Espectáculo
03-10-2016
“Sueño con no irme nunca a Buenos Aires”

Hernán Cigno, integrante del grupo cómico Lo Lumvrise, le contó a Cruz del Sur cómo es hacer un éxito teatral en Rosario, sus experiencias en las ásperas jornadas teatrales del verano en Mar del Plata y Carlos Paz. Y hasta su relación con la crítica y los empresarios.

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Alejandro Mangiaterra

 

Lo Lumvrise trabajan mientras los demás descansan. Entonces, a contramano, sus integrantes buscan algún espacio durante el año para recargar fuerza. Así, mientras hace su valija y espera tirarse al sol unas horas, Hernán Cigno habla por él y por sus compañeros. El grupo cómico local encabeza la cartelera rosarina desde hace diez años y en unos meses volverá a mezclarse con los “tanques” nacionales durante la temporada veraniega.

 

—¿Cómo es trabajar cuando el resto descansa?

 

—Nosotros tenemos la suerte de trabajar todo el año. Es relativamente parejo en cuanto al laburo, en el verano es un poco mejor pero no tan significativo. Nosotros tenemos una gran ventaja y es que durante todo el año tenemos una linda plaza en Rosario, para nosotros un lugar muy fuerte. Tenemos los Broadway y algunas otras cosas que van saliendo y que nos permite estar activos siempre. Es cierto que es más cómoda esta parte del año porque corremos menos: trabajamos los fines de semana y ensayamos los demás días. En el verano eso no existe, tenés dos funciones todos los días y volanteamos todo el día. Eso te permite ganar un poco más pero laburás el triple.

 

—¿Por qué tomaron la decisión de volantear ustedes en Mar del Plata?

 

—No fue una decisión. Al principio no teníamos guita para pagarle a gente que volanteara por nosotros. Y después nos dimos cuenta de que eso nos daba un plus. Eso nos permitió el éxito en Mar del Plata. Honestamente si no hiciéramos eso no nos iría como nos va. El tipo que recibe un volante, me ve a mi disfrazado, le hago un par de chistes, se ríe un par de veces y medio que lo enganchamos. Por ahí dice “vamos a ver que hacen estos tarados”. Si pusiéramos a alguien a volantear, un tipo del conurbano bonaerense (que son la mayoría de los que veranean en Mar del Plata) usaría el volante para prender el fuego del asado. Así, después de nueve temporadas puedo decir que nos va muy bien; pero insisto es todos los días de seis de la tarde a dos de la mañana, sin descanso.

 

—¿Cómo logran preparar un espectáculo y decir ya está listo?

 

—La segunda parte de tu pregunta es la más sencilla: no decimos nunca “está listo”. Vamos a estrenar con lo que tenemos y lo vamos acomodando a medida que pasan las funciones. Somos un grupo que venimos de la escuela del “clown” y pulimos las cosas con la gente en frente. Ponemos y sacamos respecto de lo que vamos improvisando. Buscamos un tema específico que nos sirva de hilo conductor y después inventamos los sketches en torno de eso. Siempre intentamos estrenar en Mar Del Plata, en teatros más chicos, porque los espectáculos tienen pocos ensayos encima, los vamos modificando todo el tiempo. La realidad es que nunca creemos que el show está listo.

 

—¿Cómo nace el vínculo de Lo Lumvrise?

 

—Nos conocimos en una agencia de modelos. Pero quedate tranquilo, ninguno estaba buscando laburo como modelo. Estábamos haciendo un programa de TV para Gustavo Yanczewski, hace unos 17 años. Ahí me conocí con el Pelu y otros dos chicos. Al tiempo, nos fuimos a Mar del Plata a contar chistes y a pasar la gorra, como habíamos dicho en el primer encuentro. Ahí nos dimos cuenta que podíamos hacer algo más profesional. Actuábamos a la una de la mañana, porque éramos menores de edad y no nos autorizaban. Y al tiempo vimos que la gente nos esperaba, nadie los obligaba a que estén ahí esperándonos y se quedaban hasta que llegábamos. Fue en 2001 en plena crisis y al volver nos empezamos a meter en el circuito de los bares rosarinos y no paramos más.

 

—¿Cómo es ser actor acá en Rosario?

 

—Rosario es una linda plaza. Es complicado pero se puede vivir. El movimiento artístico de la ciudad es hermoso y es grande. Lo que yo critico es una suerte de apología de que el actor debe andar en bicicleta, que al actor que tiene plata se lo mire medio de reojo. Entonces para pertenecer hay que andar sufriendo un poco y pasándola mal. Yo no comparto tanto eso. Lo que yo le digo a algunos amigos es que Ricardo Darín no tiene bicicleta. Y si la tiene, la usa para pasear con la familia. Y se baña todos los días. Tanto Darín como Rodrigo De la Serna o Héctor Alterio. No está bien ni mal, pero no encasillemos al actor en eso. Lo que también es complicado es lograr que se pague una entrada un poquito más cara. Salir del circuito de los cincuenta pesos es complicado. Pero con todas las dificultades del caso, es muy lindo Rosario y yo prefiero vivir y trabajar acá.

 

—¿Cuál es la relación que tienen con los empresarios locales?

 

—Los empresarios no son tontos. Obvio que quieren ganar plata. A nosotros ya no nos pasa tanto pero hay muchos grupos que ni siquiera tienen la posibilidad de acceder a negociar. Porque además pasa lo siguiente: nosotros nos juntamos hace un tiempo con la gente que manejaba Midachi porque andábamos bien y nos querían llevar. Pero la apuesta la tenés que hacer con los que necesitan crecer, no con alguien que ya tiene un caminito armado, público que lo sigue y se sostiene solo. El tema es que hasta que vos no empezás a generar mucha plata no te viene a buscar nadie. Y si yo doy mucha plata que me vengan a buscar ahora ya no me sirve. Es como en el fútbol, ahora que vengan a “apostar” por Lo Celso no sirve. Si es uno de los mejores jugadores del mundo. La apuesta era cuando el pibe jugaba en la Sexta División. Ese es el laburo que falta en nuestro ámbito. Pero no solo en Rosario, en Buenos Aires y en todos lados.

