"Todo caso policial ocurre en un contexto político"

 

Pablo Makovsky | Cruz del Sur

 

Hernán Lascano comenzó a trabajar en periodismo a mediados de los años 90, cuando el suplemento rosarino de Página 12 y el diario La Capital se sacaban chispas. Dirigió las páginas de policiales del Decano, a las que sigue ligado, y hoy sus columnas resumen una mirada informada y analítica sobre temas judiciales. Junto con Germán De los Santos es autor de “Los monos”, la investigación –a partir de documentos oficiales– que desnuda la relación del narcotráfico con el dinero que circula en Rosario. Fue uno de los libros más vendidos en la ciudad desde que salió en 2017, del que ya se reimprimieron más de cinco ediciones.

 

Como sabe que uno de los aspectos más arduos del periodismo es desgrabar una entrevista, nos ofrece que la charla se desarrolle vía chat de WhatsApp. Igual, la conversación se extiende y, sobre el fin del día, hablamos sobre la relación del periodista y el medio en el que escribe, entonces recuerda una nota que escribió hace cinco días sobre uno de los temas que más impacto tuvo durante la semana: “Soy consciente del peso que tiene lo que digo, no tanto por mi palabra, sino porque lo digo en La Capital –dice–. Para mí era importante que si todos en la sección estábamos convencidos de que no había prueba contra (Hugo) Tognoli (el ex jefe de policía santafesino liberado el miércoles pasado luego de permanecer en prisión preventiva casi seis años), lo dijéramos antes de que condenaran a un posible inocente, o por lo menos a un tipo sobre el que cabía duda razonable de que no era culpable. Escribir eso tenía sentido antes, no después, porque el peso del medio solamente tenía capacidad de obrar sobre la decisión antes. Nunca sé hasta qué punto exactamente puedo deslizar alguna influencia sobre lo público, sé que estoy jugando un rol, y me parece que alguien tiene que cumplirlo, y estoy de acuerdo a veces en cumplirlo yo. No lo hacemos desde la pura opinión en el aire, sino desde una cobertura que implicó el esfuerzo de estar allí, estuvimos un año yendo al juicio. Luego esa nota me valió que me dijeran progorra, pagado por los narcosocialistas. Es un costo, no es gratis, pero también es un costo quedarte callado”.

 

—¿Cómo tomaste la excarcelación de Tognoli?

 

—Con gran sorpresa. No porque pensara que no fuera lo que correspondía. Tres días antes escribí una nota en la que señalaba que, después de haber cubierto durante un año el juicio, a mi modo de ver no había contra él una sola prueba que demostrara que dio protección a los narcos condenados. Pero en otros casos en la Justicia Federal he visto procesos en los que salen condenadas personas sin evidencia por lo que imaginaba que iba a haber condena, más aún cuando Tognoli llevaba más de cinco años preso, lo que muestra la aberración de la prisión preventiva. Me estremecí cuando escuché el veredicto de absolución, es paradójico, creo que me sorprendí de lo que fue justo.

 

—¿Te parece que se politizó el caso? ¿Qué otros casos policiales recordás con ese grado de politización?

 

—A ver. Todo caso ocurre en un contexto político, y acá estamos hablando de situaciones muy políticas: la regulación del delito como el narcotráfico por parte de la policía es un fenómeno concreto, hay miles de ejemplos, por citar el más reciente, hace dos meses fueron condenados varios policías por cooperar o garantizar la impunidad de la banda de Los Monos. El caso de Tognoli ocurre cuando hacía mucho tiempo era evidente el vínculo estructural entre narcos y policías en la provincia, tenemos hasta el ejemplo de un ex jefe de policía de Rosario denunciado por tener como testaferro al hijo de un narco. Pero también surge Tognoli en el medio de una feroz disputa entre kirchnerismo y socialismo, con una fiscal que admite en juicio que pidió la detención de Tognoli cuando hubo una publicación en el diario Página 12 con una investigación filtrada por el gobierno nacional. Por eso no quiero ser ingenuo: este era un tema político pero actores políticos lo agitaron, se creó el eslogan de narcosocialismo no de manera casual y en el contexto de esa disputa la Procuración de la Corte mandó un fiscal más agresivo a impulsar el caso cuando Tognoli había recibido falta de mérito, y son célebres las diatribas contra (Antonio) Bonfatti de (Sergio) Berni, que tenía la peor situación de narcotráfico en la provincia de Buenos Aires pero hablaba de Santa Fe como si fuera Michoacán.

