“Hay una sensación de fraude electoral”

 Leandro Magnabosco | Cruz del Sur

 

El periodista Leo Ricciardino nació en Rafaela y a los 18 años se mudó a Santa Fe para estudiar en el instituto Nº12, donde se graduó de Técnico Superior en Comunicación Social. En 1989 con el objetivo de estudiar Historia se mudó a Rosario, y al año siguiente comenzó con sus primeros trabajos en los medios locales al ser convocado por Juan Pablo Feldman a la redacción de Rosario 12, en ese momento un semanario, y luego para trabajar en radio LT8. Entrevistado por Cruz del Sur, Ricciardino marca como un punto de quiebre en su carrera periodística el haber sido convocado en 2007 por Susana Rueda para el programa de televisión de Canal 5. Ese nuevo rol significó aprender otro lenguaje, pero además le dio la posibilidad de acceder a un público mucho más amplio.

 

En el apacible bar de un conocido sanatorio céntrico, el periodista realizó un diagnóstico sobre la situación política a nivel nacional y provincial. Con los años no ha perdido su predilección por el periodismo político, “el lugar donde se siente más cómodo y maneja mejor el lenguaje”.

 

—¿En qué rol periodístico te sentís más cómodo, ya que te desempeñas como locutor, redactor y conductor?

 

—Mi especialización y lo que más me gusta es el periodismo político, es a lo que más me he dedicado y en lo que me siento más cómodo, manejándome en el lenguaje y con los protagonistas de la política. Pero el hecho de ser conductor me ha obligado a tener una mirada muchos más amplia, y ayuda en este rol que tengo un estilo distendido, como una de mis características personales. De hecho, un poco por estas condiciones es que soy conductor en dos programas de radio (en FM Sí –98.9– y LT8 –AM 830–). Pero el periodismo político es donde me siento más cómodo.

 

—¿Cree que la grieta, a la cual se apela constantemente en los medios, existe?

 

—Creo que la grieta es un formidable invento publicitario. Lo que existe es una tensión política que es inherente a todas las sociedades. El intento de presentar a un gobierno como agresivo o violento en la aplicación de sus políticas públicas forma parte de una construcción para no discutir la cuestión de fondo de todo esto, que es si un gobierno decide hacer hincapié en la distribución del ingreso o si, por el contrario, favorece su concentración en los sectores más poderosos. Pero en Rosario fue más leve, no prendió tanto la idea de la grieta, y ahí te das cuenta de que es un producto más que nada televisivo, surgido de los medios donde había que poner periodistas que estén de un lado y del otro. Acá fue todo más liviano porque la televisión rosarina no tiene las tensiones de rating que tiene la TV nacional, o porque los periodistas tenemos otro tipo de contacto y de convivencia. Por supuesto, cada cual habla desde su lugar y desde una creencia. En la grieta no creo, pero sí en que siempre hubo, hay y habrá tensión política.

 

—¿Cree que la constante apelación a la corrupción del anterior gobierno lo que busca es ocultar estas tensiones políticas?

 

—Sí, pero eso no justifica la corrupción. Yo creo que se discute más el contexto, lo simbólico. Y es más, creo que el gobierno anterior perdió las elecciones por lo simbólico, porque se generó una necesidad de cambio muy grande. Primero porque hubo un desgaste político natural, fueron muchos años en la presidencia, y segundo, porque los demás también juegan, y empezaron a generar un ambiente acerca de un autoritarismo de la presidenta, de un determinado carácter, y hasta llegaron a hacer tapas de revistas asegurando que Cristina Fernández era bipolar. Además, me parece que la gente siempre tiene la aspiración de un cambio, y Scioli no lo encarnó. Ahora, cuando Macri llega a un ballotage, son dos opciones, era uno u otro, y muchos votantes de Massa terminaron votándolo a Macri por descarte. Entonces Macri es un tipo del 30 por ciento, no del 50. Pero lo simbólico tiene su peso en la política, y la corrupción fue utilizada como un elemento para demonizar al gobierno anterior. Yo no digo que no existiera, y jamás defendería a los empresarios que se acercan al poder para hacer negocios. Pero digo que la forma no la inventó Lázaro Báez, el sobreprecio en la obra pública financia y financió la política desde hace décadas en todos los países del mundo. Pero repito, para mí no es una herramienta válida la corrupción y debe ser erradicada, combatida e investigada.

 

—En base a las medidas de estos primeros seis meses del gobierno macrista, ¿cree que el electorado se puede sentir defraudado con respecto a sus expectativas de cambios?

