“La lucha feminista trasciende la cuestión de género”


Sebastián Stampella | Cruz del Sur

 

Sonia Tessa cuenta que le llevó un buen tiempo asumirse como feminista. Dice que mucho antes de encarar el oficio periodístico desde una perspectiva de género ya sentía “ese malestar que no tiene nombre” al que ahora define con convicción como síntoma de “la desigualdad producida por el patriarcado”. Su vocación por esa temática despertó con una nota que escribió en el diario La Capital sobre las camas de las maternidades públicas destinadas a mujeres que venían con complicaciones de abortos clandestinos.


“Fue en 1997, cuando se hablaba muy poco del tema y menos en un diario tan tradicional como ese”, acota. Sin embargo, no duda en señalar como un hito en su vida profesional y personal cuando junto a tres compañeras del diario El Ciudadano comenzó a hacer el suplemento La Cazadora. “Ahí creo que por fin se cristaliza o empieza a encontrar un cauce una inquietud que yo siempre había tenido. A partir de ahí me fui involucrando cada vez más en cuestiones como las desigualdades. La discriminación de la mujer es invisible y está naturalizada. Cuando abrís los ojos a eso, ya nada te pasa desapercibido”, asegura.


—¿Cómo definís la carga política que tiene la lucha feminista, esa que buena parte de la sociedad utiliza para desacreditarla?


—Los feminismos son múltiples. Hablamos de un movimiento plural, heterogéneo y rizomático. En mi caso, cada vez me interesan más los feminismos populares. El patriarcado androcéntrico se remonta a la polis griega, donde los autorizados a hablar eran los propietarios. Ese modelo sigue siendo el mismo. Yo me siento más hermanada con una figura como la de Franco Casco que con Juliana Awada, por poner un ejemplo. Es que hay una cuestión de clases que no podemos soslayar. El feminismo es interseccional, como dice Ángela Davis. Claro que es un tema de varones y mujeres, pero a su vez hay una cuestión de clase que es indiscutible. Nosotras como feministas, por definición, no podríamos defender al capitalismo como sistema. Las feministas queremos cambiar la sociedad. Nuestra lucha trasciende el género. El mundo al que aspiramos es un mundo sin clases, sin jerarquía entre los géneros, donde seamos libres. Y para eso necesitamos derribar estructuras, y ahí está la pelea. El feminismo no pelea por un maquillaje del sistema sino que por el cambio de sus propias bases. Y eso tiene que ver tanto con las jerarquías de géneros como de las clases. Y esas son cosas indisolubles. El patriarcado es previo al capitalismo, pero el capitalismo lo ha exacerbado.


—¿Cómo explicás este fenómeno de las mujeres ganando las calles para pelear por sus derechos?¿Cuál o cuáles fueron los detonantes?


—El 3 de junio de 2015 fue un hito. El crimen de Kiara Páez (la chica de 14 años que estaba embarazada y fue asesinada por su novio en Venado Tuerto) generó una movilización popular impresionante. Fue un caso alevoso: la matan a golpes y la esconden en la casa de la familia del novio. El concepto de femicidio ahí se hizo muy evidente. Y el 2016 fue un año muy potente en las manifestaciones. Hace 31 años que hacemos los Encuentros de Mujeres y las ediciones 2015 y 2016 fueron inolvidables para los movimientos feministas, como también lo fue el pasado 8 de marzo. No es casual que haya represión en estas expresiones porque es lo que ocurre con toda movilización popular que empieza a incomodar. Yo creo que estas movilizaciones no son huérfanas; hay toda una organización del movimiento de mujeres. El año pasado, el 8, 9 y 10 de octubre hicimos en Rosario en encuentro y nueve días después hacemos un paro por el femicidio de Lucía Pérez. Y no es que no hubieran ocurrido otros femicidios entre los casos de Kiara y de Lucía, pero me parece que hay algo de la organización y de lo que se fue generando en la sociedad que permitieron que esas manifestaciones tuvieran tanta fuerza.


—A su vez, el terreno quedó abonado como para que un incidente con tres chicas que hacían topless en una playa fuera repudiado en las calles del país con una manifestación inédita como el tetazo.


