“Buenos Aires tiene una mirada cargada de prejuicios”

Alejandro Mangiaterra
| Cruz del Sur


La mirada del otro muchas veces nos define y otras nos estigmatiza. O las dos cosas a la vez. Reynaldo Sietecase, un rosarino que vive y trabaja en Buenos Aires desde hace mucho tiempo, tiene la posibilidad de estar lejos como para alcanzar cierto grado de objetividad y a la vez la cercanía que se necesita para conocer lo que le pasa a sus familiares y amigos. La pregunta sobre cómo nos vemos es también querer saber qué imagen ofrecemos, y aunque no es tan lineal, quiénes o qué somos.

 
Sus libros de crónicas y su trabajo cotidiano con la coyuntura lo muestran como alguien capaz de analizar con criterio la realidad. Sus novelas y poesías lo terminan de pintar tal y como él describe a la ciudad que lo vio nacer. Polifacético, comprometido y con un eje que atraviesa su vida: el oficio de escribir.


—¿Cómo ves la mirada que se tiene desde Buenos Aires de lo que pasa en Rosario y en Santa Fe?


—La mirada de Buenos Aires es siempre una mirada “ombliguista”. No sólo la que tiene sobre Rosario y Santa Fe, es la misma que tiene del resto de la Argentina. Es una mirada cargada de prejuicios en general. Sólo se ocupa de lo que pasa en el mal llamado interior, en las provincias, cuando pasa algo dramático. Es muy raro que esté registrando otro tipo de cosas. Tal vez registre algunos fenómenos deportivos o alguna tragedia, como la explosión del edificio de calle Salta. El mejor ejemplo histórico es el de aquel episodio del gato, una situación armada aquí en Buenos Aires para que sea portada de todos los diarios y ocupe lugar en los noticieros. Es una mirada que tiene que ver con lo cultural, no solamente socioeconómica, en la que el centro es Buenos Aires. Hubo un solo intento de modificar eso cuando el gobierno del doctor Raúl Alfonsín intentó trasladar la capital. Pero este es un país unitario y cabeza de Goliat. Es muy difícil que se pueda revertir.


—¿Cuál es tu mirada de Rosario desde Buenos Aires, aunque sabemos que venís seguido por acá?


—Me cuido bastante de hacer análisis apresurados de lo que pasa en Rosario y en Santa Fe porque no estoy en el día a día y desarrollo mi trabajo periodístico en Buenos Aires desde hace ya 16 o 17 años. Lo que veo es lo que recibo de familiares y amigos: una enorme preocupación por el tema inseguridad, sobre todo con lo que ha pasado respecto del narcotráfico. A veces nos olvidamos que se llegó a matar gente en la calle a través de sicarios, que hubo un atentado a la casa del gobernador. Es decir, pasaron cosas tremendas. De todos modos, no sé si es tan distinto de lo que pasa en algunos barrios de la ciudad de Buenos Aires, donde no se puede ingresar sin el aval de los narcos o lo que pasa en el Gran Buenos Aires. Lo que sucede es que la pelea de bandas con participación de la policía en Rosario fue muy impactante. Por otra parte, la situación social es compleja, es una ciudad grande que recibe inmigración, que tiene un cordón de villas importantes y paradójicamente es una ciudad pujante, que cualquier visitante que va se queda encantado, con un movimiento cultural tremendo, con un boom económico vinculado a los agronegocios importante. Es una ciudad con esas tremendas paradojas. El gran desafío, a mi modo de ver, es tratar de acortar esa brecha entre los que no tienen nada y los que tienen demasiado



—¿Cómo percibís que desde Rosario se responde a esa mirada porteña?


