Espectáculo
28-12-2016
“Nunca sentí que Buenos Aires nos tenía que legitimar”

Jorge Fossetti, integrante de Marca Cañón, repasó el regreso del grupo cómico rosarino para celebrar sus 20 años juntos. Además, recordó su experiencia en Showmatch y valoró el trabajo que se hace abajo del escenario. Hoy es creativo publicitario en una de las agencias más importantes de la ciudad.

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Alejandro Mangiaterra

 

Se cumplieron 20 años del inicio de Marca Cañón y los protagonistas se juntaron para hacer una función para la ocasión. La buena noticia es que no quedará en el festejo por el regreso y habrá más. Jorge Fosetti repasa la historia del grupo y entrega una suerte de declaración de principios.

 

—¿Este regreso fue circunstancial o vuelven para quedarse?

 

—Ni una cosa ni la otra. Se dio naturalmente el deseo de juntarnos para celebrar pero no cerramos la puerta acá. Lo único que nos planteamos fue volver a subirnos al escenario y divertirnos. Íbamos a hacer una función para la gente amiga y terminamos haciendo cuatro para despedir el año. La verdad es que la pasamos muy bien y probablemente en febrero o marzo retomemos y sigamos haciendo algunas funciones pero sin mayores pretensiones ni planes a largo plazo. La idea es vivir el momento.

 

—¿Por qué aparece esa idea de tomárselo más light?

 

—Primero porque ya estamos grandes, cada uno rumbeó para otro lado, todos tenemos diferentes trabajos y al no tener la exigencia de que Marca sea el plan A de nuestras vidas es que lo podemos tomar de manera más descontracturada y disfrutarlo. 

 

—¿Cuánto tiempo estuvieron separados?

 

—Beto Chiesa se había desvinculado en el año 2008 y Germán Mazzetti y yo seguimos juntos hasta el 2012. Así que formalmente, al menos para mí, tuvimos un parate de 4 años. Y hace 8 que no estábamos los tres juntos. Parece mentira que haya pasado tanto tiempo.

 

— ¿Cómo nace el vínculo de Marca?

 

—Nosotros éramos compañeros de secundaria. Arrancó ahí, en cuarto o quinto año, se nos empezaron a ocurrir algunas cosas graciosas. Grabábamos cassettes de audio o con alguna videograbadora casera nos filmábamos haciendo pavadas y después todo se fue profesionalizando paulatinamente hasta que ya nos conformamos como grupo de manera más formal. Eso fue promediando la década del 90.

 

— ¿Buscaban ser profesionales?

 

—Como muchos en este ámbito uno empieza de manera intuitiva, después te vas formando. Con algunos amigos estudiamos en la escuela de cine, empezamos a grabar cosas más armadas, presentamos un demo en un canal de cable; fuimos aprendiendo sobre la marcha y nos dimos cuenta que íbamos teniendo buenos resultados. Nos fuimos entusiasmando.

 

— ¿Se puede vivir del humor?

 

—Durante muchos años vivimos casi con exclusividad del humor. Después, con los años, las situaciones personales y la coyuntura del país fueron modificando algunas cosas. Pero durante un buen tiempo, unos diez años, sí lo pudimos hacer. Acá en Rosario hubo un boom del Café Concert en donde trabajábamos de jueves a domingo. Y al mismo tiempo también trabajamos en Buenos Aires. Fueron años de no parar. 

 

—¿Cómo es actuar acá en Rosario?

 

—Yo no me considero un actor. Es una definición restrictiva. Yo me considero un humorista. A mí me gusta escribir, subirme a un escenario para representar lo que yo escribo, también hago stand up, trabajé en tele, en radio, por supuesto en teatro. Y hoy trabajo como creativo publicitario. Por eso te digo que no me siento representado por el término “actor”. Actuar es una de las facetas de Marca Cañón pero te diría que hasta disfrutamos más creando y produciendo los espectáculos.

 

—¿Qué opinas del periodismo de espectáculo que se hace en la ciudad?

 

—Tengo una buena opinión. Acá somos pocos y nos conocemos mucho. Siempre nos han tratado muy bien. No nos podemos quejar. Sabemos cómo son las reglas del juego, es lógico que cuando estaba en Showmatch había más gente que quería entrevistarme que ahora. No se puede negar eso. Pero siempre lo tomamos con tranquilidad. Cuando trabajábamos en Buenos Aires, al mismo tiempo veníamos un sábado a presentarnos en un bar para cuarenta personas y teníamos el mismo trato al salir de los dos trabajos.

 

—¿Cómo fue la experiencia de vivir en Buenos Aires?

 

—A mí no me gusta vivir en Buenos Aires. Lo intenté, estuve un par de años pero nunca me sentí cómodo. Así que en ese sentido nunca quemamos las naves y nos fuimos para allá dejando todo.

 

—¿Es decir que no para triunfar no es necesario irse a Buenos Aires como cree mucha gente?

 

—Bueno, depende de lo que para cada uno sea triunfar. Para mí es vivir de manera cómoda y ser lo más feliz que se pueda. El resto es relativo. Hay personas que son conocidas, que son famosas y que a mí no me despiertan ningún respeto profesional. No creo que la fama legitime al artista.

 

—¿Aquella experiencia con Tinelli que fue para ustedes?

 

—Al contrario de lo que pueda imaginarse, no fue lo más exitoso para el grupo. Rescato como los momentos más lindos los que tuvimos que salir a escena ante un público muy numeroso, que siempre es un desafío. Claro que valoramos haber estado en Showmatch y que lo disfrutamos pero nunca sentimos que Buenos Aires nos tenía que legitimar. Se aprenden muchísimas cosas, sobre todo la capacidad de producción que hay en Buenos Aires. Ellos tienen la posibilidad de delegar en un equipo de producción algunas cosas que acá en Rosario y en cualquier otro lugar del interior las tiene que hacer uno mismo.

 

—¿Y desde lo artístico que te dejó?

 

—Lo que siempre me sorprendió de Showmatch es la libertad creativa con la que trabajábamos. Los humoristas teníamos que imitar, ponele, a algún político y salíamos al piso en vivo y sin red, sin guiones, sin nada. Entonces yo pensaba, estoy entrando a la casa de millones de personas y si se me ocurre decir una barbaridad mañana soy tapa de todos los diarios. Me gustó esa confianza que la producción les tenía a los artistas. Algo parecido nos ocurrió después, cuando hicimos Estilo K, con Diego Korol, que fue el germen de lo que terminó siendo Sin Codificar. Lo bueno es que siempre se generan otras cosas, incluso después de varios años de haber hecho esos trabajos me llamaron para imitar a Daniel Scioli en 2009.

 

—¿Cómo manejaste la diferencia entre la gran exposición y la soledad de la creatividad en la agencia o en tu casa?

 

—Bien, no tengo complejos al respecto. Es más, si hago algo durante mucho tiempo me aburro. Así que todo el tiempo estoy haciendo cosas diferentes. Me gusta mucho la creación publicitaria, hace poco escribí un libro de cuentos humorísticos, hago stand up, creo que son todas aristas de una misma faceta pero la idea es hacer algo siempre distinto.

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