Política
09-03-2017
Mapa de situación

La apertura del período de sesiones ordinarias del Congreso que hizo el presidente Macri inauguró también el año electoral. Tres analistas políticos consultados desde este medio repasan el discurso, toman nota de la agenda del oficialismo, de la relación del gobierno con las provincias y de las piezas que tiene para mover el peronismo. 

Aumentar tamaño del texto Reducir tamaño del texto Tamaño del texto normal

Pablo Makovsky | Cruz del Sur


El presidente Mauricio Macri dio inicio el miércoles pasado al año electoral con su discurso de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso de la Nación. Fiel al lema de Hollywood que dice que cuanto mejor el villano, mejor la película, Macri definió a su adversario para las elecciones de medio término de 2017 (en agosto las Paso y el 25 de octubre las generales) agitando otra vez el fantasma de la división y aludiendo al kirchnerismo como cuna de la corrupción.


La misma mañana que el presidente llegaba a la Legislatura en helicóptero, el fiscal Jorge Di Lello lo imputaba por el otorgamiento de rutas aéreas a la empresa Avianca, en la que está involucrado el mandatario y su familia. Sumaba así una nueva causa judicial, ésta vinculada de modo directo con las cinco que ya acumula el presidente desde el escándalo de los Panamá Papers o la más notoria del Correo Argentino.


Es probable que pocos esperaran escuchar en el discurso de Macri definiciones sobre un plan para afrontar la crisis económica que ya lleva 14 meses de caída de la actividad en casi todos los rubros; sin embargo, en las palabras que prodigó el presidente durante una hora –que incluyeron al menos un derrape fuera del libreto, cuando individualizó y expuso al dirigente gremial docente Roberto Baradel y ninguneó las amenazas que había sufrido al decir: “No creo que necesite que nadie lo defienda”, en medio de los aplausos de sus empleados y su claque– puede leerse una agenda y, en esa agenda, cabe preguntarse por el rol de una oposición cuyo lugar se pulveriza entre las bancas del Congreso.


En estas páginas dos analistas políticos y un politólogo analizan el discurso presidencial, su agenda, el mapa del peronismo y la relación del gobierno nacional con las provincias. 


—¿Observó cambios en el discurso del presidente Macri cuando inauguró el período de sesiones del Congreso?


Diego Añaños, politólogo dedicado a la Economía, docente en la Facultad de Ciencia Política de la UNR: — Me cuesta pensar en cambios, tal vez en la parte final, donde dejó de leer tanto e ingresó en un área de emoción y de arenga en la que probablemente le hablaba a los propios en lugar de la población en general, lo que no puedo decir es si eso fue espontáneo o pautado, como un mecanismo discursivo, pero llama la atención que algunas referencias puntuales del mensaje con respecto a lo de (Roberto) Baradel –me parece que normalmente no solía hacer este tipo de referencias. Y lo otro que me llamó la atención es que en este discurso con claridad se eligió quién era el adversario para las elecciones: Cristina Fernández de Kirchner. Fue un discurso estructurado sin nombrarla en ningún momento pero alrededor de la figura de ella y se ve que la estrategia es polarizar con ella. Porque hasta ahora se habían intentado algunos otros intentos como buscar a (Sergio) Massa como adversario, unificar la oposición. Hubo una definición de la estrategia electoral en un discurso electoral en la apertura de sesiones, y esto lo dijeron todos.

Lucio Guberman, consultor político, magister en Ciencias Sociales (UBA), coordinador académico Programa de Gobernabilidad y Gerencia Política (George Washington University-UNR)– Lo más importante fue la definición política de confrontar aún con el kirchnerismo, en eso hubo continuidad con el discurso del 2016. Lo nuevo fue que derrapó completamente en la mención al sindicalista docente Roberto Baradel, retomando un gesto que fuera muy criticado a la ex presidenta CFK cuando hacía nombres propios para cuestionar oposiciones sectoriales a su gobierno.

Gustavo Córdoba, consultor político radicado en Córdoba, su última encuesta sobre la caída de imagen de Macri en Buenos Aires y el país cobró relevancia nacional por su precisión– Tratándose de una gobierno que ha electoralizado su comunicación, el principal elemento observado fue la continuidad del mismo discurso dado el año anterior en el mismo recinto. Sí, posiblemente hubo alguna ausencia, fue la de el ejercicio de alguna autocrítica y, como nota de color, la utilización de un tono agresivo al responder a un grupo K que intentaba interrumpirlo.