—Rosario es una ciudad de la que su gente se siente orgullosa. Creo que este concepto lo puedo extender a Santa Fe. El arte, la cultura, el fútbol son señales de identidad muy fuertes. Es una provincia que genera mucha riqueza, a pesar de sus bolsones de pobreza, y además una enorme riqueza cultural. Es una provincia muy intensa en ese sentido. El cruce entre cultura y fútbol nos hace diferentes. No sé si muchas provincias pueden ofrecer esto: actores y actrices, directores de cine, escritores, pintores, músicos y deportistas, hacen que nos la creamos un poco aunque después nos moleste esa mirada que viene de afuera a juzgarnos.



—¿Cómo acomodás en tu rutina el hecho ser un periodista que convive con la coyuntura, junto con el escritor, el poeta y hasta el artista que se sube al escenario?

 
—No tengo ninguna contradicción con eso. Soy escritor y periodista. Soy poeta antes de imaginarme periodista. Ya escribía poesía a los 15 o 16 años y nunca dejé de hacerlo. Más tarde, pasé a la literatura, dirigí revistas literarias y recién después pude descubrir el periodismo y dedicarme a eso. Luego de trabajar en una imprenta, en una metalúrgica, en un banco, levantarme a las cinco de la mañana para ir a la radio me parece una maravilla. Además está muy cerca la literatura del periodismo. Son dos bestias que copulan y tienen hijos a veces maravillosos y otras veces monstruosos. No lo vivo con ninguna contradicción. Soy la misma persona, tengo esa amplitud de necesidades y tengo claro que cuando hago periodismo el compromiso es con la verdad de los hechos, no se puede imaginar, no se puede inventar. Y cuando produzco literatura, el compromiso es con el lector con la imaginación, vale todo, en especial en las novelas. Justo ahora estoy terminando mi tercera novela. Por su parte, la poesía va conmigo, así que no me hace ningún ruido eso. Y el hecho de hacer algo en el escenario tampoco, porque estoy haciendo de mí. No hago representación de nada. Leo mis textos en un espectáculo con Sandra Corizzo, hace muchos años ya lo había hecho con Myriam Cubelos. Es algo que me acompaña desde muy chico, que tomé del folclore  y de mi padre. Me quedó ese tip de mirar y decir: “Que bueno, la palabra vale tanto como la música”, escuchaba a Jaime Dávalos, a Hamlet Lima Quintana, a Armando Tejada Gómez. Todo eso me marcó. Me subo al escenario cuando puedo o cuando algún músico me invita.


—¿Cómo viste este año y medio de Central, otra vez protagonista, y qué te parece la gestión de Coudet?


 —Lo viví como la mayoría de los hinchas de Central, con optimismo. El gran mérito de Chacho es haber armado un equipo ofensivo, que respetaba la pelota, que atacaba. Yo tengo la convicción, que sirve para el fútbol pero también para la vida, de que cuando jugás bien te puede ir mal o bien pero cuando jugás mal siempre te va mal. Entonces, siempre prefiero que mi equipo juegue bien y creo que eso es lo que hizo este equipo. Ahora, jugó bien y nos fue mal: no consiguió ningún resultado, ningún título. La verdad que es una pena porque lo merecía el equipo, lo merecía Coudet y lo merecía también la hinchada. El fútbol es profundamente injusto, no se mueve por merecimientos. De todos modos, a mi me gusta que Central juegue bien y ataque, porque creo que ese es el camino. Pensar de esa manera es lo que te permite, cuando mantenés los proyectos, a la larga, que se den los resultados. Cuando vos plantás un equipo que se cuelga del travesaño no podés aspirar a un campeonato. Se te puede dar igual porque a veces el futbol es ilógico, pero el camino es el emprendido por Central en este último proceso. Por suerte Chacho sigue, me parece que hay que darle continuidad a esa idea. Te da ganas de ir a la cancha cuando tu equipo juega así. No es lo mismo ir cuando el equipo juega mal aunque gane. Yo creo en eso, que las cosas salen bien cuando vos hacés todo para que salgan bien.

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Domingo 19 de Febrero de 2017
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