 

—De acuerdo. Muchas veces las páginas de policiales terminan siendo el lugar donde la noticia es la guerra entre pobres. ¿Cuáles son tus criterios periodísticos para desarrollar una sección como Policiales?

 

—Me tocó con Osvaldo Aguirre quedar a cargo de la sección en La Capital en 1996. En general una nota policial expresa un conflicto: dos partes que se enfrentan explicando de modo distinto un mismo hecho. Pensábamos que el trabajo del redactor debía pasar no por explicar lo que pasó a lo Sherlock Holmes sino por recrear las distintas voces de ese conflicto. Cuando un hecho ocurre vos no sabés lo que pasa, y lo más relevante suele ser lo que al principio no puede saberse, porque todavía no afloró. Es normal que la explicación de un homicidio o de un atentado tarden en aparecer. Un criterio fuerte entonces es sumar la voz del testigo o del que está implicado en el conflicto. Eso hoy es más común pero no lo era tanto hace 22 años, donde la institución policial o judicial era la que solía dar el caso de manera cerrada. Creo por eso que un criterio básico es sumar voces desde lugares distintos. No creo que la función del periodismo policial sea decir qué pasó al estilo de una novela inglesa, sino sumar las voces contradictorias que explican desde distintos lugares el caso. Por supuesto que tiene lógica que un redactor se forme impresiones y las diga. Creo que la condición es hacerlo desde la información y no desde un lugar intuitivo.

 

—”Los monos”, pese a las lecturas más lineales, es antes un retrato de una ciudad que de repente se transforma que de una guerra entre pobres, ¿cómo lo pensaron?

 

—A nosotros no nos interesaba dar algo así como un dictamen cerrado, nada más lejos, incluso por eso publicamos el libro antes del juicio. Lo que nos parecía era ir ajustando un montón de preguntas donde Rosario ve la violencia sin reconocerla como un producto propio. Luis Medina alquilaba en Puerto Norte cuando lo matan. En Baigorria el municipio contrata el servicio de remises de Delfín Zacarías hoy juzgado por narcotráfico. Uno de los mayores tributaristas de Rosario es procesado en Campana por lavar fondos de Mario Segovia de la efedrina. Gorosito condenado por tráfico de cocaína le vende a Rosario Central el predio donde hoy entrena la primera. Entonces lo que nos parecía bueno era señalar, solo como en un primer escalón, cómo el circuito del dinero es circular. No queríamos hablar de la violencia de Los Monos, que no era una ficción, sin hablar de alguna manera del capitalismo. Porque los que se cagaban a tiros frente a un bunker o trabajaban despachando cocaína son pibes jóvenes y pobres, pero esa plata va a parar a lugares donde no hay menesterosos sino emprendedores legales: financistas, constructores, dueños de concesionarias, escribanos, contadores, abogados. Esto es lo que no está a la vista y a lo que queríamos aludir en el libro. El vector que lo transparenta es la violencia.

 

—¿Qué opinás sobre lo que sucedió con el libro “Los monos” durante la feria del libro, cuando un concejal del PRO impulsó en el Concejo un pedido para que haya una presentación del libro?