—¿Cómo observa el mapa del peronismo de cara a las elecciones legislativas de este año?


Diego Añaños—Tengo la impresión de que si algo se va a definir en estas elecciones es la interna del peronismo, salvo que ocurra algún suceso inesperado, lo que los analistas llaman un cisne negro –que ocurra algún fenómeno político o comunicacional muy significativo, como que encarcelen a Cristina Fernández de Kirchner–, no da la impresión de que en estas elecciones se vaya a modificar el mapa legislativo. Todos más o menos van a sacar una porción de los votos que les va a permitir sostenerse. El Ejecutivo se va a jugar claramente a tratar de ser la primera minoría; y lo va a mostrar como una victoria –y sin dudas lo va a ser. Entonces me da la impresión que en estas elecciones de medio término lo que se define es la interna del PJ. Obviamente, pensando que no hay 2019 sin 2017. 


Y en Santa Fe el peronismo es inasible, porque hay parte del peronismo que está con Macri, parte del que juega con Sergio Massa, que es una porción importante: Alejandro Grandinetti sacó muchísimos votos. El peronismo en Santa Fe está dividido por lo menos en cuatro: el reutemismo residual que abreva en el macrismo, el massista, el kirchnerista y alguna otra forma de peronismo que no está contenido en ninguna de esas fórmulas. Por lo tanto, acá el peronismo está mucho más fragmentado, más africanizado, porque desde hace muchos años no hay un líder claro, una persona que encolumne a la tropa detrás de la catarata de votos, y el último fue Carlos Reutemann, más allá de que chocara con varios de estos sectores, pero cuando ponés un millón de votos arriba de la mesa se acabó la discusión. Hoy el peronismo de Santa Fe no tiene eso.


Lucio Guberman— El Peronismo tiene estos días más candidatos que liderazgo. Tiene una cultura política que le permite usar las elecciones generales como internas peronistas y tiene a un gobierno que aprovechará estos dos factores para estimular la atomización, en síntesis, el Peronismo tiene un 2017 complicado, pero el interés del PJ, como siempre, está puesto en las Ejecutivas y sus posibilidades en esa instancia serán inversamente proporcionales a la calidad de Cambiemos para gobernar.


Gustavo Córdoba— No existe un solo mapa ni un solo peronismo. Al menos coexisten tres niveles: los que tienen responsabilidad de gobierno en sus provincias, los que se referencian aun en la ex presidente Cristina Fernández y aquellos que creen que un futuro político promisorio depende de explorar caminos de renovación. Habría que observar detenidamente los movimientos políticos del peronismo de Córdoba, Buenos Aires y Santa Fe, ya que en estas provincias se verifican movimientos transversales que pueden tener repercusión en la gobernabilidad de Cambiemos y, por supuesto, traducción electoral en agosto y octubre.


—¿Cuál observa que es la agenda principal del gobierno nacional para este año y cuáles considera que son los obstáculos?


Diego Añaños— El gobierno tiene la necesidad de poner sobre la mesa un par de cuestiones por las que ha sido criticado. Primero, demostrar que no gobierna para los ricos: va a tener que llevar adelante algunas iniciativas que impliquen equivocarse –si se va a equivocar– para el lado de los pobres; porque hasta ahora siempre que hubo un error fue para el otro lado. Necesita también mostrar alguna señal de reactivación, mucha más parecida a brotes verdes que a lluvia de dólares. Acá no va a haber una catarata de inversiones, pero capaz que puede demostrar que en algunas sectores, a partir de una buena cosecha, a partir de que subejecutaron partidas el año pasado y van a tener la posibilidad de recircular algunas partidas y poner la obra pública adelante como un mecanismo de expansión económica. Pero el choque ahí es entre algunas cosas que necesita demostrar y los objetivos que tiene, uno de ellos es el control de la inflación. Y si por otro lado se mantienen los Lebacs con un rendimiento que es una obscenidad, que hace imposible cualquier tipo de inversión en Argentina, salvo la pública –porque en ningún lugar del mundo se paga lo que acá se paga por el dinero–, el gobierno tiene una especie de inconsistencia: quiere crecer pero si crece se le van los precios, pero no puede crecer en función de la inversión privada por el rendimiento que le da el negocio financiero, entonces depende casi exclusivamente de la inversión pública, y si se expande el consumo crece y presiona los precios. Tiene también un problema político muy serio con lo de Milagro Salas; las paritarias es una batalla importantísima, donde se juega la legitimidad pero también la capacidad de controlar la inflación. Y el otro tema es el fútbol, cuya resolución va a traer aparejado algún vuelto. Hay intereses contrapuestos, las escuchas de Daniel Angelici (presidente de Boca Juniors) hacen pensar que hay una interna dentro del gobierno, son filtraciones que salen de inteligencia, del interior del gobierno mismo, son advertencias.

