha de que pudo estar detrás de los ataques a los directivos y también de un episodio ocurrido en septiembre pasado, cuando alguien arrojó una granada contra una edificación de la sede del club que no dejó víctimas de milagro. Como autor material de esta agresión está bajo investigación Cotito, hijo de Coto.


Coto y Cotito quedaron presos el lunes pasado tras el operativo en Carrasco al 2700, cerca de la vivienda de Francisco de Miranda y Maestro Massa donde viven. Coto será imputado este miércoles por un hecho de abuso de armas y lesiones y no está definido si su hijo será formalmente acusado por el ataque contra la sede de Newell’s. Matías, hermano de Coto (de 26 años), había sido apresado el miércoles de la semana pasada en el marco de doce allanamientos en la zona norte de Rosario, Granadero Baigorria, Capitán Bermúdez, San Lorenzo y Puerto General San Martín, en una pesquisa de la Justicia provincial.


Matías fue acusado por portación de arma de fuego en Tribunales de San Lorenzo, por robo calificado y portación en Tribunales de Rosario y por tenencia de estupefacientes para su comercialización, en el fuero federal, tras el hallazgo de un kilo de cocaína en dos domicilios del cordón industrial. Según detectives provinciales y federales, el clan Medrano disputa con otros bandos algunos sectores de la zona norte para la venta de drogas, como La Florida, La Cerámica, Parque Casas, Empalme Graneros y Nuevo Alberdi, además de Baigorria y el departamento San Lorenzo.


Condenado


En agosto de 2006 Coto fue acusado de meterle un escopetazo a un vecino de 18 años en Suárez y Paunero. Dos años más tarde, en noviembre de 2008, cayó con tres kilos de cannabis en la localidad de Oliveros tras una investigación de un semestre de la Dirección de Prevención y Control de Adicciones y luego de que se incautaran 30 kilos de marihuana en Génova al 700, frente a la cancha de Central. Por este caso Coto fue condenado a seis años de cárcel en 2010.


Cotito ya había sido apresado en septiembre del año pasado por la Policía cuando intentó escapar de un control vehicular en Baigorria. Ese día se produjo una persecución que terminó cuando el joven perdió el control del vehículo y chocó contra un paredón del cementerio de dicha localidad. El Peugeot 407 en el que iban dos muchachos tenía pedido de secuestro por haber sido robado en una entradera en Gallo al 600 de Rosario.

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