—Claro porque quedó muy expuesto eso de que cuando una mujer llama a la Policía para denunciar una situación de violencia no recibe la asistencia que recibieron quienes denunciaron a tres chicas en tetas en la playa. Eso demostró que el Estado está para castigarnos pero no para protegernos, y que en todo caso somos señaladas como las culpables. No me quedan dudas de que desde la asunción de Mauricio Macri está mucho más potente ese rol represivo del Estado.


—¿Cómo analizas la utilización del término “femi-nazi” por parte de ciertos sectores para señalar a las feministas más radicalizadas?


—Esa es una reacción patriarcal. Cuando empiezan a aparecer en tribunales, en forma muy tibia, las denuncias por abuso sexual de menores aparecen lo que los especialistas llaman el backlash, que es la respuesta conservadora de estos padres pedófilos que se creen dueños de los cuerpos de sus hijas o hijos. Esto es lo mismo; es el backlash de una sociedad suyos sectores más conservadores se ven acorralados por el avance del movimiento de mujeres. Lo de femi-nazi es un extremo, es una estigmatización que no tiene ningún correlato en la realidad porque nosotras no salimos a matar a nadie. Ahí aparece entonces la utilización de las fotos de chicas exaltadas frente a la Catedral. Esa es una foto deshistorizada y descontextualizada, porque no se muestra la opresión de la Iglesia Católica sobre la vida y los cuerpos de las mujeres. Más allá del término femi-nazi, hay otras expresiones que también tienen un sentido claro. Por ejemplo, está eso de “¿Hasta dónde quieren llegar las mujeres?”. Esa una reacción del que tiene privilegios ante la conmoción de ese sistema que permite que así sea. Y las mujeres queremos llegar hasta la mitad de todo, que es lo que nos corresponde. Si nos victimizamos, al sistema no le molesta. El sistema se preocupa cuando empezamos a empoderarnos. La mujer golpeada con el rótulo de “pobrecita” es aceptada, pero cuando sale a reclamar y a exigir justicia, cuando pide lo que corresponde, salen a demonizarla.


—¿Qué opinión tenés sobre el cupo femenino en la política?


—Yo estoy a favor de la paridad. Creo que es muy complejo para varones y mujeres entender cómo funciona este sistema de poder donde las mujeres siempre están muy perjudicadas. En política, la voz de la mujer en la política no es considerada como la del varón. Es evidente que necesitamos medidas de discriminación positiva. Después hay que garantizar que entre las mujeres que entran a ese sistema también exista la diversidad.


—¿Qué significó para vos haber cubierto los juicios por delitos de lesa humanidad en Rosario y cómo ves el nuevo escenario en materia de derechos humanos del gobierno macrista?


—Fue una experiencia muy fuerte. Yo lo que hice fue contar lo que pasaba en las audiencias, que eran de una densidad impresionante. Esos juicios tienen una dimensión histórica que con el tiempo se va a valorar más. Me marcó mucho en lo profesional y ni hablar a nivel personal. Me deja el aprendizaje de que nuestra historia de vida, nuestra historia social, está entramada en el terrorismo de Estado. Para mí, cubrir los juicios fue la posibilidad de comprender eso. Cómo todo lo que vivimos, toda esta Argentina que nos subleva, con casos actuales como los de Franco Casco, tienen que ver con el terrorismo de Estado, con todo ese proyecto histórico, político y económico. Hay una continuidad. Marta Bertolino (sobreviviente) una vez me dijo algo muy interesante: “Nosotros peleamos por hacer más justo un país que era mucho menos injusto que éste”. Y creo que pensar la dictadura solo como una represión es un error. Había un objetivo, que lo vemos hoy cuando echan o suspenden a operarios. El plan del terrorismo de Estado, además de los desaparecidos, tuvo como eje al disciplinamiento social. Como dijo Adriana Calvo, de la asociación de detenidos y desaparecidos, la idea de dejar sobrevivientes no fue un error sino la correa de transmisión del terror. Nada de lo que pasa en el presente es ajeno a eso. Como periodista y como persona me pone mal saber que este proyecto político que nos gobierna ganó las elecciones, que mucha gente creyó que estas personas venían a un cambio. Creo que vienen, con otras armas, a retomar el proyecto histórico que se inicia en el 76. Lo retomarán desde el lugar que quedó en el 2001. Macri es muy claro cuando habla de su genealogía, que es el menemismo. Van por más desigualdad social. Y creo que tienen como estrategia barrer con todo lo que han avanzado los organismos de derechos humanos en Argentina.

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Domingo 25 de Junio de 2017
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