 

—¿Sentís que hace falta mayor difusión de lo que pasa acá en el ámbito teatral?

 

—Mirá, cuando yo era chico veía De 12 a 14. Aparecía Novaresio y hablaba de las noticias policiales y judiciales: “En Rosario pasó esto y esto”. Aparecía Tessandori para hablar de deportes y decía: “Central jugó contra tal y Newell’s contra este otro”. Y después venía Bermejo para hablar de espectáculo y decía: “Los Rolling Stones tocan en Nueva York”. Y vos decías, ¿qué pasa acá?. Era todo local hasta que aparecía Espectáculos. Y lo más cercano que se contaba era que venía la obra de teatro de Norma Aleandro a Rosario. Ahora pasa menos. Pasa, pero menos. Fijate que en cualquier programa de deportes de la ciudad se habla una hora y veinte de Newell’s y Central y diez minutos de los demás equipos y de todos los otros deportes.

 

—¿Cómo te llevás con los periodistas de espectáculo y la crítica?

 

—Yo me llevo muy bien. Nosotros vamos creciendo con una generación de nuevos periodistas que yo trato de ir nombrando siempre que puedo, como Juan Junco o Guillermo Bruno; que sabe esto que te contaba y que se formaron sabiendo que antes no había lugar para el espectáculo local. Entonces, esta nueva generación está más comprometida con lo que pasa acá. He tenido por ahí algún encontronazo con alguno que haya dicho una pavada o por alguna pavada que haya hecho yo, no sé. Pero eso es normal. En su momento, me dio un poquitito de bronca que después de nuestra participación en Stravaganza nos empezaran a hacer notas algunos que antes no te daban bola. Pero sabemos que son las reglas del juego. Yo igual prefiero al honesto. Con críticas y todo yo prefiero la postura que tiene Bermejo, que nunca nos dio un magazine siendo el grupo de teatro número uno de Rosario durante diez años. Pero cuando pasamos por Stravaganza tampoco nos lo dio. Entonces prefiero eso. No le gustará lo que hacemos o no nos vio. O no le interesa lo que hacemos y está todo bien. Igual, la mayoría acá en Rosario nos tratan diez puntos.

 

—¿La experiencia de la TV como resultó para lo Lumvrise?

 

—Yo no era uno de los convencidos de hacer tele. Se necesita mucho laburo y mucho dinero para sostener un programa. Para hacer humor necesitás un equipo de producción grande. Si no sale cualquier cosa. Después la gente ve eso y dice: “Ah, al final no eran tan buenos Lo Lumvrise”. En cambio en el teatro ya tenemos muchos años, cierta reputación, un grupo de gente que nos sigue y que sabe lo que hacemos. Igual la idea era incursionar en eso y salir bien parado, porque sino terminás poniendo plata como un estúpido. Estuvimos seis meses y jamás salió un auspiciante. Debe ser el único programa de la historia de la televisión rosarina que no tenía de auspiciante ni siquiera a la verdulería de la esquina para que nos diera un limón. Nada. Nunca. Es una experiencia que está buena pero no es algo que haría muy seguido. Los costos son altísimos y el rédito no es tan alto.

 

—Pareciera que ni en Buenos Aires son redituables esos programas, ¿Que es lo más difícil, saldar costos o llenar todo ese tiempo televisivo de chistes?

 

—Las dos cosas. Acá nosotros tuvimos la suerte de no pagar el espacio. Nos los cedió el canal afortunadamente. Pero era carísimo hacer los programas. De todos modos, íbamos en un horario marginal. Salíamos a la una y cuarto de la mañana, después del noticiero que te tiraba el resumen de las peores noticias de la semana y te decía “señora, ya está, váyase a dormir”. Un viernes nadie se queda a escuchar las peores noticias de la semana a esa hora, tenés que estar loco del mate. Bueno, después de eso veníamos nosotros.

 

—¿Soñás con irte a Buenos Aires o estás bien acá?

 

—Al contrario, sueño con no irme nunca. No, jamás me iría. La posibilidad siempre está, incluso estuvo cuando trabajamos con Flavio Mendoza. Pero si lo puedo evitar, lo evito. No me gusta. Cuando me dicen que me tengo que ir a Buenos Aires me angustio, la paso mal. Antes de salir ya me pongo de mal humor. Obviamente que las mayores posibilidades están ahí, como cuando ocurrió con lo de Flavio. Pero si tenía media hora libre me venía para Rosario. Una vez Carmen Barbieri me dijo que nosotros teníamos la ventaja de ser reconocidos en nuestro lugar sin pasar por el asedio de la gente y de la prensa. Es difícil sostener eso que le pasa a la gente del espectáculo porteño. Yo soy el hombre más feliz del mundo viviendo acá con mi mujer, mi hija, mis perros, mi parrilla y mi pileta.

 

—¿Cuál es el futuro del grupo?

 

—Sí, hablamos de eso. El futuro está en la transformación del grupo. No hay certezas sobre lo que haremos, lo vamos construyendo día a día, espectáculo a espectáculo. Es muy lindo lo que estamos viviendo y tenemos que disfrutar el momento. No creo que esto se termine pronto. Tenemos siete espectáculos diferentes logrados y sabemos que hay mucho por hacer. Nos podemos sostener diecisiete años más, por lo menos.

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