 

 —Nada en especial, o que por ahí quedamos como unos llorones sin comerla ni beberla, porque algunos nos preguntaron si nosotros habíamos pedido eso. Nos enteramos cuando el pedido ya era público. Los organizadores invitan a quien quieren. En lo personal no siento que nadie tenía una obligación con nuestro libro. Es un asunto menor

 

 —Entrevistaste a Marshall Berman y escribís y editás páginas de eso que cuadra dentro de lo que se llama periodismo cultural, ¿qué es lo que más te interesa dentro de ese tipo de escritura?

 

 —Mirá, mi experiencia en ese campo es esporádica. Pero te diría en general que lo que me interesa es lo que nos pasa cuando estamos ante una pieza de texto, de música o lo que sea del campo cultural que nos impacta. Me interesan las emociones que se mueven en nosotros a partir de eso. Me parece que en general toda la tensión narrativa está en detalles bien contados, en generar empatía. Creo que Hebe Uhart dice que escribir bien es comunicar un mundo, una emoción, una experiencia. Diría que me interesa eso, encontrar algo que comunicar en algo que pasa y te llamó la atención, y hacerlo con estabilidad de ánimo, lo que no quiere decir que no deban entrar ahí los impulsos. Hay un libro de Graciela Speranza y Fernando Cittadini sobre Malvinas que se llama “Partes de Guerra”. Siempre me gustó cómo los autores trabajan los testimonios con sobriedad y a la vez transmitiendo una emoción torrencial sobre lo que dicen los soldados. Creo que cuando tenés una buena experiencia que contar los textos salen bien, te diría que me interesa eso.

 

 —¿Cómo nació tu interés por el periodismo, más allá de la universidad, qué lecturas, qué libros, diarios, revistas?

 

 —Tuve un maestro en cuarto grado, en Buenos Aires, que las últimas horas de los viernes nos leía y tocaba la guitarra. Nos leía “Crónicas Marcianas” de Bradbury, o cuentos de Álvaro Yunque, gesticulando y cambiando la voz a lo (Alberto) Laiseca. Era una conmoción para todos. Mi viejo me regaló “Tom Sawyer” y “Huck Finn” y eso también fue fuerte. La primera vez que deseé haber escrito un texto de otro fue con la crónica de Roberto Arlt sobre el fusilamiento de Severino Di Giovanni. En la adolescencia compraba la revista “Humor” y después “El porteño”, y más tarde “Cerdos y Peces”, donde estaban las notas de Fogwill. Tenía 20 años cuando salió Página 12 y ahí conocí a Miguel Briante, que dirigía un suplemento que se llamaba Etc, para mí fue una referencia muy fuerte. Sentía que Briante escribía como si no le importaran los demás, en el sentido que era muy leal a sus impresiones, y muy preciso en el uso del humor, aunque sus textos no fueran humorísticos. También me gustó mucho “La Razón” de Jacobo Timerman en el 85, recuerdo las crónicas de Martín Granovsky y Sergio Ciancaglini del juicio a las juntas como algo que no era parecido a nada que hubiera leído. Y me gustaba el periodismo de la revista “Brecha”, de Uruguay, las notas de Idea Vilariño, de María Ester Gilio y de Ernesto González Bermejo, un periodista muy intuitivo, muy buen escritor. El periodismo político era creativo, culto. Pero lo decisivo fue mucho antes, a los doce años, con “El gráfico”. No soy original. Las sensaciones que mueve el deporte es de lo que más me interesa.

Dejanos tu comentario...

Miércoles 19 de Septiembre de 2018
Erotismo del poder femenino
Hockey con futuro
Todo caso policial
Salud Pública
Charlie Egg
El año de la división
Bricco
Acquarone
Tessa
Libros en alpargatas
Citas
Scher
podo
Mujica
Sasturain
ricciardino
Sietecase
Jugar contra el prejuicio
Economía parasitaria
Por qué se lame el perro
Eros y civilización
Maten al rugbier
Expertos en recortes
Villanos y empresarios