Espectáculo
02-11-2012
El Mal y la especulación inmobiliaria
666 Park Avenue, una nueva serie se televisión que protagoniza el actor Terry O’Quinn (John Locke en Lost) y transcurre en las altas esferas neoyorkinas.
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Pablo Makovsky | Cruz del Sur

 

666 Park Avenue va por su sexto episodio en su canal de origen –la cadena estadounidense ABC: un vistazo en la web nos deja saber que no hay noticias sobre su estreno en Argentina. Es una serie de terror como lo son ahora muchas las series, que nos muestran un estilo de vida (el de la clase alta neoyorkina), un paisaje (Manhattan), personajes con cierta sofisticación (todos profesionales en su carrera de ascenso) y, a la vez, nos confrontan con los temas de la actualidad, como la burbuja inmobiliaria.

 

Esta tira, que tiene como protagonista a un ex Lost, nada más ni nada menos que a John Locke (el actor Terry O’Quinn) no es la gran cosa, aunque podría decirse que agrega algo a nuestra humilde tesis sobre las series y la política: una serie es un espacio para pensar las utopías que abandonó la política.

 

Básicamente trata sobre un matrimonio ya adulto (O’Quinn, que interpreta a Gavin Doran, y Vanessa Williams como Olivia Doran) que es dueña del edificio Drake en pleno Manhattan (en la Nueva York real el Drake es el Ansonia, que está en Brooklyn y puede visitarse en internet). Hasta ahí llega una joven pareja, Jane (la glamorosa rubia Rachael Taylor) y Henry (Dave Annable) para cubrir el puesto de encargados: de a poco irán descubriendo secretos y antiguos escenarios de ritos en el edificio. Los inquilinos también tienen lo suyo: una adolescente que roba pequeños tesoros y puede predecir el futuro inmediato, gente que ni siquiera está viva y personas que han hecho algún tipo de pacto con Doran para cumplir con sus ambiciones. Terry O'Quinn, mientras tanto, aprovecha aún la mirada llena de intriga del personaje de Lost, aunque esta vez con buenos smókings y gemelos.

 

La serie podría ser un sucedáneo más “urbano”, más “disciplinado” de la serie American Horror Story que, a todo esto, ya va por el cuarto episodio de su segunda temporada. En realidad, 666 Park Avenue es más lavada, con gente linda que no hace las cosas un tanto incómodas que hacían en la serie que mencionáramos antes y que es, tal vez, el gran antecedente de esta vuelta al género del terror ambientado en edificios que son, a la vez, el emblema de una época: rubias bien dotadas que se desnudan frente a una ventana abierta y muestran lo que el horario familiar permite mostrar en televisión.

 

Bien, pero lo más atractivo es lo único que parece innovador en la serie: Gavin Doran es, además de un ser que tiene acceso a poderes demoníacos (o acaso por eso), un empresario que tiene acceso a las altas esferas de Nueva York. Así, 666 Park Avenue sería la primera serie de terror en la que el Mal se encuentra con la especulación inmobiliaria y la corrupción política. Es decir, el encuentro entre la “iluminación” del Mal (Lucifer significa “el que trae la luz”) y los restos de la utopía capitalista.

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