Cultura
07-10-2016
Max Delupi: humor, política y apología del federalismo
El actor y humorista dialogó con Cruz del Sur sobre el presente en el aire de Radio Nacional de La Coca es pal fernet, el programa de la madrugada que hace desde su Córdoba natal y para todo el país con dosis parejas de humor, asociación libre y editoriales con marcada impronta nacional y popular. "Los primeros sorprendidos en seguir aún con la administración macrista fuimos nosotros", confiesa el creador de Telma y Nancy.
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Sebastián Stampella | Cruz del Sur

 

Fuera de Córdoba, el actor y humorista Max Delupi adquirió un mayor reconocimiento del público cuando Víctor Hugo Morales incluyó en su programa Bajada de Línea a Telma y Nancy, las dos señoras gorilas que adjudicaban todos los males a la entonces presidenta Cristina Fernández, a la que mencionan en coro como “la yegua”. Junto al actor Beto Bernuez, Delupi sigue dando vida a una de esas grotescas mujeronas: lo hace sobre las tablas y desde “La Coca es pal fernet”, un programa que va por Radio Nacional de 1 a 3 de la madrugada y que se emite desde Córdoba.


“Los primeros sorprendidos en seguir en Nacional fuimos nosotros”, dice Delupi a Cruz del Sur para explicar la continuidad en el aire estatal de un programa que no oculta su filiación nacional y popular ni se priva de duras editoriales contra el gobierno actual. Fernet Concert es el espectáculo teatral y musical que Delupi presenta en distintos escenarios del país y que planea traer a Rosario en breve.


Con seis personas en escena, incluida una banda de rock made in Tanti, la propuesta pone en escena a Telma y Nancy y a otros personajes de su autoría como Máximo Ortiba Facho, el Gerente de Gárketing o Que vuelvan los 90. Desde Córdoba, Max dio algunas definiciones sobre el humor político, y explicó por qué siente la necesidad de dar la lucha por el federalismo.


—¿Cómo es hacer “La Coca es pal fernet” en Radio Nacional bajo administración macrista?


—Los primeros sorprendidos en seguir en Nacional fuimos nosotros, porque siempre pensamos que cuando asumiera este gobierno nos íbamos. El nuestro siempre fue un programa de humor pero que por ahí colaba una editorial, un comentario serio, una entrevista. Es ecléctico y con una identificación muy marcada porque elegimos el humor político, con la política y dentro de la política. Y lo hacemos sin esconder nada, diciendo desde dónde hablamos, que es desde lo nacional y lo popular. Hoy a las editoriales las seguimos haciendo, aunque van en otro tono porque antes eran más de alegría y empuje, y ahora son de tristeza y desazón. Pero la línea política es la misma, eso no cambia. Nunca estuvimos deprimidos por lo que pudiera pasarnos a nosotros. Sí estamos tristes por lo que pasa a nivel nacional y desde el humor hacemos un aporte. Mientras podamos hacer y decir lo que queremos en esta administración con la que tenemos poquísimas coincidencias, seguiremos en el aire. Si nos vamos, será por lo que digamos y no porque querramos nosotros. Hasta ahora debo reconocer que nunca tuvimos un tirón de orejas, jamás nos dijeron nada las nuevas autoridades. Tal vez sea porque a la hora en la que vamos no nos escucha nadie.


—¿Enfrentaste algún tipo de limitaciones en tus trabajos por dejar tan expuesta tu adhesión al kirchnerismo?


—No, todo lo contrario. Nosotros en el teatro veníamos con una media de 200 personas y hoy estamos en 400, o sea que duplicamos la convocatoria. Siento que hay un afecto enorme. Si alguien me pregunta si cambio este éxito por que vuelva Cristina a gobernar el país te respondo que sí, porque somos conscientes de que mucho de nuestro éxito hoy deviene del dolor, de la desazón, de mucha gente que quiere escuchar algo distinto. Pero nosotros nunca nos planteamos como fanáticos kirchneristas. Cuando hablamos de la patria grande y bancamos a Evo, a Correa y a Dilma, eso no es kirchnerismo: es una idea de mundo, de distribución de la riqueza y de lo que se puede hacer aún dentro del capitalismo, con la democracia misma bastante limitada. Así como nos reímos de la derecha conservadora y de los neoliberales también lo hicimos con el kirchnerismo, que tiene muchos personajes tremendos. Nosotros nos empezamos a reír de Jaime cuatro años antes de que se hablara de él a nivel nacional porque ya lo conocíamos de Córdoba. Le hemos dedicado editoriales a tipos como esos. Si bien es cierto que hay una persecución judicial y un montón de casos de corrupción inventados, hubo algunos nenes que eran preocupantes. A muchos se les mezcló la plata en el bolsillo. Lo decíamos en clave de humor y muy en serio también.


—¿Sos de los que considera que en el humor político se cumple eso de que “cuanto peor, mejor”?


