"Tenemos una hinchada que nos pide ir por más"

Sebastián Stampella | Cruz del Sur


Cristian Narvaez dice que cuando mira hacia atrás y se detiene a ver el camino recorrido con Cielo Razzo, el grupo de rock que formó hace 23 años con sus amigos del oeste rosarino, se le amontonan los recuerdos y las anécdotas. Locuaz y directo en su forma de expresarse, el bajista y manager de esta banda aclara que, sin embargo, más que colgarse con la retrospección prefiere disfrutar del presente y poner la cabeza en conquistar las metas trazadas. En ese horizonte están una nueva presentación en el Luna Park y la grabación de un nuevo disco, el que sucederá al elogiado Tierra Nueva, séptimo trabajo de estudio de la banda. 


—¿Cómo encuentra a Cielo Razzo el comienzo de este nuevo año?


—Tocando, componiendo y con un disco por delante. Arrancamos el año tocando en la Fiesta Nacional del Río, en Concepción del Uruguay, que es un festival grande que reúne a muchos artistas de distintos géneros. Después tocamos a beneficio de los inundados en Vorterix y el fin de semana pasado en el Konex de Buenos Aires. El sábado 4 vamos a estar tocando en el Baradero Rock con las Pelotas y No te va gustar. Y el 10 y el 11 tocamos en Pugliese, donde vamos a repasar tres discos por noche más Tierra Nueva. Y después se viene la Falda Rock para abril. Para mediados de año esperamos grabar el próximo disco.


—La vara quedó alta. Tierra Nueva cosechó buena crítica y muchos lo definieron como un quiebre en la carrera de la banda. ¿Coincidís con eso?


—Sí, la verdad que fue un disco que recibió mucho apoyo por parte de la compañía y que contó con la producción de Ale Vázquez, que es un maestro. Nos sacó el jugo como banda y nos potenció a cada uno en lo personal. Por suerte tuvo muy buena repercusión y quedamos muy satisfechos. En veinte días sale el nuevo corte, Alcalina, junto con un video. 


—¿Y en qué etapa compositiva está el sucesor de Tierra Nueva?


—Estamos trabajando en forma personal y a nivel grupal. Ya tenemos unas cuantas canciones. Una vez que terminemos con los festivales de verano en los que estamos participando, creemos que en marzo nos vamos a poner de lleno a armar el disco. La idea es ir a Buenos Aires en junio a grabar y en agosto hacer un Luna Park como para cerrar Tierra Nueva y empezar la nueva etapa con la salida del nuevo disco.


—La banda se formó en 1993. ¿Qué te pasa cuando mirás para atrás y ves el camino que recorrieron?


—Y, ya son 23 años tocando. El primer disco es del 2001, algo que aparece como muy lejano también. Miro para atrás y veo de todo. Hace poco, acomodando cosas en mi casa encontré el equipo de viola que usábamos para amplificar voces en los ensayos. Eso me disparó recuerdos. Todo empezó como una banda de amigos que se puso a hacer música, como comenzaron muchos.

 

—¿Y cómo explicás el crecimiento en cuanto a la convocatoria de público y la repercusión que consiguieron en Buenos Aires?


—Desde el arranque, nuestra idea siempre fue demostrar algo distinto y apuntar alto. Acá tocamos en Banco Nación, La Rural, tuvimos anfiteatros llenos. Fuimos pasando de un lugar a otro, siempre buscando superarnos en lugares más grandes a nivel local. Y en Buenos Aires hicimos el Luna Park, donde este año queremos volver a estar. Fue todo progresivo el recorrido en Buenos Aires: antes hicimos Obras y previo a eso lugares claves como Cemento, por ejemplo. No nos fue mal. Siempre reinvertimos lo que sacábamos con los shows de acá para viajar a Buenos Aires. Apostamos mucho al boca a boca de la gente, que es lo que hizo conocida nuestra música. Gracias a dios nos fue bien. Hoy hacemos una gira en el sur o en el norte del país y sabemos que hay gente que nos conoce. Eso es muy gratificante. Cuando comenzamos con esto en el 93 no nos imaginábamos algo así. Cumplimos nuestros sueños. Siempre estamos con apuestas arriesgadas salimos a concretar. Tenemos fans que siempre quieren que hagamos algo más grande. Llevado al fútbol, es como cuando uno espera que su equipo juegue la Libertadores. Tenemos una especie de hinchada que nos pide ir por más.


—¿Cómo vivieron el efecto post-Cromañón en el circuito de espacios para tocar?


—La tragedia de Cromañón fue en diciembre, y nosotros teníamos fecha programada en marzo para presentar Marea en ese mismo lugar. Nos podría haber pasado a nosotros también porque el tema de las bengalas estaba en todas las bandas. Lo de Cromañon cambió todo y después de eso costó muchísimo volver a tocar. Por suerte pudimos hacer shows y en ese momento planteamos como prioridad ayudar a bandas locales para tocar en Buenos Aires. Si para las bandas de Capital estaba complicado tocar, imaginate lo que era para las de Rosario. Entonces, lo que empezamos a hacer fue llevar bandas de acá para que toquen con nosotros en Buenos Aires. Los Vandalos, Coki, Degradé, Vudú, El Coelacanto, fueron algunos de los que tocaron con nosotros allá.


—¿Disfrutas salir de gira con la banda o sos de los que prefiere el trabajo en estudio?


—Las giras son la inyección anímica que nos mantiene vivos. Algunos disfrutan más del estudio. Nano (el guitarrista Fernando Aime) y yo disfrutamos mucho más de los shows. Es el contacto directo con la gente. Claro que el trabajo en estudio es fundamental porque es con lo que vos te haces conocer ante ese público. Sin un buen disco no generás esa relación en los shows del que hablo.


—¿Cómo hacen para conciliar los diferentes criterios musicales al momento de componer?


—Se da en forma democrática, que es como se decide todo en la banda. En Cielo Razzo los roles están bastante definidos. Pablo y Pájaro son los que más componen, los que dirigen la batuta en lo compositivo. Y cuando uno lleva una canción con su letra se lo respeta igual. Sobre una idea se van armando estructuras. Está muy bueno cómo las canciones van creciendo en la sala. El ukelele es un instrumento que hemos incorporado a la banda desde Tierra Nueva a esta parte. Pablo (Pino) empezó a tocarlo y El Pájaro también, así que cuando estamos girando en el micro siempre aparecen esos instrumentos junto con el cajón peruano. Esos viajes disparan composiciones. Hay canciones que hablan de esos viajes en micro.


—Cómo sobrellevás el hecho de ser manager y tener que, además de ocuparte de sonar bien con el bajo, hacerte cargo de cuestiones extra musicales? ¿Elegiste ese rol o te lo asignaron?


—Desde que arrancamos a tocar con los chicos me puse el overol y arranque con esto. No me molesta para nada. Es más, no dejaría que pase nada sin que pase por mí. Me gusta estar en todo. A veces pasan cosas que son complicadas y trato siempre de que eso no se transmita a la banda. Tengo que tomar decisiones como por ejemplo estar en un lugar para tocar y decirles a los chicos que pegábamos media  vuelta y nos íbamos porque no estaban dadas las condiciones. Tengo carta blanca para hacer esas cosas, ellos confían en mi criterio. 

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Viernes 18 de Agosto de 2017
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