 

—Estoy convencido de que hay una sensación de fraude electoral. Muchos de nosotros veíamos que Macri podía tomar las medidas que finalmente tomó y lo sosteníamos públicamente, yo creo que la gente no votó esto, sino un cambio, en esta pulsión de vida, de ir para adelante. Si a alguien le avisaban que iba a haber un tarifazo del 500 o 1.000 por ciento en los servicios, que iba a haber una retracción del mercado interno, un golpe durísimo al consumo y una devaluación del 40 por ciento, yo creo que las cosas hubieran sido diferentes. La gente no quiso creer todo esto cuando le avisaban, pero también es cierto que tampoco se enamoró profundamente del cambio. En lo personal, creí que Macri iba a ser gradualista y más moderado, pensé que iba a buscar que más gente lo quiera, llegar a una mayor cantidad de personas. Y por supuesto es mentira lo de hacer un sacrificio ahora para tener los beneficios luego, porque estas políticas públicas conducen a un solo lugar, en la Argentina ya lo vivimos, y no hay otro resultado posible. Nada va a derramar si no está el Estado direccionando la distribución del ingreso.

 

—¿Considera el gobierno de Macri como liberal?

 

—No, Macri es un neoliberal, y me tiene sorprendido el dogmatismo de estas ideas. La aplicación a rajatabla de estos cánones. Me parece que este gobierno está buscando licuar el Mercosur, ir hacia la Alianza del Pacífico, y a negociar con EEUU uno a uno. Cuando dice que el Gobierno debe cortar el césped, pintar la cancha, poner los arcos para que uno juegue el partido, es toda una declaración. Perfecto, pero si yo soy un club de barrio y el que viene a jugar contra mí es el Barcelona, yo no tengo ninguna posibilidad, entonces el Estado debe hacer todo eso, pero también regular quiénes son los poderes que van a jugar con vos. Ese es su pensamiento y está convencido de eso, y por eso no tengo mucha esperanza de un cambio de política pública y de un resultado alentador para la gente. Esto que está pasando en la Argentina ya pasó en los 90, pero con la diferencia de que lo hizo Menem desde el peronismo, con una base amplia de consenso social y sindical, y Macri no tiene eso. El actual gobierno no tiene política, ni cuadros, tiene solamente estas ideas dogmáticas neoliberales.

 

—Y esta idea de prueba y error que lleva adelante el gobierno de Macri ¿responde a una inexperiencia política o a una estrategia?

 

—Creo que es pura estrategia. Vos podés ir y rever tus medidas, pero no podés decir 4 años de cárcel para los periodistas que difundan las declaraciones juradas de tus funcionarios y luego decir perdón me equivoqué. Lo que pensás es muy fuerte, no es que te equivocaste, es tu pensamiento profundo. Claro, cuando viste las repercusiones lo tiraste para atrás, pero seguís pensando eso. Creo que es estrategia, pero también intentan ver hasta dónde pasan las cosas.

 

—¿Cómo analiza el escenario político provincial con José Corral intentando romper el Frente Progresista para asegurar el apoyo de Cambiemos a una eventual candidatura suya a gobernador?

 

—Corral tiene una sola bala que se llama Mauricio Macri, si a Cambiemos le va mal, Corral no tiene destino, si trastabilla ese proyecto, está jugado. Está atado a eso, y para mi gusto arrancó muy temprano. Levantó mucho la mano impulsando fracturar el Frente Progresista, pero en cuanto estrategia política me parece horrenda.

 

—¿Y en este contexto como juega el socialismo ?

 

—El socialismo tiene que tomar definiciones, cuando no las tomó no le fue bien. Yo entiendo lo que hicieron en el ballotage para no pelearse con el electorado santafesino, digamos que es lo mismo Macri que Scioli, aunque ellos sabían que no era así. Creo que hoy el socialismo tiene la oportunidad para marcar claramente la diferencia con el gobierno nacional. En la medida de sus posibilidades, el socialismo tiene que tratar de amortiguar las consecuencias del tarifazo si el Gobierno Nacional no responde. Debe alejarse de una tibieza que en otros momentos lo llevó a resultados negativos. La gente espera del socialismo otras cuestiones que las conoce en Santa Fe, tiene que volver a encantar a la gente, mostrar que la diferencia está en el Tríptico de la Infancia, el sistema de salud, y debe solucionar el gran talón de Aquiles, que es el problema de la seguridad. Creo que tiene que empezar a marcar diferencia política y que no le marquen tanto la cancha el radicalismo y el PRO, como está sucediendo.

 

—El segundo semestre, como la expresión del momento en donde se comienzan a vislumbrar los beneficios de las medidas tomadas durante los primeros meses del año, ¿ya llegó?

 

—El segundo semestre no existe, son los padres, y me parece que el tiempo está agotado. Además, el discurso de la pesada herencia ya no tiene efecto. Me parece que todo se va desgranando porque hay un problema muy grave que es el cierre de los comercios, que las fábricas empiezan a licenciar gente, y la destrucción de los puestos de trabajo. Rosario y Santa Fe la van a pasar muy mal porque tiene un entramado Pyme que es muy sensible a las crisis, y si no tienen de socio al Estado, están liquidadas. Y este Estado no tiene de socio a las Pymes, al contrario, les dicen o sos viable o te quedas en el camino. El tema de la herencia ya pasó, primero que no era verdad y, segundo, que ya se agotó como argumento.

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Jueves 30 de Marzo de 2017
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