—En la época de Cristina era mucho más difícil hacer humor porque la gente que nos seguía estaba más predispuesta. Hoy en vez de encarar una fiesta llegas a un velorio. Es más fácil hacer los chistes, pero el contexto es otro y no es nada alentador. Beto (Bernuéz) planteó alguna vez si muchas de las cosas que hacíamos ya no pasaban a ser humor negro. Pero igual decidimos ir con todo porque mucha gente lo quiere ver. Con los shows sentimos que contribuimos a algo que, lejos de compararme, pasaba en su momento con las canciones de protesta.


—¿Sentís entonces que el público que hoy te sigue en la radio y va al teatro busca un espacio de referencia política en tus propuestas?


—Hoy no hay 678 ni TVR, donde la gente se podría refugiar un poco. Y creo que mejor que Brancatelli y la Kampfer somos. Sentimos un reconocimiento a todo un laburo que venimos haciendo desde hace mucho tiempo. Queremos que la gente pase un buen momento, que vengan aquellos que puedan haberse equivocado con su voto a Macri, buscamos llevar ese mensaje nacional y popular a un amplio sector, pero sin dejar de ver nunca que si por hacer alianzas entregamos banderas, preferimos ser opositores de aquellos que eran nuestros compañeros. Nunca hicimos concesiones. En Rosario, donde vamos a estar dentro de poco, actuamos en el Patio de la Madera para cuatro mil tipos, y delante de muchos militantes kirchneristas hicimos nuestra rutina de humor. En La Plata nos reímos de Boudou en un show donde estaba Estela de Carlotto, por ejemplo. Con Telma y Nancy vamos por la función 490 y actuamos unas 30 veces para el Estado; el resto es gente que pagó la entrada. Es un orgullo decirlo en estos tiempos de plumaje blanco donde todo el mundo anda cuestionado. ¿Qué me van a cuestionar, que me paga el sueldo el Estado por Radio Nacional? Que hablen con Macri en todo caso. Antes me lo pagaba “la yegua”.


—¿Te pidieron muchas veces que expliques el caudal de votos que cosechó Macri en tu provincia?


—Córdoba tuvo un voto masivo a Macri que hizo que mucha gente rápidamente saliera a hacer estupideces tales como pedir que no vayan a veranear a las sierras o caer en la generalización de que todos los cordobeses apoyaron eso. En primer lugar, yo me preguntaría qué carajo vienen votando los porteños. Porque, que yo sepa, ellos no tienen un gobierno que bajó de Sierra Maestra como para andar cuestionando a los demás. Incluso, yendo más atrás eligieron a De la Rúa y hasta un progresista como Aníbal Ibarra hizo una gestión pésima. Luego de eso se entiende por qué gobierna el macrismo en Buenos Aires. En Córdoba es un fenómeno parecido: una provincial donde se alternaron los gobiernos de Angeloz, Mestre, De la Sota, Schiaretti, De La Sota, Schiaretti, y con aparatos de mucha influencia como Cadena 3 y la Voz del Interior, sin que nunca se generen espacios competitivos en los medios. Pero además, es interesante observar qué hizo el kirchnerismo en Córdoba. Ninguneó a esa provincia y, salvo unas pocas excepciones, tuvo dirigentes mediocres. No debe haber nada más inoperante que un dirigente kirchnerista cordobés. No tiene llegada a la gente. Entonces hay que tener en cuenta esos errores para entender lo que pasó en Córdoba en las elecciones. Porque sino caemos en eso de pensar que el cordobés es de derecha per se, que es un reaccionario.


—En la presentación de “La Coca es pal fernet” asumís que hacen “apología del federalismo”. Además de hacer el programa desde Córdoba, ¿qué otras cosas incluye ese concepto?


—Cuando María Seoane nos convocó a mí y a Beto para hacer el programa en Radio Nacional desde Buenos Aires le dijimos que no, que queríamos salir desde Córdoba. El esfuerzo valía la pena para demostrar que no hace falta ir allá. Este es un país unitario y entendíamos que había dos luchas por dar: una contra la derecha, y la otra contra el unitarismo. Es necesario el federalismo en los medios, donde hay una hiperconcentración en Buenos Aires. Es muy difícil pensar en un cine del interior o medios del interior, aunque se empezó a plantear y quedó en el camino por la ley trunca. Pero existen posibilidades de que se respire, a través del teatro y la radio, un modo más federal de llegar a la gente. La banda de músicos con la que subimos al escenario es de Tanti. O sea, fui ahí a buscar una banda y no a un lugar mainstream de Buenos Aires.


—Al igual que en el programa de Dolina, en la Coca es pal Fernet basta un disparador para saltar del humor a una reflexión profunda o viceversa.


—Nosotros somos oyentes de Dolina, nunca negamos la influencia dolinesca. Así como si hay que buscarle raíces a lo que hacemos en teatro, la referencia directa es Batato Barea, Urdapilleta y Tortonese. Aunque en ninguno de los casos tratamos de copiarlos. La Coca es pal fernet es nuestra forma de hacer radio y se alimenta de lo que genera la gente que nos escucha. Son cinco años maravillosos y vamos por el programa número mil.

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