Y los principales obstáculos son las tensiones internas, porque el frente cruje en muchos sentidos. No sé cuánto tiempo Elisa Carrió va a sostener el apoyo en estas condiciones, más allá de lo que yo piense de ella es conocida por romper. El radicalismo, que sigue siendo un partido grande, orgánico, con cuadros, ¿cuánto tiempo sostendrá este apoyo irrestricto?


Lucio Guberman— La agenda del gobierno es electoral. Saben todos que sin un resultado mostrable como aval popular al curso político la cuesta se volverá muy pero muy empinada. En la búsqueda de ese objetivo la economía está resultando un obstáculo, sin embargo, aún parece que a las elecciones se llegará con el “vaso por la mitad”, la oposición dirá medio vacío y el oficialismo, medio lleno; será un duelo de interpretaciones. El Gobierno necesita algunas buenas noticias para que su interpretación tenga verosimilitud.


Gustavo Córdoba— El gobierno necesita obtener respiro de la economía, y que ésta evidencie síntomas de recuperación y de despegue. Todo parece confluir en esa dirección. En mi opinión, es muy serio el nivel de restricción en la opinión pública respecto de la integridad moral del gobierno. El grado de credibilidad, fortaleza y velocidad que los argentinos esperan de su gobierno para lograr esos objetivos está lejos de estar en el punto ideal y, de hecho, eso afecta principalmente al votante propio de Macri de la primera vuelta, su real voto de núcleo duro.

 

—¿Cómo interpreta la relación de la Nación con las provincias?


Diego Añaños— Las provincias están un poco atadas a la discrecionalidad con la que el gobierno nacional maneja los fondos. No es nada distinto a lo que sucedía con el gobierno anterior, pero también se transforma en un obstáculo porque es algo que dijeron que venían a cambiar. Se observa que sólo hacen movimientos de imputación de partidas, que en realidad es conservar el poder que tiene el gobierno central sobre las cajas de las provincias, que no tienen demasiado margen de maniobras. Santa Fe es un caso paradigmático en un contexto muy particular: tenemos un gobernador que se enfrenta a una situación de extrema vulnerabilidad dentro de su propia alianza, porque dentro de su propio partido tiene grandes resistencias, porque no es el que conduce su partido. Entre el frente interno y el externo trata de hacer equilibro y mientras tanto gobernar, sabiendo que su suerte casi está echada porque no va a poder aspirar a mucho más que esto. Santa Fe es un caso ejemplar de esta vulnerabilidad que tienen las provincias frente al poder central.   


Lucio Guberman— Hasta ahora al gobierno le alcanzó con el diálogo y la iniciativa nacional en el tope de las negociaciones paritarias, sin embargo, los gobernadores empiezan a impacientarse porque los flujos de obra pública no se verifican y las economías regionales tienen dificultades. Aplicando el teorema de Vernet, los gobernadores no se pelean con el Presidente los primeros dos años, pero la naturaleza de la relación en lo que viene dependerá mucho del resultado electoral próximo.


Gustavo Córdoba— Para la cultura política de estos días esperábamos un mayor grado de madurez en la relación del gobierno nacional y los gobiernos provinciales. Sólo el caso de Córdoba, normalizando las relaciones, más allá de los motivos, es algo positivo. Pero respecto del resto de las provincias argentinas, no hubo demasiados cambios más allá de los cosméticos. Santa Fe en ese aspecto sigue igualmente ignorada por el gobierno de cambiemos como lo fue por el gobierno del FPV.

Dejanos tu comentario...

Jueves 25 de Mayo de 2017
Libros en alpargatas
Tessa
Acquarone
Bricco
Citas
Cielo Razzo
Sherlock
Scher
podo
Mujica
Sasturain
ricciardino
Sietecase
Jugar contra el prejuicio
Economía parasitaria
Por qué se lame el perro
Eros y civilización
Maten al rugbier
Expertos en recortes
El futuro del capitalismo
Villanos y empresarios
foto